menu
search
Jorgelina Hiba | Paraná | Ley de humedales | Congreso de la Nación

La agenda ambiental copó las calles y el Congreso durante 2022

La Ley de Humedales, la sequía, la bajante y las quemas ocuparon buena parte del debate público sobre el ambiente. La provincia de Santa Fe padece las consecuencias de los fenómenos climáticos.

En las calles, en los medios, en el Congreso de la Nación y en las redes sociales, la agenda ambiental marcó el presente este año en la opinión pública regional quizá más que nunca antes, apalancada más que nada por la severa crisis socioambiental que combinó sequía, bajante extrema del Paraná y quemas en el valle y el Delta del río. Con científicos alertando sobre los altos niveles de incertidumbre y variabilidad que genera el cambio climático e impactos cercanos y en tiempo real de lo que eso significa -como el hecho que el río tuvo su estiaje más prolongado desde que hay registros, en 1884-, la agenda socioambiental santafesina de este año giró en torno a la falta de agua y al fuego.

Marcha en el puente Rosario Victoria por los humedales 2.jpeg
Como nunca antes, la sociedad se movilizó en Argentina para reclamar por leyes vinculadas con el ambiente.

Como nunca antes, la sociedad se movilizó en Argentina para reclamar por leyes vinculadas con el ambiente.

A nivel nacional, el debate legislativo en torno a la posibilidad de contar con una Ley de Humedales, las causantes y las consecuencias de la sequía que azota a la región núcleo del país y el 15 aniversario de la sanción de la Ley de Bosques enmarcaron la conversación pública sobre lo ambiental, que en Argentina casi siempre aparece ligado al debate abierto sobre las formas posibles del desarrollo, sus límites y el cuidado de la naturaleza.

Finalmente, a nivel global la gran cumbre del clima realizada hace pocas semanas en Egipto dejó claroscuros, con algunos avances para enfrentar los efectos del calentamiento del planeta, pero también con la sensación que el trabajo que se hace para mitigar y adaptarse es demasiado lento y demasiado escaso, aún.

Humedales: con licencia social, pero sin ley

Como nunca antes, la sociedad argentina discutió, se informó y presionó para que el Congreso nacional avance con el tratamiento de una ley de presupuestos mínimos para el cuidado de los humedales, el último gran ecosistema que aún no cuenta con un corpus normativo que lo proteja. Una saga larguísima de idas y vueltas legislativas, presiones de gobernadores, lobby de sectores económicos y manifestaciones sociales terminó con dos proyectos definidos en la Cámara de Diputados: uno por la oposición (más permisivo con las presiones de los actores económicos), y otro más fiel al texto original presentado por las organizaciones, pero con poco apoyo en el arco del oficialismo.

Mientras que el dictamen de Juntos por el Cambio llegó a 53 firmas, el oficialista quedó en 47. Al margen de estos números, el tema quedó estancado y no fue tratado en el recinto, con escasísimas chances que eso ocurra en el futuro cercano. El año próximo, con elecciones en todos los niveles, deja poco espacio para se renueve ese debate legislativo.

15 años de la Ley de Bosques

En 2022 se cumplieron 15 años de la sanción de la Ley de Bosques, un quiebre en la política ambiental de Argentina, ya que ayudó a visibilizar la importancia de cuidar los ecosistemas y permitió subir varios peldaños en la apreciación de los temas ambientales por parte de la opinión pública, como ocurrió en los últimos tiempos con el debate por los humedales. Según la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) “ninguna otra ley ambiental ha tenido un despliegue comparable en todas las provincias, con el fortalecimiento de los organismos encargados de aplicarla, la formación de una comunidad de diálogo académica, política y social en torno a sus desafíos, y recursos destinados anualmente a su cumplimiento”.

Chaco Desmonte
El desmonte descontrolado sigue extendiéndose en gran parte de la Argentina.

El desmonte descontrolado sigue extendiéndose en gran parte de la Argentina.

Aun así, la ley no logró eliminar la deforestación del país: desde su aprobación hasta 2021, la Dirección Nacional de Bosques registró una deforestación de 4.260.511 hectáreas en todo el país, de la cual el 83 por ciento ocurrió en las cuatro provincias del Gran Chaco argentino (Chaco, Formosa, Salta y Santiago del Estero). El desmonte está originado en la expansión de la frontera agropecuaria, aunque los incendios han hecho su parte en los tres últimos años, sobre todo.

Si bien la Ley de Bosques estipula que debe destinarse a su cumplimiento el 0,3 por ciento del presupuesto nacional, esa cifra no se cumplió nunca. Este año ni siquiera llegó al 0,01 por ciento del presupuesto nacional.

Delta del Paraná: bajante y quemas

A nivel regional, el paisaje costero santafesino estuvo marcado desde agosto de 2019 hasta hace muy poco tiempo por una prolongadísima bajante del Paraná que afectó a todas las provincias del Litoral argentino. Si se toma en cuenta la escala de medición del puerto rosarino (la más antigua del sistema), se puede concluir que una situación como la actual no ocurrió nunca al menos desde 1884, cuando comenzaron a tomarse registros de forma sistematizada.

La merma en el caudal del río afectó tanto al ambiente como a los usos humanos del río. Las poblaciones de peces vieron afectados sus ciclos reproductivos ya que se secó buena parte del valle de inundación, donde estas especies se refugian, alimentan, reproducen y crecen. También produjo inconvenientes en el riego de cultivos (como pasó con el arroz en el norte de Santa Fe) y tensionó al máximo la captación de agua dulce para su potabilización.

incendios en el Delta del Parana Especial Aire de Santa Fe (6).jpeg
Los incendios arrasaron las islas del Paraná durante todo 2022.

Los incendios arrasaron las islas del Paraná durante todo 2022.

Además, potenció el problema de los incendios en las islas y los de contaminación del agua, ya que se redujo la capacidad del río de dilución de los afluentes crudos o industriales.

Las quemas, intencionales en el 95% de los casos según el gobierno nacional, dejaron una superficie afectada de cerca de un millón de hectáreas en el período 2020/2022, sobre un total del Delta de 2,3 millones de hectáreas.

Una sequía extrema

Tres años consecutivos de fenómenos de la Niña dejaron una situación de sequía en la zona central del país pocas veces vista: según proyecciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, en este ciclo la cosecha de trigo caerá un 50% y la siembre de soja y maíz viene con importantes demoras por falta de agua en los perfiles del suelo. Según esa entidad, la cosecha total de trigo será de unos 11,5 millones de toneladas, 300 mil toneladas menos que en noviembre pasado.

Según el Banco Mundial, los fenómenos extremos como las inundaciones y las sequías (que el cambio climático potencia y multiplica) generan pérdidas anuales promedio de 1.000 millones -para las inundaciones- en Argentina, una cifra que podría aumentar un 125% a fin de siglo debido al cambio climático. Por la sequía, en tanto, se podría resignar hasta 5 puntos del PBI hasta 2050, según ese organismo, que ha advertido que eso significa impactos en la economía y en la salud.

Una cumbre global con sabor a poco

La cumbre climática organizada este año en Egipto por Naciones Unidas dejó novedades con gusto a poco. El resultado más importante fue la creación de un fondo para ayudar a los países más vulnerables a hacer frente a los desastres climáticos, un reclamo histórico reconocido tras muchos años de negociaciones. Aun así, el debate por el financiamiento todavía no avanzó y sigue entrampado entre las demandas de los países del sur y la maleable voluntad de las grandes potencias, algo peligroso ya que, si no se reducen de forma drástica las emisiones contaminantes, se espera que en las dos próximas décadas el planeta superar los 1,5 grados de temperatura promedio respecto a niveles pre industriales.

“Estamos en un contexto internacional donde comunidades enteras necesitan el apoyo urgente de la comunidad internacional y de un financiamiento apropiado por parte de las grandes economías para que aquellos países en vías de desarrollo, los más vulnerables al cambio climático, puedan llevar adelante las transiciones necesarias y hacer frente a las nuevas condiciones ambientales”, destacaron desde la FARN.