Vestida de un gris que se pierde en el azul y oro que invade la visión, una mujer custodia las velas del costado del santuario espontáneo que se formó en la puerta de Brandsen al 900 de La Bombonera, el lugar que Diego Armando Maradona amó. “Vamos a extrañar que vengas a tu casa, a tu templo”, dice uno de los carteles pegado en la pared del edificio que de vez en cuando late. Mientras tanto, los nenes vestidos con sus camisetas de Boca rodean inquietos el santuario, con ganas de tocar todo.
“Nosotros nos merecíamos despedirlo”, grita una mujer al micrófono. Mientras otra explica detenidamente que “a un presidente le dieron dos días de velorio y a Diego, que es un héroe, no”. Enseguida aclara: “Pero bueno, es la decisión de Claudia y yo la respeto”.
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En esa esquina del estadio se formó el lugar de culto para el astro argentino. Durante dos días se concentraron en la zona hinchas que no tuvieron la posibilidad de ir a la Casa Rosada y que necesitaban buscar una forma de despedirse de su ídolo.
Entre las opciones para el velatorio de Maradona, estuvo La Bombonera. Sin embargo, Claudia Villafañe explicó que la voluntad del ídolo siempre fue que lo velaran en la Casa Rosada. “Pero ella puso límites”, sostiene la mujer de las velas. El límite fueron 10 horas en las que no muchos de lo que deseaban pudieron despedirse.
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La Boca no se podía quedar sin su homenaje al ídolo. Si en Casa Rosada la despedida no fue suficiente, entonces en la Bombonera será más larga. Durará días, quizás meses o años. ¿Será eterna? El santuario se armó en una de las puertas que, si bien no se trata del ingreso masivo de hinchas, cuando se permite el ingreso de público, tiene uso.
Sin embargo, habrá que ser valiente para correr de ese lugar la entrega de amor a "El Diego", para sacar los carteles, las camisetas, los rosarios, las botellas llenas y vacías, un chal rojo pasión, la foto de una familia, el pedido de trabajo como el que se le ruega a un santo, o la imagen de Diego besando la copa.
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