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Actualidad Mendoza |

Hallaron muerto en su celda al preso más temido de Mendoza y nadie sabe qué pasó

Estaba aislado, con antecedentes de violencia y enfermedades mentales. Lo encontraron inmóvil en la cama y la autopsia busca determinar la causa real.

El sistema penitenciario de Mendoza atraviesa una ola de incertidumbre tras la sorpresiva muerte de Enrique Hugo Montuelle Masmouk, un recluso de 45 años considerado uno de los más peligrosos de la provincia. Estuvo 22 años preso, fue condenado por múltiples homicidios y su nombre quedó asociado a algunos de los episodios más cruentos dentro de las cárceles. Lo encontraron sin vida este miércoles por la noche en su celda del Complejo Penitenciario N°3 Almafuerte, ubicado en Cacheuta, Luján de Cuyo.

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El preso más temido de Mendoza apareció muerto en su celda: investigan qué pasó

Montuelle estaba alojado bajo un régimen de aislamiento extremo conocido como RIF (Régimen de Intervención Física), una modalidad pensada para preservar la integridad del propio interno y de terceros. Vivía completamente solo, sin contacto con otros presos, y tenía antecedentes de conductas autolesivas y ataques violentos.

La escena fue descubierta durante el recuento de rutina del módulo 5. Eran las 20.05 cuando los agentes del Servicio Penitenciario notaron que no respondía a los llamados. Lo encontraron sentado sobre la cama, inmóvil. Intentaron reanimarlo, pero ya no reaccionaba. Una ambulancia confirmó el fallecimiento minutos después.

Enrique Hugo Montuelle Masmouk apareció muerto en su celda.
 Enrique Hugo Montuelle Masmouk apareció muerto en su celda.

Enrique Hugo Montuelle Masmouk apareció muerto en su celda.

Sin señales de violencia ni suicidio

La Fiscalía de Homicidios de Mendoza descartó en las primeras horas cualquier indicio de agresión externa o participación de terceros. Tampoco hallaron evidencias de un suicidio. Si bien todo apunta a una muerte natural, el Cuerpo Médico Forense se encargará de realizar la necropsia para confirmar la causa definitiva.

Un prontuario marcado por la violencia

Montuelle no era un interno cualquiera. Se convirtió en una figura temida dentro del sistema penitenciario tras su participación en el brutal asesinato y descuartizamiento de otro preso en 2004. La víctima, Sergio Salinas, fue apuñalada más de 70 veces con facas caseras por un grupo de nueve internos, entre ellos Montuelle, tras una intoxicación con alcohol y psicofármacos. El cuerpo fue cortado en ocho partes y escondido en bolsas.

Por ese crimen recibió en 2007 una condena como partícipe primario de homicidio simple. Pero su historial siguió sumando causas: tiempo después le dictaron prisión perpetua por los asesinatos de Diego Ferranti y Gerardo Gómez, líderes del motín vendimial del año 2000. Ambos fueron apuñalados al ser trasladados desde Neuquén a Mendoza para declarar en un juicio.

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Indemnización por maltrato en prisión

Pese a su historial criminal, Montuelle logró en 2018 una indemnización por parte del Estado provincial. Denunció “agravio moral y daños físicos” sufridos durante su encierro en el penal de Boulogne Sur Mer, donde permaneció en condiciones extremas de aislamiento. En 2013, una pelea lo dejó con heridas graves y le tuvieron que amputar el bazo. Desde entonces arrastraba secuelas físicas permanentes.

Los jueces que fallaron a su favor reconocieron que vivió “más de una década en aislamiento, con múltiples episodios de autoagresión y heteroagresión” y padecía “trastornos psicológicos severos”.

La muerte de Montuelle vuelve a poner la lupa sobre el tratamiento de los internos en condiciones extremas, la salud mental en el encierro y la falta de protocolos efectivos para casos de alta peligrosidad.

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