A lo largo de su historia, el INTA desarrolló más de 970 variedades vegetales registradas en el INASE. Estos avances incluyen cereales, oleaginosas, frutales y cultivos con valor agregado, como algodón de fibra extralarga y avena sin gluten. Estas innovaciones han mejorado la productividad y diversificado la oferta de alimentos del país.
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El INTA se ha destacado por investigaciones genéticas, como el mapa nacional de la chicharrita del maíz, clave para controlar esta plaga que afecta cultivos. También logró avances como la secuenciación del genoma de insectos y el desarrollo de semillas más resistentes. Estas herramientas refuerzan la sostenibilidad y eficiencia agrícola.
El instituto ha sido pionero en crear herramientas como la vacuna contra la Leucosis bovina y test rápidos para diagnosticar enfermedades. Gracias a la colaboración público-privada, productos como la vacuna Vedevax Block para la diarrea bovina ahora tienen alcance internacional, promoviendo la calidad y seguridad alimentaria.
En un contexto de discusión por el llamado “plan de modernización” propuesto por el gobierno, voces internas del INTA advierten sobre un posible ajuste que podría limitar sus capacidades. Esto genera incertidumbre sobre el futuro del organismo y su rol en la transferencia tecnológica para el campo argentino.
A pesar de los desafíos, el INTA mantiene su misión de ser el motor de la innovación agropecuaria. Con alianzas estratégicas y el desarrollo de tecnologías avanzadas, el instituto se proyecta como un pilar fundamental para enfrentar los retos del siglo XXI en el sector agroindustrial.