"Si nosotros salvamos una vida, es un montón": el mensaje del hombre que perdió a su esposa en la tragedia de Ecos

A dos décadas del siniestro vial que terminó con la vida de nueve estudiantes y una docente sobre la Ruta Nacional 11, Diego Molina habló sobre Mariana, su esposa en aquel momento, el largo camino judicial y la tarea que comenzó junto a otros familiares para transformar el dolor en conciencia vial.

Ecos Nota Molina

El 8 de octubre de 2006, un viaje solidario de estudiantes del colegio Ecos terminó en una tragedia en el kilómetro 689 de la Ruta Nacional 11, en jurisdicción del departamento Vera. El micro en el que viajaban chocó contra un camión. Murieron nueve estudiantes, una docente y los dos ocupantes del otro vehículo.

Entre las víctimas estaba Mariana, la esposa de Diego Molina. Veinte años después, aquella noche permanece como una herida íntima, pero también como el punto de partida de una lucha que continúa.

“En mi caso era Mariana, la docente, era mi esposa en ese momento”, recordó Molina en diálogo con Ahora Vengo.

El recuerdo de aquel día comienza con un llamado telefónico, la necesidad urgente de conseguir información y un viaje hacia Margarita. “Llamado por teléfono, ir a la escuela, tratar de sacar información y cuando tuve la mínima información empezar a viajar hacia Margarita”, relató.

La tragedia también dio paso a un largo proceso judicial. Molina explicó que, en un comienzo, las familias no podían presentarse como querellantes porque era el Estado el que llevaba adelante esa función. Según recordó, la causa estuvo frenada en distintas oportunidades y llegó a estar cerca de la prescripción.

Finalmente, después de años de recursos e instancias judiciales, hubo una condena contra el conductor del micro. Para Molina, sin embargo, el tiempo transcurrido dejó una marca: “Una justicia que llega tarde, no es justicia”.

Convertir el dolor en una decisión

Después de la tragedia, los familiares tuvieron que encontrar una manera de seguir adelante. Para Molina, había dos caminos posibles. “Me parece que acá hay dos decisiones a tomar. O la vida te pasa por arriba o te levantás y seguís”, afirmó.

Junto a otros familiares, eligieron levantarse y hacer algo con lo ocurrido. Así nació Conduciendo a Conciencia, una organización integrada por familiares, padres y amigos de las víctimas de la tragedia de Ecos.

La organización comenzó a trabajar en distintos frentes: educación vial, políticas públicas, charlas en escuelas y empresas y acciones solidarias. También acompaña a dos escuelas del norte del país.

“Decidimos hacer algo con esto”, explicó Molina. El objetivo fue sostener también la pata solidaria que había marcado el viaje de Mariana y los estudiantes, pero trasladándola a otros espacios.

Actualmente, Conduciendo a Conciencia realiza charlas destinadas a estudiantes que están próximos a obtener su licencia de conducir y a conductores profesionales. “Generando conciencia de lo importante que es estar detrás de un volante y darle valor a la vida de uno, la propia y la de aquella persona que no conocemos”, sostuvo.

“Si nosotros salvamos una vida es un montón”

A 20 años de la tragedia, Molina entiende que todavía queda mucho por hacer en materia de seguridad vial.

Para analizar los cambios producidos durante estas dos décadas, planteó dos maneras de mirar la realidad. Una es cuantitativa, a partir de la cantidad de víctimas fatales y personas heridas en siniestros viales. Y, desde esa perspectiva, consideró que los números todavía no son buenos.

La otra forma de medir el impacto es desde cada vida que puede salvarse.

Después de la tragedia, los familiares tuvieron que encontrar una manera de seguir adelante.

Después de la tragedia, los familiares tuvieron que encontrar una manera de seguir adelante.

“Si nosotros salvamos una vida es un montón”, sostuvo. Para Molina, ponerle nombre y apellido a quienes circulan por las calles y rutas permite comprender que detrás de cada persona hay una familia, un hijo, una madre, un padre o un amigo.

Por eso, este año eligieron una consigna vinculada a una canción: “ser semilla”. La idea, explicó, es seguir germinando conciencia y lograr un efecto multiplicador.

“Esto tiene que tener un efecto multiplicador porque nos cuidamos entre todos”, afirmó.

El reclamo por las rutas y el transporte

La seguridad vial, para Molina, no depende solamente de las conductas individuales. También requiere controles, infraestructura y políticas públicas. E ese sentido, cuestionó el estado de los micros de larga distancia y de las rutas nacionales. Mencionó especialmente la situación que observa al transitar la AO12 y la Ruta Nacional 9.

También señaló dificultades en los organismos encargados de controlar el transporte y sostuvo que la falta de mantenimiento y fiscalización genera un escenario de riesgo.

Pero el reclamo no se limita a las condiciones de las rutas. Molina considera que todavía falta un cambio cultural profundo. “Es mucho más largo de lo que nosotros pensábamos”, dijo sobre el proceso de darle verdadero valor a la vida al momento de conducir.

En ese sentido, observó que todavía existen situaciones cotidianas de incumplimiento de las normas de seguridad, como pasajeros que viajan sin cinturón en los asientos traseros.

También reclamó políticas públicas que contemplen las particularidades de cada ciudad y cada pueblo del país. “Cuando todo eso no está, cuesta mucho darle valor a la vida”, expresó.

Una memoria que permanece en la intimidad

La tragedia también construyó un vínculo entre quienes atravesaron la misma pérdida. Los familiares que integran Conduciendo a Conciencia mantienen contacto permanente y, con los años, ese vínculo se transformó en una amistad.

Pero hay una parte de la historia que decidieron preservar. Molina explicó que los recuerdos vinculados al dolor, al duelo y a los momentos más especiales relacionados con los chicos y Mariana permanecen en un espacio íntimo.

La tragedia también construyó un vínculo entre quienes atravesaron la misma pérdida.

La tragedia también construyó un vínculo entre quienes atravesaron la misma pérdida.

“Siempre han quedado en un lugar muy íntimo, muy guardado, muy cuidado para no exponerlo, porque tiene que ver con nosotros, con otra historia, con nuestra historia y lo cuidamos así”, expresó.

Veinte años después, Ecos sigue presente en esa memoria. También en las rutas, en las escuelas y en cada charla donde familiares y amigos intentan que aquella tragedia no vuelva a repetirse.

El 8 de octubre quedó además establecido como el Día Nacional del Estudiante Solidario, una fecha que mantiene vivo el espíritu del viaje que realizaban aquellos jóvenes.

Para Molina, la lucha continúa con una premisa sencilla y profunda: transformar el recuerdo en conciencia y hacer que el dolor pueda servir para cuidar la vida de otros.

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