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Política Alberto Fernández | Mauricio Macri | Congreso de la Nación

Fernández comienza a dar señales de su plan y Macri quiere ser el líder de la oposición

El presidente electo se acercó a México y quiere conformar un polo progresista en la región. Con la frase "hay gato para rato", Macri condensa su intención de encabezar las filas opositoras.

El presidente electo Alberto Fernández y el actual jefe de Estado, Mauricio Macri, dieron en las últimas horas las primeras pistas claras, inequívocas, del plan que tienen en mente para después del 10 de diciembre. Fernández pretende exhibirse como la contracara perfecta de Macri, aunque sin recaer en el extremismo kirchnerista. Macri, por su parte, buscará erigirse como el referente indiscutido de la oposición al peronismo, con ambiciones de competir dentro de dos años por una banca en el Congreso.

Fernández, con la mente puesta en su futura gestión de gobierno, anticipó en Méjico –adonde viajó para entrevistarse con el presidente Andrés Manuel López Obrador- que revisará dos de los pilares del gobierno macrista, la política exterior y la política tarifaria “dolarizada”. Lo único que mantendrá vigente, obligado por la volatilidad cambiaria y la desconfianza de los mercados, es el “súper cepo” que impuso el Banco Central después de las elecciones.

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“El 10 de diciembre no es una fecha mágica”, respondió Fernández a los periodistas argentinos en México, y culpó de estas restricciones cambiarias a Macri y a su política económica que, a su juicio, facilitaron el drenaje de reservas del Banco Central. En materia de política exterior, Fernández dejó también en claro su preferencia por México (país al que la actual gestión relegó a un segundo plano) en detrimento de Brasil y su polémico presidente Jair Bolsonaro, aliado de Macri. El presidente electo argentino se propone reconstruir un polo progresista en América Latina, pero con un tono moderado y pragmático que lo mantenga cerca de Estados Unidos y lejos del ya descompuesto eje bolivariano que exaltan los kirchneristas más fervorosos.

Mientras Fernández se entrevistaba con López Obrador en Méjico, en Buenos Aires Macri fue el protagonista excluyente de la última reunión de gabinete ampliado de su gestión. Allí, sobre el escenario del Centro Cultural Néstor Kirchner y ante un auditorio colmado de funcionarios, legisladores y dirigentes de la coalición Cambiemos, ratificó su vocación de liderar la futura oposición al gobierno peronista. Su próximo paso será, posiblemente, competir por una banca de diputado nacional en 2021 por la Capital Federal.

“Desde 2003 que están diciendo que me voy de la política, pero aquí estoy y seguiré estando, porque hay ‘gato’ para rato”, exclamó el ahora Presidente, envalentonado por el 40% de los votos que Juntos por el Cambio cosechó, contra todos los pronósticos, en las últimas elecciones presidenciales.

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Ayer rivales electorales, Macri y Fernández serán, a partir de diciembre, dos rivales políticos que, paradójicamente, harán de la confrontación una necesidad estratégica para su validar sus títulos dentro de sus respectivas coaliciones. La arena de esa confrontación será el Congreso y, particularmente, la Cámara de Diputados, donde el Frente de Todos no tiene mayoría y deberá negociar con Juntos por el Cambio, primera minoría en el cuerpo, la sanción de sus leyes. Macri ya le hizo saber a Cristian Ritondo, a quien bendijo como futuro presidente del bloque de diputados de Pro, que pretende seguir al detalle la agenda parlamentaria y los temas que allí se discutan. No quiere quedar afuera de las grandes discusiones, señal inequívoca de su vocación de liderar la oposición. No tendrá el camino allanado: desde el radicalismo, el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, su socio más crítico en Juntos por el Cambio –con ambiciones presidenciales en 2023- le envió públicamente una advertencia.

“No habrá un liderazgo único en la oposición, va a ser más horizontal”, enfatizó Cornejo quien, a partir del 10 de diciembre, aterrizará como diputado nacional en la Cámara baja. “El 40% fue una derrota digna, pero fue una derrota”, insistió.

Cornejo no estará solo en su pulseada con Macri. El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, también tiene ambiciones presidenciales y la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, si bien cayó derrotada frente a Axel Kicillof, hará valer su ascendencia sobre poco más de 60 intendentes bonaerenses y la mayoría de Juntos por el Cambio en el Senado provincial para plantarse como una referente indiscutida del principal distrito del país.

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Fernández también siente el acecho del "fuego amigo". Cristina Kirchner pretende hacerse dueña del Senado con Oscar Parrilli y Anabel Fernández Sagasti, dos talibanes kirchneristas, en sendos cargos clave, la presidencia provisional del cuerpo y la jefatura del interbloque del Frente de Todos, respectivamente.

Los gobernadores peronistas braman ante semejante avanzada. Pero no sólo el kirchnerismo se atreve a marcarle la cancha al presidente electo: desde los movimientos sociales, Juan Grabois también le envía mensajes de advertencia a Fernández. "En la Argentina hay mecha corta, no hay margen para nuevas decepciones", avisó. Traducido en términos bíblicos el mensaje de Grabois, un exégeta del Papa Francisco, fue claro: a los tibios, los vomita Dios.

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