“Donde hay una crisis hay una oportunidad”. Muchas veces esta frase, que el imaginario popular atribuye a algún sabio chino, no funciona en la vida real, pero en el caso de la bajante extraordinaria del Paraná parece que si, al menos en parte. La falta de agua en los dos últimos años en la cuenca del gran río sudamericano dejó al descubierto amplísimos sectores de islas, playas y lecho habitualmente inaccesibles. Esto “abrió una ventana” inédita a investigadores de distintas ramas académicas que pudieron observar, por primera vez en más de medio siglo, las entrañas del Paraná, ahora con técnicas y herramientas de la ciencia moderna.
Al mismo tiempo, esta situación extraordinaria también dejó a la vista todo lo que no se pudo o quiso hacer para estudiar de mejor manera algo histórico: primero por las restricciones impuestas por la pandemia, que impidieron durante muchos meses el desarrollo de investigaciones científicas. Luego, por falta de voluntad o capacidad de planificación y de sistematización para analizar desde una perspectiva científica hechos poco frecuentes, como las liberaciones de volúmenes de agua muy importantes por parte de las represas para subir el caudal del río.
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El punto de vista de la hidrología
Para el geólogo e hidrólogo de la UNL, Carlos Ramonell, la bajante del Paraná es “absolutamente” una oportunidad científica inédita, ya que han quedado manifestaciones del terreno expuestas “que en los últimos 50 años no se habían visto nunca. Hay toda una generación de observadores e investigadores del río que pudieron ver con sus propios ojos por primera vez lo que otros investigadores, poquísimos en ese momento, observaron hacia mediados del siglo pasado sin las mismas herramientas ni el conocimiento ni los paradigmas de hoy”.
Sólo por eso la bajante es una oportunidad científica inédita: permite ver por primera vez en el marco de la ciencia moderna y las capacidades tecnológicas actualidad “cosas que estaban bajo el agua y se pueden observar, muestrear y analizar con técnicas complejas”.
El manejo del río, bajo la lupa
Existen además otras facetas relacionadas con el manejo del río en situación de bajante extraordinaria donde la Academia participa o debería participar: “El manejo técnico de un río tiene una base académica que debería tomarse en cuenta, sobre todo en este humedal que es el más extenso y productivo del país”, dijo Ramonell.
Una de esas facetas es la de la navegabilidad y el dragado asociado, algo que muchos sectores plantearon como una necesidad urgente en el caso del Paraná: “Aparecieron un montón de voces que pedían dragar más por los bajos niveles sin tener en cuenta que esto repercute en una pérdida de conectividad para los ambientes insulares. No hay dudas que hay un efecto”, explicó el experto.
Otra de las condiciones de manejo está asociada a la liberación de agua de las presas como se hizo en cuatro oportunidades, una este año y tres en 2020, con el objetivo de favorecer el pasaje de los trenes de barcazas paraguayas en el tramo inferior a Yacyretá. En relación a eso Ramonell marcó que “no hubo monitoreos ya que ningún grupo de investigación estuvo en el momento de esas liberaciones de volúmenes de agua importantes de las presas de forma sucesivas, algo que no es inocuo”.
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“Hay cuestiones que deberían estudiarse ya que las aguas de las presas contienen una cantidad de materia orgánica y bacterias que tienen una repercusión inmediata aguas abajo sobre la calidad del agua apenas se liberan las compuertas. Es un efecto que no pudo ser monitoreado a pesar de que desde la Academia algunas voces lo reclamamos”, dijo el investigador, quien también lamentó que no se autorizaran salidas a campo controladas durante buena parte de 2020 por las restricciones de la pandemia: “perdimos una oportunidad”, dijo Ramonell, para quien la bajante, que todavía persiste, representa una oportunidad no del todo aprovechada durante estos dos últimos años “excepto por las voluntades particulares de investigadores que nos dedicamos a estudiar el río”.
Arqueólogos en acción
Gabriel Cocco es arqueólogo y coordina el Museo Etnográfico y Colonial Juan de Garay de Santa Fe, desde donde hace varios años vienen trabajando en la zona de la laguna Setúbal y otras lagunas ubicadas hacia el norte de la ciudad. “Aprovechando la bajante pudimos prospectar, que significa hacer un recorrido en busca de sitios arqueológicos y localizarlos, lo que es la primera parte del trabajo de campo. Luego, a partir de allí, se evalúa dónde hay que excavar según las características del lugar” explicó el especialista.
Cocco agregó que ya venían haciendo un trabajo en varios sitios y que la bajante, al dejar amplios territorios accesibles al no haber agua, permitió prospectar otros sitios superficiales donde se encontraron materiales como piezas de cerámica y vestigios de cazadores y recolectores que vivieron en la zona en un período que va desde 2.000 años atrás, hasta el período colonial.
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“Ya hicimos varias recorridas y las seguimos haciendo, en el Museo estamos trabajando con un bioarqueólogo y un arqueólogo de La Plata con quienes estamos investigando en conjunto. Estuvimos con el equipo del Etnográfico prospectando en la zona de la laguna El Capón, recorriendo sitios que se habían trabajado y viendo materiales con nuevos hallazgos”, detalló.
Para el experto, la pronunciada y prolongada retirada de las aguas marrones del Paraná permitió tener un panorama más amplio de los sitios arqueológicos: “Abrió una ventana nueva”, sintetizó. “En algunos sitios vimos lugares que antes eran inaccesibles. Hay que pensar que nosotros también necesitamos conocer cómo era el paisaje en el pasado y por eso trabajamos con hidrólogos, porque nos interesa saber cómo era el paisaje hace mil o dos mil años. La bajante nos permite estudiar un poco más esto”, agregó.
Al bajar el agua, aparece ese material superficial que ayuda a identificar nuevos sitios que en general no se ven. “Excavamos en los sitios mejor preservados y menos modificados por la actividad humana. Tomamos muestras de restos óseos de humanos o fauna que nos ayudan a hacer las dataciones y hacer determinar la antigüedad de cada sitio” subrayó Cocco.




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