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El camino del vino en Santa Fe, una experiencia que inunda de sensaciones los sentidos

En una tierra en donde abundan los cultivos tradicionales, un grupo de personas se animó a desafiar lo impensado y hoy dejan la mayor parte de su tiempo y esfuerzo en sus viñedos. La actividad que nació más como un hobby, se consolida y contagia entre los que buscan desarrollar el enoturismo y cultivar sus lazos de mano de la actividad.

En la localidad de Carreras, al sur de Santa Fe, un grupo de productores se animó a hacerle frente a las tradiciones agropecuarias y creó su propio viñedo. Viñas El Ñato es un emprendimiento que arrancó como un hobby y hoy no solo se consolida como una actividad rentable sino también como un punto turístico que forma parte del camino del vino en la provincia.

En menos de diez años, diferentes apasionados y amantes del vino apostaron a desafiar todos los pronósticos y comenzaron a cultivar y producir sus propias bebidas en Santa Fe, un terreno hasta hace poco impensado para esta producción, que de a poco y con mucho trabajo suma adeptos.

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En la mayoría de los casos se trata de personas que intentan desempolvar una tradición que se vio sepultada antes de comenzar y a su vez desterrar la falsa creencia de que no es posible cultivar vino en tierras santafesinas.

La mañana otoñal es ideal para reflejar la actividad que se desarrolla en un lote ubicado a metros de la ruta provincial 90 y a 2.000 metros del ingreso de la localidad de Carreras, donde se encuentra Viñas El Ñato.

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La singularidad es total en todos los detalles que se observan en El Ñato, uno de los que más sobresale es el formato en que se plantaron las vides. Tomando como punto de partida una creencia ancestral y energética, están instaladas en una pirámide hacia el norte del predio y en círculos en el sur.

La singularidad es total en todos los detalles que se observan en El Ñato, uno de los que más sobresale es el formato en que se plantaron las vides. Tomando como punto de partida una creencia ancestral y energética, están instaladas en una pirámide hacia el norte del predio y en círculos en el sur.

En una zona en donde abundan campos sembrados de soja, trigo y maíz un pequeño terreno cercado con un grupo de coníferas, se asoman tímidamente las diferentes variedades de vid. Las hojas de las ancellotas, chardonnay y cabernet posan para que los extraños que las observan por primera vez las contemplen. Ya sin uvas, esperan completar el ciclo para que los racimos puedan brindar la bebida que muchos emplean como excusa para mantener un encuentro o animar un festejo: el vino.

La frescura del ambiente se potencia con el constante resoplar del viento, y a medida que transcurren los minutos los rayos del sol acarician las hojas de las plantas. La singularidad es total en todos los detalles que se observan en El Ñato, uno de los que más sobresale es el formato en que se plantaron las vides.

Tomando como punto de partida una creencia ancestral y energética, están instaladas en una pirámide hacia el norte del predio y en círculos en el sur. El fluir de la energía está en los círculos, mientras que las pirámides se ejecutaron en base a las coordenadas 51-51-14 buscando el norte magnético.

La finca cuenta con un total de 800 plantas de distintas variedades que este año dejaron un total de cuatrocientos litros de vino. El viñedo nace de la odisea de los hermanos Recupero, ambos ingenieros agrónomos y oriundos de Carreras, que comenzaron a transitar los gajes de la viniviticultura casi obligados. Fue su amigo Ariel Angelini, un reconocido enólogo santafesino, que en el 2016 y contra todos los pronósticos los obligó a plantar las vides.

Fue así que un grupo de amigos, brújula mediante, comenzó con la tarea de trazar una pirámide y círculos perfectos en el terreno. A pesar de lo disparatado de la idea, los amigos se encomendaron a la labor y lograron el objetivo. Una vez que terminaron la tarea, llovieron 150 milímetros. Sin embargo, no se perdió ninguna planta.

"Primero fue una cuestión de compromiso, después fue el desafío de hacer vino, y hoy es una pasión", sintetiza Gustavo Recupero en diálogo con AIRE.

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La plantación utiliza el método de conducción española que se llama gobelet o conducción vertical, por esto la distancia entre planta y planta es mínima.

La plantación utiliza el método de conducción española que se llama gobelet o conducción vertical, por esto la distancia entre planta y planta es mínima.

Los placeres magnifican los sentidos y esto es lo que provoca la actividad en estos apasionados, que hoy disfrutan en igual grado cuidar la uva, podar las vides como consumir el producto final entre amigos o familia.

"A mí nunca se me ocurrió que Santa Fe podría llegar a tener producción de vino... y mirá que tomo vino. Pero llegué a pensar que en una provincia donde la producción esencial es la soja, el maíz, el trigo, el ganado, era difícil. Pero se puede, sin duda. Tenés que tener un loco como Ariel también, que te obligue prácticamente", detalló Recupero sobre la actividad que hoy ocupa gran parte de su tiempo, el de su hermano y del grupo de amigos que se presta a colaborar en las diferentes etapas de la cosecha asado de por medio.

Desde el arranque, los Recupero trabajaron bajo el concepto de un vino de terruño. "Un producto ni feo, ni lindo, ni malo. Vamos a hacer un vino de Carreras que empezó como un compromiso con Ariel y después se convirtió en un desafío", detalló el ingeniero agrónomo devenido en productor vinícola.

La producción

Las hileras de chardonnay, junto a las diferentes variedades de cabernet y la ancellota se ubican una al lado de la otra, la distancia es exactamente la misma entre aquellas que se plantaron dentro del triángulo como de la circunferencia.

La plantación utiliza el método de conducción española que se llama gobelet o conducción vertical, por esto la distancia entre planta y planta es mínima. Además, facilita que las vides reciban la luz solar a lo largo de todo el día.

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La producción del vino demanda un año, en este caso se realiza con elementos básicos y que los hermanos lograron recolectar en gran parte por la empatía de la gente de Carreras que llegaron a donar botellones de hasta 25 litros que se usan para depositar el brebaje.

La producción del vino demanda un año, en este caso se realiza con elementos básicos y que los hermanos lograron recolectar en gran parte por la empatía de la gente de Carreras que llegaron a donar botellones de hasta 25 litros que se usan para depositar el brebaje.

El proceso de producción demanda un año desde que se lleva a cabo la vendimia (extracción de la uva) al consumo del producto. Con elementos básicos y que los hermanos lograron recolectar en gran parte por la empatía de la gente de Carreras, la elaboración se hace de manera artesanal y en base a los parámetros requeridos para que la bebida sea apta para el consumo. El sabor es el factor fundamental al momento de decidir si se comparte o no una variedad.

La fermentación se realiza en barriles de 200 litros, y puede tardar una semana, dos, diez días, quince días, esto dependerá del grado de azúcar que tenga y la cantidad de levadura que tenga la planta.

La segunda etapa es la maloláctica y se hace en damajuanas. "Conseguimos damajuanas, porque la gente con esto del viñedo empezó a tener empatía, se les colocan aireadores en los corchos. “Cada vez que se trasvasa, cada 20 y 30 días, se trasvasa para que decante. No tenemos filtro, hasta acá no tenemos nada, esto es manual”, enumera Gustavo. Constantemente se miden los valores de PH con un refractor que colabora a determinar el nivel de acidez de la bebida.

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La producción de El Ñato descansa en una habitación a la espera de ser descorchada por los amigos.

La producción de El Ñato descansa en una habitación a la espera de ser descorchada por los amigos.

El proceso se completa en un año y es uno de los momentos más esperado por los Recupero y sus amigos que se reúnen para celebrar copa de por medio.

Finca Don Esteban, un paraíso a pasos del centro de Rosario

En la localidad de Soldini, a tan solo 16 kilómetros de Rosario, los descendientes de Esteban Caserza decidieron desempolvar la tradición familiar y retomar la actividad entre vides de malbec, tannat, tempranillo y chardonnay. El camino de ingreso a la Finca Don Esteban es ancho y está coronado por un gran arco que señala el ingreso. A la derecha se puede observar un gran terreno, y al mirar a la izquierda se lucen las diferentes variedades que hace menos de quince días cargaban con uvas de diversos colores y tamaños.

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En Soldini las vides se ubican a una distancia de tres metros para facilitar el desarrollo de las plantas.

En Soldini las vides se ubican a una distancia de tres metros para facilitar el desarrollo de las plantas.

La finca cuenta con espacio suficiente para que los visitantes que llegan al lugar se ubiquen en el lugar del predio que prefieran. En otoño, el sol pega en todo el terreno a lo largo de todo el día. Los más curiosos pueden recorrer el predio, aquellos que prefieran remolonear en el sol pueden instalarse con su sillón entre las plantas de vides.

Soldini fue fundada a principios de 1.900, y las familias que llegaban lo hacían de la mano de sus tradiciones vitivinícolas. La actividad llegó a los terrenos ubicados en la Finca Don Esteban, sin embargo en la década del 30 una ley prohibió elaborar vino fuera de la región de Cuyo, un aspecto que relegó la posibilidad de producir la bebida en el litoral del país.

Casi un siglo más tarde, los descendientes de Caserza decidieron poner manos a la obra y desempolvar parte de la historia para revivir los procesos que forjaron la identidad de la familia. Bajo el concepto del enoturismo, desde el 2018 Milva Colombo Caserza, su marido Mariano Borzani, su socio Claudio Gómez Porporato y Valeria unieron sus fuerzas para promover la producción que año a año mejora y crece.

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De a poco, el concepto de enoturismo se comienza a instalar en el sur de Santa Fe.

De a poco, el concepto de enoturismo se comienza a instalar en el sur de Santa Fe.

La producción se lleva a cabo en un predio construido en el siglo XX, donde los detalles de esa época se palpan en los detalles y la simplicidad del paisaje. En el fondo, una plantación de palmeras termina de darle el color al escenario ideal para disfrutar de una jornada en la que no pueden faltar la comida, la música y el vino.

Las 900 plantas se pueden apreciar en el frente del predio, donde los vecinos rodearon el terreno con alfalfa, los carteles indican la variedad de las vides que se ubican bajo el sistema de espaldero. Este tipo de conducción facilita que las plantas reciban el sol desde el este hacia el oeste y así se exponen a la luz todo el día. La separación de tres metros entre las hileras facilita el desarrollo y crecimiento de las vides en un terreno que hasta el día de hoy se adapta a la nueva variedad de cosecha.

El terreno amplio se presta para que los visitantes puedan instalarse a disfrutar de unos mates o una copa de vino mientras disfrutan de un paseo entre las plantas de vides.

En la finca predomina la uva de origen italiano, ancelotta, el tempranillo es otra variedad que toma fuerza en los cultivos seguido por el malbec. No puede faltar el chardonnay, que es la única uva blanca, vitivinífera, merlot y tannat. Los resultados de las primeras vides se pudieron plasmar en el 2021: en ese primer intento solo lograron sacar 50 botellas que se consumieron entre los familiares. En la cosecha de 2022, la producción trepó a 300 unidades que se comercializaron. "De a poco, la idea en un futuro es potenciar la producción. Es un proceso lento que lo hacemos muy a pulmón", relata Gómez Porporato.

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La labor da sus frutos cuando el paladar constata que en cada cosecha el producto mejora.

La labor da sus frutos cuando el paladar constata que en cada cosecha el producto mejora.

Tiempo, inversión y dedicación son palabras claves para estos aventureros que dedican la mayor parte de sus recursos a la finca donde la labor diaria se intensifica en relación a la época del año. “Desde la primavera que empieza la brotación de la planta hasta que caen las hojas en el invierno, es una constante, tenemos que estar todos los días”, cuenta Borzani.

La labor da sus frutos cuando el paladar constata que en cada cosecha el producto mejora. Así lo aseguran estos amigos que trabajan para alcanzar el sueño de consolidar su viñedo y fomentar la actividad en tierras dominadas por los granos y la actividad ganadera. Las fincas y viñedos santafesinos se convierten en espacios en los que la buena compañía, el sol otoñal y una buena charla van a estar sellados por la presencia de un buen vino.

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