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Uso de drones en el agro: ventajas y desafíos de una tecnología que crece sin regulación

En Argentina, los drones ganan terreno en el agro, pero su uso en aplicaciones fitosanitarias aún carece de un marco regulatorio claro.

El uso de drones en el agro argentino avanza a paso firme, especialmente en tareas de aplicación de productos fitosanitarios. Esta tecnología, que ya es común en países como Brasil, Uruguay y China, ofrece múltiples ventajas frente a los métodos tradicionales, pero aún enfrenta importantes desafíos, sobre todo en el plano normativo.

La digitalización de la agricultura incluye cada vez más el uso de vehículos aéreos no tripulados para controlar malezas, insectos y enfermedades. Aunque su estructura es similar a la de equipos terrestres o aviones pulverizadores —baterías, bombas, tanques y boquillas—, las variables que determinan la calidad de la aplicación deben ser reguladas con precisión: altura de vuelo, velocidad y dirección de trabajo, ancho de labor y tamaño de gota a aplicar, lo que definirá el caudal o volumen/ha.

Estas regulaciones se configuran al programar el trabajo, y posteriormente el sistema operativo del dron se encarga de realizarlas automáticamente durante la operación.

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Ventajas de los drones en el agro: mejor precisión en el uso de fitosanitarios

Los drones agrícolas destacan por su versatilidad y capacidad para operar en condiciones donde otros equipos no pueden hacerlo. Entre los principales beneficios se encuentran:

  • Acceso a terrenos difíciles: zonas anegadas, con cultivos altos o topografía compleja, entre otros.
  • Mayor precisión: permiten aplicaciones localizadas y sectorizadas.
  • Menor impacto en el cultivo: no dejan huellas ni compactan el suelo.
  • Más seguridad: el operador se mantiene alejado del producto químico.
  • Amplio rango de velocidad y altura: se adapta a diferentes requerimientos de trabajo.
  • Menor impacto ambiental: al operar con volúmenes más precisos, minimizan el uso excesivo de productos. Además, operan con baterías, sin combustibles fósiles.
  • Menores costos operativos: requieren menos mantenimiento y tienen un menor costo inicial.
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Los expertos destacan la necesidad de contar con una normativa específica para el uso de drones en el agro, por lo que se espera que se avance pronto con dicha regulación.

Los expertos destacan la necesidad de contar con una normativa específica para el uso de drones en el agro, por lo que se espera que se avance pronto con dicha regulación.

Las limitaciones de los drones aplicadores

Pese a sus beneficios, los drones presentan limitaciones importantes:

  • Tamaño de gota reducido: para optimizar el uso del caldo durante la aplicación aérea, es necesario reducir el tamaño de las gotas, aunque esto incrementa el riesgo de deriva. Por ello es fundamental tener en cuenta las condiciones ambientales, la velocidad y la dirección del viento.
  • Falta de sistema de agitado: esto complica el empleo de formulaciones más complejas, como suspensiones concentradas, polvos mojables, gránulos dispersables o mezclas con varios activos. Estas aplicaciones requieren apoyo logístico, con tanques donde se puedan preparar y evaluar las mezclas.
  • Autonomía limitada: la autonomía del drone depende de sus baterías, lo que implica recargas frecuentes y logística extra. En promedio, cubren entre 3 y 4 hectáreas por vuelo.
  • Baja capacidad de carga: los modelos más grandes alcanzan los 40 a 50 litros, pero rara vez se llenan por completo, ya que esto reduce la duración de la batería.
  • Restricciones operativas: estos equipos no permiten usar mezclas con muchos activos, sobre todo herbicidas. Tampoco admiten dosis altas en litros por hectárea ni grandes volúmenes, lo que limita su capacidad operativa.

Estas desventajas se acentúan en el uso de herbicidas, que exigen mayores volúmenes de aplicación y mezclas específicas para lograr un control eficaz.

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La situación actual en el país

En 2023, Argentina importó cerca de 90 drones agrícolas, cifra que subió a 600 para agosto de 2024. Para este año, se proyectan más de 2.000 unidades en operación, números que reflejan un fuerte crecimiento en el interés y adopción de esta tecnología.

Aunque los drones tienen gran potencial y un mercado en crecimiento en nuestro país, su adopción depende de regulaciones que avanzan lentamente y de un sistema de control aún ausente, lo que dificulta medir su impacto real. Aun así, su uso continúa en aumento, debido a que, lejos de reemplazar a otras tecnologías, los drones las complementan.

¿Qué dice la legislación en Argentina?

En julio de 2024, el gobierno nacional actualizó el marco legal para drones mediante el decreto 663/2024, adaptándolo a las reformas del Código Aeronáutico y a estándares internacionales.

Para prestar servicios con cualquier tipo con drones, las empresas deben registrarse como operadoras comerciales ante la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y, los pilotos, estar habilitados según la categoría de peso de su equipo (en general, corresponden a clase D).

Sin embargo, en Argentina aún no se permite aplicar plaguicidas convencionales con drones, ya que SENASA no ha establecido una regulación específica. El organismo trabaja en conjunto con las empresas de fitosanitarios para habilitar su uso a través de ensayos controlados.

Los expertos destacan la necesidad de contar con una normativa específica, dada la creciente adopción de esta tecnología en el país, por lo que se espera que se avance pronto con dicha regulación.