No hay planeta B y los jóvenes del mundo lo saben. Conscientes de la urgencia de revertir una crisis climática que da cada vez más muestras de su gravedad, miles de personas, con los estudiantes a la cabeza, marchan este viernes 24 de septiembre en diferentes ciudades del mundo para pedir a los gobiernos acciones urgentes para reducir de forma drástica las emisiones de gases contaminantes generadas por el transporte, la industria y el agro.
En Argentina hubo acción en varios puntos: en Buenos Aires, a través de una marcha frente al Congreso, y en la región Litoral con movilizaciones en Rosario (en la Plaza San Martín, frente a la sede local de Gobernación), en la ciudad de Santa Fe (en la Plaza 25 de Mayo) y en Paraná (Plaza Mansilla). La acción, convocada por Viernes por el Futuro Argentina, está inspirada en el movimiento generado por el entusiasmo de la estudiante sueca Greta Thunberg en 2019, cuando comenzó en solitario a pedir que los tomadores de decisión “hicieran algo” ante la escalada del calentamiento global.
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“Tras este año y medio tan extraño, la crisis climática es más urgente, no ha desaparecido con la pandemia”, dijo esta semana Greta Thunberg en una rueda de prensa virtual junto a activistas de Juventud por el Clima de todos los continentes, a modo de preparación para la gran huelga del 24S.
Modelo en crisis
La crisis climática, cuya expresión más conocida es el calentamiento global, está provocada por el modelo de desarrollo adoptado por la Humanidad tras la revolución industrial, que desacopló los ritmos de producción y de consumo de la capacidad natural de la Tierra de regenerar sus recursos. Está comprobado de manera científica que la combustión de gas, petróleo y carbón tienen una gran responsabilidad, así como el sistema de producción de alimentos a gran escala.
Según detalla el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC), es muy posible que en apenas 20 años la temperatura promedio aumente unos 1,5 grados centígrados, lo que entierra los compromisos del Acuerdo de Paris (2015), en el cual la enorme mayoría de los países del mundo se comprometió a evitar que esto ocurra. Sin cambios de fondo parece poco probable que, incluso, se logre evitar un calentamiento que ronde los 2 grados para fin de siglo.
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Este escenario, que es actual y global significa un aumento del nivel del mar, el derretimiento de los glaciares, la acidificación de los mares, más inundaciones por lluvias más intensas, temporadas de incendios más frecuentes y prolongadas y una acelerada pérdida de la biodiversidad.
Contra lo que algunos esperaban o anunciaron, la pandemia no ralentizó el avance del calentamiento global ni disminuyó de forma estructural las emisiones contaminantes. Por el contrario, la concentración de gases de efecto invernadero creció durante la primera mitad de 2021 y las emisiones de dióxido de carbono, y metano volvieron con rapidez a los niveles récord de 2019, según la Agencia Meteorológica Mundial.
El papel de Argentina
¿Qué parte de responsabilidad le cabe a Argentina en este escenario global? El país genera menos del 1% de las emisiones globales, pero eso no es poco. Significa estar en el puesto 21 a nivel mundial, y si bien el gobierno se comprometió a alcanzar las “cero emisiones netas” en 2050, eso todavía no está planificado ni estipulado de forma oficial.
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Si se observa de cerca la foto de las emisiones contaminantes argentinas, o lo que se llama el inventario de gases de efecto invernadero, vemos lo siguiente: según los datos oficiales, el 53% de las emisiones provienen de la matriz energética, el 37% de la agricultura y la ganadería y otros usos de la tierra, el 6% de los procesos industriales y el 4% de la generación y manejo de los residuos.





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