Oratorio Morante es un paraje de apenas 70 habitantes ubicado en el extremo sudeste de la provincia de Santa Fe, a muy poca distancia del Arroyo del Medio que señala el límite con la provincia de Buenos Aires. Hoy es un poblado tranquilo, alejado del ruido de las grandes ciudades, pero no fue siempre así.
A lo largo del siglo XIX, Oratorio Morante fue el epicentro de la incipiente vida política de nuestro país: allí acamparon San Martín y Belgrano con sus ejércitos, en la época de las guerras de la Independencia; allí combatió el Brigadier López y muy cerca, cruzando el Arroyo del Medio, ya en territorio bonaerense, fue fusilado el gobernador santafesino Domingo Cullen por orden de Juan Manuel de Rosas.
En el taco de la bota santafesina, Oratorio Morante y las comunas de Rueda y Godoy –ubicadas al oeste y al noroeste– forman el triángulo imaginario donde tuvo lugar, en 1861, la Batalla de Pavón: un combate clave que marcó el final del proyecto federal y consolidó el modelo centralista de la ciudad de Buenos Aires, vigente aún en nuestros días.
Hoy, Oratorio Morante es un pequeño caserío en el corazón de la pampa húmeda, construido en torno a una capilla del siglo XVIII, donde predomina la actividad agropecuaria y cooperativista. Allí, muchos de sus habitantes piensan que la peculiar historia de la zona merece ser conocida y se han lanzado a rescatar los episodios del pasado para valorizar el lugar.
En el taco de la bota
A Oratorio Morante se llega desde la autopista Rosario-Buenos Aires, ingresando por la ruta 90 a la altura de Villa Constitución. A poco de transitar ese camino, el paisaje cambia abruptamente: quedan atrás las chimeneas de las fábricas del Gran Rosario y se empiezan a imponer las típicas imágenes de la vasta llanura santafesina.
Por la ruta 90, a 15 kilómetros de la autopista, hay un cruce de caminos: hacia el sur se ubica Oratorio Morante; al norte, las comunas de Godoy y Rueda. Los amplios sembradíos solo se ven interrumpidas por algunos galpones y plantas de acopio de cereales. Los caminos internos son de ripio mejorado y casi no hay tránsito.
Trenes de carga irrumpen en el paisaje casi vacío: en paralelo a la ruta 90, recorren las vías que conectan los pueblos del interior profundo con los puertos del sur provincial. Los productores trabajan organizados en cooperativas, una tradición que lleva más de un siglo en el Litoral argentino.
Maíz, soja, trigo, arvejas y lentejas son los cultivos principales en esa región del sur santafesino. Los campos de cereales y legumbres alternan con establecimientos dedicados a la producción ganadera y ovina.
La tranquilidad de la zona contrasta con la febril actividad que se desarrolla a solo 30 kilómetros de allí, en las ciudades del Cordón Industrial y en el complejo portuario desde donde se exporta la mayor parte de la producción nacional.
Dos siglos atrás, ese bucólico paisaje de la llanura santafesina fue testigo privilegiado de hechos que marcaron para siempre el destino de nuestro país.
El origen de la capilla y la Virgen de los Remedios
Una de las particularidades del lugar es que formaba parte del viejo Camino Real que unía el puerto de Buenos Aires con el Alto Perú, durante los tiempos la colonia. Hoy la traza de los caminos es otra, pero en el siglo XIX ese territorio –que hoy forma parte del departamento Constitución – era un paso obligado para los viajeros que se dirigían a Buenos Aires y, en sentido inverso, para quienes recorrían el trayecto desde el Río de la Plata hacia el noroeste.
En épocas de la colonia, la elección de las autoridades locales estaba a cargo del Cabildo santafesino. En 1779, Juan de Pereda y Morante fue designado como alcalde de Villa del Rosario, tal como se llamaba el lugar en aquella época. Su jurisdicción se extendía desde Arroyo del Medio hasta el río Carcarañá.
La esposa del alcalde, Antonia del Pozo y Ximenez, mandó a construir una capilla, en cercanías al casco de la estancia donde vivían, dedicada a Nuestra Señora de los Remedios. Le puso como nombre el apellido materno de su esposo: una costumbre de la época. La pequeña capilla fue refaccionada en 1826, en 1862 –después de la Batalla de Pavón– y en 1902. Todavía conserva sus rasgos originales, típicos de la arquitectura española de la época de la colonia. En el Oratorio Morante, cada 8 de septiembre se celebra a la Virgen de los Remedios, santa patrona del pueblo.
San Martín, Belgrano y el camino de la liberación
Por su ubicación geográfica, Oratorio Morante fue testigo de hechos decisivos para la formación de nuestra Nación. Fue campo de batalla, pero también zona de refugio para los ejércitos de la Independencia.
Poco después de la Revolución de Mayo, en febrero de 1812, Manuel Belgrano se detuvo allí junto a su ejército para rezarle a la Virgen de los Remedios, antes de dirigirse a lo que hoy es la ciudad de Rosario, donde se izó por primera vez la bandera nacional en las barranas del río Paraná.
Un año después, en febrero de 1813, José de San Martín y sus granaderos repitieron aquella tradición: se detuvieron en Oratorio Morante para rezarle a la Virgen de los Remedios antes del combate de San Lorenzo.
Una década más tarde, en septiembre de 1822, el Brigadier Estanislao López –gobernador de la provincia de Santa Fe– derrotó una insurrección liderada por Rafael Hortiguera en los campos aledaños a la capilla.
El fusilamiento del gobernador Cullen
Las largas décadas de guerra civil entre unitarios y federales dejaron cientos de historias en nuestra región. Una de ellas tuvo como protagonista a Domingo Cullen, el gobernador que sucedió a Estanislao López tras la muerte del caudillo en 1838.
Las versiones en torno a Cullen difieren y los historiadores, aun hoy, no se ponen de acuerdo. La más difundida indica que Cullen, desoyendo las órdenes de López, intentó traicionar al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, en medio del conflicto por el bloqueo de la flota francesa en el Río de la Plata.
Derrocado por Juan Pablo López, el hermano de Estanislao, Domingo Cullen huyó primero a Córdoba y después a Santiago del Estero, en busca de refugio. Después de un largo entredicho con Rosas, el caudillo santiagueño Juan Felipe Ibarra capturó a Cullen y lo mandó hacia Buenos Aires. En el camino, pasó su última noche en la zona de Oratorio Morante. Al día siguiente, apenas cruzó el Arroyo del Medio, Cullen fue fusilado por orden de Rosas en la Posta de Vergara, a solo dos kilómetros del límite entre Buenos Aires y Santa Fe.
Al ex gobernador lo fusilaron debajo de un ombú que ahora lleva el nombre de “Ombú de Cullen”. La escuela primaria de Oratorio Morante se llama Domingo Cullen.
La Batalla de Pavón: un antes y un después
El período que va desde 1810 a 1880, dominado por la disputa entre unitarios y federales, tiene como hecho decisivo la Batalla de Pavón. Tuvo lugar el 16 de septiembre de 1861. Se enfrentaron el Ejército de Buenos Aires, al mando de Bartolomé Mitre, y el Ejército Federal comandado por Justo José de Urquiza.
El combate se desarrolló en la zona que hoy ocupan los pueblos de Godoy, Rueda y Oratorio Morante: al norte del Arroyo del Medio y al sur del Arroyo Pavón. El Ejército de Mitre acampó junto a la capilla en vísperas a la batalla. La comandancia de los unitarios estuvo dispuesta en lo que hoy se conoce como Estancia Los Naranjos, cerca de la comuna de Rueda.
Los historiadores calculan que el Ejército porteño estaba conformado por 22 mil soldados, mientras que las tropas de Urquiza sumaban alrededor de 17 mil hombres. El combate fue breve y murieron alrededor de 1.500 soldados: 1.300 federales y 200 unitarios.
El triunfo de Mitre y la retirada de Urquiza representan el punto de partida del proceso de organización nacional que se consolidaría hacia 1880. Significó el fin de la Confederación Argentina y la incorporación de Buenos Aires como miembro dominante del país, algo que se mantiene inalterable al día de hoy.
El cementerio y el “camposanto”
Junto a la capilla de Morante se construyó un cementerio en el que fueron sepultados muchos de los soldados caídos en Pavón, de uno y otro bando. Un puñado de cruces de hierro forjado, sin nombres ni otras identificaciones, resisten al paso del tiempo como símbolo y memoria del sangriento sigo XIX.
El cementerio es pequeño y está cercado por un muro cuadrado de ladrillos blanqueados a la cal, de aproximadamente 30 metros por lado. Aunque los soldados fueron enterrados en fosa común, lo cierto es que el cementerio solo alberga unas pocas decenas de muertos. Los demás fueron enterrados en otras fosas, hoy perdidas bajo los campos donde crecen la soja y el maíz.
¿Dónde están esas tumbas anónimas? Por aquí y por allá, nadie lo sabe con precisión. En la zona, todos están convencidos de que esas tierras, regadas de sangre argentina, fueron el destino final de cientos de combatientes. “Todo esto es camposanto”, cuenta una vecina de Oratorio Morante mientras señala con su mano la vastedad de la llanura santafesina.
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