Sharenting: qué es, por qué hay que conocer sus riesgos y dónde poner límites al compartir fotos de los hijos
La práctica consiste en publicar de manera habitual imágenes y datos de niños y adolescentes en redes sociales. Un especialista de la UNL advierte que esa exposición puede generar una huella digital que los menores no eligieron y plantea la necesidad de que las familias revisen qué comparten y acuerden límites.
El sharenting consiste en publicar de manera habitual imágenes y datos de niños y adolescentes en redes sociales.
Compartir una foto del primer día de clases, un cumpleaños, unas vacaciones o un momento cotidiano de los hijos puede parecer una acción inofensiva. Sin embargo, cuando esa exposición se vuelve habitual y alcanza a niños y adolescentes que todavía no pueden decidir sobre su propia identidad digital, aparece un fenómeno conocido como sharenting.
Te podría interesar
El término surge de la combinación de las palabras inglesas share —compartir— y parenting —crianza— y refiere a la difusión de imágenes y datos privados de los menores por parte de padres, madres o familiares en el entorno digital. El abogado, docente e investigador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral, Patricio Longo, analizó el fenómeno en el programa Ahora Vengo y advirtió sobre sus posibles consecuencias.
“Antes, la fotografía quedaba preservada en el ámbito familiar y hoy es compartida en el ecosistema digital y perdemos el control de eso”, explicó Longo.
El problema: una huella digital que los chicos no eligieron
Uno de los principales riesgos señalados por el especialista es la creación de una huella digital heredada y no consentida. Se trata del rastro que una persona va dejando en internet a través de fotografías, videos, publicaciones y otros datos. En el caso de los niños, durante sus primeros años son los adultos quienes toman las decisiones sobre qué información se publica.
Longo explicó que existen estudios que muestran que antes de los cinco años un niño puede tener cientos o incluso más de mil fotografías circulando en internet. En un estudio realizado en Reino Unido en 2016, se contabilizaron unas 1.500 imágenes por menor antes de esa edad.
El especialista aclaró que ese número no fue medido específicamente en Argentina, aunque consideró que el fenómeno también tiene una fuerte presencia en el país debido al alto nivel de utilización de redes sociales.
El problema no termina en la exposición del presente. Esa información puede permanecer durante años y contribuir a construir un perfil digital que el propio niño no decidió crear.
“Esa huella digital es no consentida y, además, es heredada”, sostuvo Longo.
Según explicó, ese rastro podría incluso condicionar oportunidades futuras, por ejemplo, si una institución educativa o un empleador realiza una búsqueda sobre la persona en internet.
¿Dónde está el límite?
Para Longo, una de las claves está en recuperar el diálogo dentro de las familias. El especialista remarcó que el Código Civil y Comercial reconoce una autonomía progresiva de los adolescentes y que, a partir de los 13 años, cobra especial importancia el derecho a ser oído.
“Lo lógico sería que, en función del grado de desarrollo y madurez de estos chicos, los padres puedan de alguna manera congeniar, conversar con ellos”, planteó.
Por eso, antes de publicar una fotografía, propone algo sencillo: preguntarles a los hijos si están de acuerdo.
“Che, ¿te parece bien que pueda compartir esta foto?”, ejemplificó durante la entrevista. La idea no implica que los adultos dejen de compartir momentos familiares, sino que puedan incorporar una mirada diferente: la imagen también pertenece a la esfera de privacidad del niño.
Las imágenes pueden salir del control de la familia
Otro de los puntos señalados por Longo tiene que ver con el funcionamiento de las plataformas digitales. Al aceptar los términos y condiciones de redes sociales como Instagram, TikTok o Facebook, los usuarios entregan determinados derechos sobre los contenidos que publican.
“Desde el momento en que nosotros compartimos algo a través de esa plataforma, deja de ser nuestro y es propiedad de la plataforma”, advirtió el especialista.
De esta manera, una fotografía que originalmente fue publicada para familiares y amigos puede terminar circulando mucho más allá del entorno pensado por quien la compartió.
Grooming, pedofilia y deepfakes: los riesgos de la sobreexposición
La preocupación no está solamente relacionada con la privacidad. Longo señaló que la exposición de imágenes de menores puede abrir la puerta a distintos riesgos, entre ellos el grooming, el uso de imágenes por redes de pedofilia y el bullying. También advirtió sobre un problema que se profundizó con el desarrollo de la inteligencia artificial: los deepfakes.
Actualmente, imágenes cotidianas que ya circulan en internet pueden ser utilizadas para generar imágenes falsas de desnudez mediante inteligencia artificial.
El especialista citó un informe de UNICEF según el cual 1.200.000 chicos fueron perjudicados en el mundo por este tipo de prácticas, y señaló que ya existen casos denunciados incluso en Santa Fe.
También mencionó evidencia registrada en Australia: allí se detectó que la mitad de las imágenes de contenido pedófilo encontradas en redes sociales habían sido publicadas originalmente por los propios padres en sus perfiles.
¿Qué dice la legislación argentina?
En Argentina no existe actualmente una ley específica que sancione el sharenting, aunque sí hay herramientas legales que protegen a los niños y su imagen.
Longo señaló que el marco vigente incluye la Convención sobre los Derechos del Niño, la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes y el Código Civil y Comercial.
Además, existe un proyecto de ley que buscaba incorporar precisiones sobre el uso de la imagen de niños y adolescentes dentro de las normas que regulan las relaciones parentales, pero no avanzó legislativamente.
El especialista también destacó el caso de Francia, donde en 2024 se sancionó una ley específica para abordar el sharenting.
El acuerdo de coparentalidad digital
Ante este escenario, una de las propuestas que comienza a discutirse es la creación de acuerdos de coparentalidad digital. No se trata necesariamente de un contrato, sino de establecer dentro de la familia pautas para decidir cómo se gestionan las imágenes y la información de los hijos en internet.
La propuesta apunta a que padres e hijos puedan conversar sobre qué se publica, qué no y qué límites se establecen.
Para Longo, el desafío principal no pasa solamente por enseñarles a los chicos cómo utilizar la tecnología. También es necesario educar a los adultos.
“Hay que trabajar fuertemente con los adultos”, sostuvo, y señaló que también deben involucrarse las familias, las escuelas, las empresas que administran las redes y los propios niños y adolescentes.






