Los retos virales alcanzan a uno de cada cuatro adolescentes y encienden una alarma por su sobreexposición en redes sociales

Una investigación del Conicet y la Universidad Austral advirtió sobre la creciente participación de adolescentes en desafíos virales en redes sociales. Alertan por la sobreexposición, los riesgos digitales y la falta de acompañamiento adulto.

Una investigación del Conicet y la Universidad Austral advirtió sobre la creciente participación de adolescentes en desafíos virales en redes sociales. 

Una investigación del Conicet y la Universidad Austral advirtió sobre la creciente participación de adolescentes en desafíos virales en redes sociales. 

Uno de cada cuatro adolescentes participó en retos virales durante el último año. El dato surge de una investigación realizada por especialistas del Conicet y la Universidad Austral entre jóvenes de 11 a 17 años, que además detectó una relación entre esta práctica y una mayor exposición a riesgos digitales como el grooming, el ciberbullying y las apuestas online.

En diálogo con el programa Una Tarde a la Vez, el investigador independiente del Conicet y docente de la Universidad Austral, Santiago Resett, explicó que existe un gran desconocimiento sobre qué son realmente los retos virales y por qué representan un problema cuando no hay supervisión de los adultos.

¿Qué son los retos virales y por qué preocupan?

Resett aclaró que un reto viral no implica necesariamente una conducta peligrosa. Puede tratarse de una simple coreografía, un desafío recreativo o cualquier actividad que una persona realiza, graba y publica en redes sociales con el objetivo de conseguir visualizaciones o "me gusta", invitando además a que otros la imiten.

Sin embargo, advirtió que el principal riesgo muchas veces no está en el contenido del desafío, sino en la información personal que los adolescentes exponen al compartir esos videos.

Como ejemplo, mencionó el caso de un estudiante que publica un video usando el uniforme escolar. Aunque el contenido no sea riesgoso, la publicación puede revelar datos sensibles como la institución educativa a la que asiste, facilitando que personas malintencionadas puedan identificarlo.

Uno de cada cuatro adolescentes participó en retos virales durante el último año.

Uno de cada cuatro adolescentes participó en retos virales durante el último año.

La investigación detectó más riesgos asociados

El especialista explicó que el estudio encontró que quienes participan con mayor frecuencia en retos virales también presentan niveles más altos de uso problemático de redes sociales y mayor exposición a situaciones de riesgo.

Entre ellas mencionó el grooming, el ciberbullying, la participación en apuestas online y otras conductas vinculadas al uso excesivo de plataformas digitales.

Además, señaló que muchos adolescentes reconocieron que realizan estos desafíos para no sentirse excluidos de su grupo de pares, ya que priorizan la aceptación social por encima de los posibles riesgos.

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El rol de los adultos frente al uso de las redes

Durante la entrevista, Resett sostuvo que la falta de acompañamiento de los adultos es uno de los principales problemas. Según indicó, muchos padres tampoco son plenamente conscientes de los riesgos que implica la sobreexposición en internet y, además, los adolescentes suelen reproducir los hábitos digitales que observan en sus propias familias.

También advirtió que el uso compulsivo del celular puede generar consecuencias similares a una adicción, aunque sus efectos no sean tan visibles como los provocados por sustancias como el alcohol o el tabaco.

Entre las consecuencias mencionó dificultades cognitivas, menor desarrollo del lenguaje, reducción del vocabulario, menos interacción social y una disminución de actividades fundamentales para el desarrollo, como la escritura manual.

Reclaman políticas públicas y mayor prevención

El investigador consideró que las acciones para abordar estas problemáticas existen, pero son aisladas y carecen de una estrategia integral.

En ese sentido, sostuvo que todavía no hay un diagnóstico profundo sobre el nivel de adicción al celular y otras tecnologías entre niños y adolescentes en Argentina, lo que dificulta la elaboración de políticas públicas de prevención.

Finalmente, insistió en que el objetivo no debe ser demonizar la tecnología, sino promover un uso responsable desde edades tempranas, con reglas claras, acompañamiento familiar y estrategias coordinadas entre las escuelas, el Estado y las familias.

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