Por qué es importante la visita del Papa León XIV a Argentina

La llegada de León XIV recupera el legado de Francisco y abre una oportunidad para reflexionar sobre la fragmentación política y social de Argentina.

Robert Prévost, en su rol de cardenal, con el Papa Francisco.

Robert Prévost, en su rol de cardenal, con el Papa Francisco.

A casi cuatro décadas de que Juan Pablo II pisara por última vez el suelo argentino —primero, en la sombra trágica de la Guerra de Malvinas, en 1982, y luego, en abril de 1987, con la democracia recuperada—, la historia vuelve a poner a la Argentina frente a un acontecimiento de dimensión global. Sin embargo, el país que recibirá al papa León XIV es radicalmente distinto. Lejos de aquellas multitudes que buscaban consuelo en medio de la guerra o celebraban la recuperación de las libertades, la llegada del Sumo Pontífice encontrará a una nación atravesada por profundas divisiones políticas, sociales y culturales, en un contexto en el que la violencia y la intolerancia parecen haber ganado terreno.

Un mensaje que trasciende lo religioso: de Italia a Argentina

En este clima de hostilidad cotidiana y de un tejido social cada vez más erosionado, la visita de un líder mundial de esta dimensión trasciende lo puramente religioso. León XIV ha colocado la paz, la justicia y el diálogo entre los ejes centrales de su pontificado. En su primer mensaje desde el balcón de la Basílica de San Pedro, el 8 de mayo de 2025, eligió una expresión que sintetiza buena parte de su propuesta: "Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante". También convocó a construir puentes "con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz".

León XIV en su aterrizaje en Uruguay, el viernes pasado. 

León XIV en su aterrizaje en Uruguay, el viernes pasado.

Su impronta latinoamericana y su estrecho vínculo pastoral con Perú le otorgan, además, una sensibilidad particular frente a las realidades de esta región. Pero resulta imposible dimensionar la importancia de esta visita sin detenerse en la figura de su antecesor. Durante su pontificado, Francisco transformó el lugar de la Iglesia en los grandes debates contemporáneos: acercó el Vaticano a las periferias, puso en el centro de su prédica a los sectores más vulnerables y convirtió la justicia social, el cuidado de los más débiles y la construcción de la paz en ejes permanentes de su mensaje.

Francisco, el Papa argentino que nunca volvió a su tierra

Paradójicamente, aquel hombre que había nacido en Buenos Aires y abrazado a los marginados del mundo nunca regresó a su propia tierra como Papa. Durante años, su ausencia física de la Argentina fue motivo de dolor para muchos y de incesantes reproches políticos para otros. Su decisión de no viajar alimentó interpretaciones de todo tipo, entre ellas, la preocupación por una sociedad en la que la polarización podía convertir su presencia en un motivo de disputa antes que en una oportunidad de encuentro.

Pero la importancia de Francisco para comprender este momento no se limita a su nacionalidad ni a la ausencia de una visita. Su pontificado estuvo atravesado por una preocupación permanente por las divisiones, la indiferencia y la dificultad de construir una fraternidad que superara las diferencias. En Fratelli tutti, su encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, dejó una advertencia que conserva una enorme actualidad: "O nos salvamos todos o no se salva nadie". No era solamente una reflexión religiosa, sino también una definición sobre la responsabilidad colectiva frente a los problemas de la humanidad.

La famosa foto de Jorge Mario Bergoglio (futuro papa Francisco) y Robert Francis Prevost (futuro papa León XIV) fue tomada el 28 de agosto de 2004 en la Parroquia San Agustín (en el barrio de Recoleta, Buenos Aires).

La famosa foto de Jorge Mario Bergoglio (futuro papa Francisco) y Robert Francis Prevost (futuro papa León XIV) fue tomada el 28 de agosto de 2004 en la Parroquia San Agustín (en el barrio de Recoleta, Buenos Aires).

En Evangelii gaudium, otra de sus grandes referencias doctrinarias, Francisco había desarrollado una idea que parece especialmente dirigida a una sociedad como la argentina: "La unidad es superior al conflicto". Sin embargo, lejos de proponer que las diferencias desaparezcan o que los enfrentamientos se oculten, explicó que los conflictos deben asumirse, resolverse y transformarse en una oportunidad para construir algo superador.

También en su mensaje por el Bicentenario de la Independencia Argentina, en julio de 2016, Francisco había puesto el foco en quienes más sufrían las consecuencias de la desigualdad y la exclusión. Allí se refirió a los enfermos, los desocupados, las personas en situación de indigencia, las víctimas de trata y los jóvenes afectados por las adicciones como "los hijos más llagados de la Patria". Una expresión que sintetizaba su mirada sobre la Argentina: el destino de una sociedad no podía pensarse al margen de quienes quedaban en los márgenes.

La cercanía entre Francisco y León XIV

La llegada de León XIV también tiene una particularidad: no se trata de un sucesor que simplemente recibe el legado de Francisco, sino de un hombre que tuvo una relación directa con él y que fue parte de su estructura de gobierno en el Vaticano. Robert Prevost fue nombrado administrador apostólico de Chiclayo por Francisco en 2014. En enero de 2023, el Pontífice argentino lo convocó a Roma para ponerlo al frente del Dicasterio para los Obispos, uno de los organismos centrales de la Santa Sede. Ese mismo año lo creó cardenal.

La relación entre ambos también tuvo una dimensión personal y pastoral. Tras la muerte de Francisco y antes de su elección como Papa, Prevost destacó de su antecesor "la coherencia, la autenticidad, el deseo de vivir el Evangelio" y su cercanía con los pobres y quienes sufren.

La continuidad quedó expresada, además, en el primer mensaje de León XIV como Pontífice. Aquella tarde del 8 de mayo de 2025, antes de desarrollar su propia propuesta de paz y diálogo, recordó a Francisco y agradeció su ministerio. "¡Gracias al Papa Francisco!", expresó ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro. Luego pidió seguir adelante "unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros".

La posibilidad de volver a encontrarse

Esa es, quizás, la verdadera dimensión de este acontecimiento. La importancia de la visita del papa León XIV no radica en la vana esperanza de que su presencia pueda ofrecer soluciones mágicas a la violencia urbana, a la crisis económica o a la fractura institucional. Su valor reside, en cambio, en la posibilidad de generar una pausa. Su llegada puede convertirse en una oportunidad para que un país ensordecido por sus propias disputas vuelva a mirarse, escuche otras voces y se interrogue sobre el modo en que construye su convivencia.

León llegará para interpelar a una sociedad atravesada por las divisiones y proponer el encuentro allí donde muchas veces prevalece la confrontación. No traerá respuestas para todos los problemas argentinos ni podrá resolver las diferencias que la política no consigue saldar. Pero su presencia, cargada también con la memoria de Francisco, puede recuperar una pregunta que parece cada vez más difícil de formular en la vida cotidiana: qué significa reconocernos como parte de una misma comunidad, incluso cuando pensamos distinto.

En medio de tanta fragmentación, quizás el desafío más difícil sea precisamente ese: dejar de mirarnos de reojo para volver a encontrarnos.

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