lunes 18 de enero de 2021
Ambiente | Pesca | Bajante | Paraná

La pesca en el Paraná, un desmanejo histórico que desemboca en crisis recurrentes

Las protestas de pescadores por la veda decretada desde un juzgado rosarino revivió el debate sobre la sustentabilidad del modelo pesquero fluvial

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Los cortes de ruta en muchos puntos de la provincia a manos de pescadores que reclaman trabajo o subsidios del Estado tras la veda a la pesca decretada desde un juzgado rosarino renueva un problema antiguo con varias aristas: la enorme informalidad de un sector clave en toda la costa santafesina, las fuertes asimetrías entre los diferentes eslabones de la cadena (frigoríficos que venden en dólares pero compran sus piezas en pesos) y la exasperante falta de respuestas coordinadas y planificadas por parte del Estado, que siempre corre de atrás y nunca logra anticiparse a las situaciones problemáticas.

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Este año arranca con un escenario de máxima tensión socioambiental: año y medio de bajante extrema del Paraná y sequía tensionan la sustentabilidad del recurso pesquero, afectado en sus ciclos reproductivos por la falta de agua en el río, que generó la desaparición de lagunas y riachos internos. A esto se sumó la pandemia y la crisis económica, que presiona aún más al muy informal sector de la pesca artesanal, muy dependiente de las ventas a los frigoríficos y con poca o nula espalda financiera para aguantar semanas o meses sin poder trabajar.

En este marco, desde el pasado 30 de diciembre y hasta el 31 de marzo rige una veda para la pesca deportiva y comercial dictada por la Justicia de Rosario, lo que desató las protestas de los pescadores y renovó el debate sobre la pesquería fluvial en general.

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Bajante y estado del recurso

¿Qué significa la pesca en contexto de bajante? Según explicó Lisandro Arelovich, docente de Antropología Económica de la UNR y coordinador del área de soberanía Alimentaria del Taller Ecologista, existen diferencias entre los pescadores a la hora de hacer su trabajo cuando el agua es escasa.

“El pescador que pesca en lagunas y riachos pesca mucho menos con bajante, ese esfuerzo de pesca le deja muy poco, mientras que el que pesca en el canal saca más de lo habitual con el mismo esfuerzo ya que los peces se concentran en el cauce con menor espacio para esconderse o esquivar las redes. Ahí hay una primera gran diferencia entre los pescadores”, dijo el investigador.

Otro punto a atender es el estado del recurso y sus ciclos reproductivos. “Los biólogos explican que las crecientes y las bajantes son los pulsos naturales del río. En este caso, más que la cota lo que llama la atención es la duración” explicó, para agregar que si bien no hay riesgo de extinción de ninguna especie “si pueden reducirse las poblaciones”. “Hay algunas especies más afectadas y hay variabilidad según los años. Aún así, los propios biólogos mantienen muchas preguntas todavía sobre este tema”.

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Otra época, otro río

Uno de los elementos que aumenta la incertidumbre de los científicos o la imposibilidad de tener datos sistematizados es la transformación sufrida por el río en las últimas décadas. “Es difícil o imposible comparar esta bajante con la de 1971 porque el Paraná de hoy es muy diferente al de hace 50 años por múltiples factores que incluyen dragado, represas, turismo y otros. Nosotros hablamos del Paraná del siglo XXI, que no se puede comparar con el del siglo anterior, hoy el río tiene otras condiciones y eso aumenta aún más la incertidumbre en torno a su estudio” dijo Arelovich.

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“No puede depender del pescador que se planifique esto, menos todavía en un contexto de recesión económica y en un sector muy informal como la pesca. Muchos pescadores tienen pluriempleo y la pesca aún en contexto de bajante es una estrategia de alguien inserto en la economía popular para salir adelante” graficó.

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Veda y subsidios

A la hora de asignar subsidios es necesario tener un padrón actualizado y “limpio” de quienes pueden postularse para eso. Según Arelovich, desde la sanción de la ley provincial de pesca se mejoraron los listados de los pescadores para la asignación de recursos, aunque aún hoy persisten dificultades operativas para eso.

“Se sabe mejor que antes quienes reciben las ayudas, eso está mejor aceitado. Pero nunca es fácil bajar recursos, hay mucha heterogeneidad entre los pescadores, por ejemplo algunos son medieros o peones y no son dueños ni de las redes ni de los barcos, todo eso dificulta aún más la ayuda financiera”.

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Además, es un sector muy informal con diferentes grados de organización y representación. “Algunos grupos más organizados pidieron una veda al principio de la bajante y no fueron escuchados. Eso termina en un juez que hace algo desprolijo que más que una solución ambiental genera una mayor conflictividad social”.

La imposición de vedas parciales “también es complejo”, ya que los ciclos de trabajo de los pescadores comerciales no se rigen por la semana clásica que va de lunes a viernes, ya que tiene que ver con otras cuestiones como los contextos familiares, el pluriempleo y el clima.

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Cadena de valor y actores comerciales

Un tema recurrente cuando se habla de sustentabilidad del recurso pesquero fluvial es la exportación, que depende de los frigoríficos asentados a ambas orillas del Paraná. ¿Cómo y quién controla a esos actores de la cadena? “No hay ni puertos de fiscalización ni balanzas, todo es dudoso, por eso algunas de las reivindicaciones de los pescadores son los puertos y un precio sostén que permite que el kilo de pescado se pague igual en todos lados”, aportó el docente, para quien el escenario actual “impulsa a la venta rápida al frigorífico”.

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Arelovich también destacó la importancia de que la pesca comercial de pequeña y mediana escala sea entendida como una actividad esencial al tratarse de proveedores de alimentos “sanos, seguros y soberanos”. “En un contexto como el actual prioricemos al pescador comercial por sobre el deportivo porque unos son esenciales y otros no”, dijo.

También es clave avanzar hacia la profesionalización del sector para salir del eterno círculo de pobreza y exclusión en el que están la enorme mayoría de los pescadores. “Deben tener muelles aptos, trajes de pesca y la infraestructura que falta, que es casi toda”, concluyó.

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