El fútbol es de esas pocas cosas que sirven para perseguir ávidamente alguna quimera, fundir en síntesis la pasión volando más allá de lo real, con la mente preclara de los genios y la sublime virtud de esa magna gestualidad del alma de soñar con el corazón, que esos tipos ahí, van a levantar la Copa en Qatar como héroes, creando verdad y belleza.
Otro partido más con la mejor excusa para abrazarnos y darnos esos besos de fútbol que este amor siente y late mejor más que nunca. Hasta el domingo, todos estaremos pensando lo mismo, que eso tiene que pasar, que esa copa sagrada, que este sueño sediento en el desierto qatarí va a saldar su cuota pendiente con el fútbol.
Qué más sumar de lo que vimos en la semifinal. Una goleada seria, con ilustres testimonios de un equipo que está a “punto caramelo”, con Messi en cada acción dejándonos su ópera prima. Llegamos al séptimo partido, al último día: “...solo dios sabe que es el séptimo día...”.
Como siempre, el tiempo enaltecerá con mejor perspectiva todo lo que está sucediendo. Cuando todo parece estar escrito y puede que suceda todo eso que no queremos decir para que no se frustre, para no quemar ese deseo indomable: que el heredero de aquel dios pagano, el rey “Leo”, corone su dicha, porque así, solo así, quedará indiscutiblemente consagrada la belleza como todo lo que está bien en este mundo, el mismo mundo, que lo quiere ver sentado en su trono con el premio mayor.
No hay más deudas que saldar. Ya es hora que los créditos pagados con las finales perdidas se recuperen con lo que debe ocurrir. Como en cada encarada de Julián Álvarez, en cada pase de Enzo Fernández, cual lanceros de las tropas del reino, las que juegan con la seriedad de la inconciencia infantil, cuya felicidad despierta en ese mismo instante cuando una pelota, en este país, es más que el primer regalo, es un postigo cultural.
El domingo sabremos, finalmente, si el campeón seguirá siendo el mismo o el reino del fútbol aplaudirá que la Copa estará al fin en las manos de su rey, cómo a veces, las cosas vuelven a su lugar.
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