Gritos de noche y una mujer con turbante: los relatos de los vecinos de la casa del horror en Esquel
Vecinos de Esquel contaron las situaciones que les llamaban la atención en la casa donde vivía la familia de Miguel Battista, acusado de mantenerla cautiva.
Un árbol de Navidad detrás de una ventana, gritos durante la noche y chicos que casi nunca salían: los detalles que llamaron la atención de quienes vivían cerca de la propiedad.
La investigación sobre Miguel Edgardo Battista, el bioquímico de 71 años acusado de mantener cautiva a su familia, puso el foco sobre una vivienda del barrio La Cascada, en Esquel.
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Desde que el hombre llegó al lugar junto a su esposa y sus tres hijos, en 2022, los vecinos comenzaron a advertir comportamientos que les resultaban extraños. Los chicos casi no salían de la casa, la mujer permanecía durante largos períodos junto a una ventana y durante las noches se escuchaban gritos.
Con el avance de la investigación, esos recuerdos cobraron relevancia para quienes viven en las inmediaciones de la propiedad.
Casa del horror en Esquel: qué contaron los vecinos sobre la familia de Battista
La vivienda está ubicada en el pasaje La Cascada y es una de las propiedades más grandes de la cuadra. Tiene dos plantas y una fachada revestida con madera y piedra.
Según los vecinos, algunas ventanas permanecían cubiertas con cortinas cerradas, papeles y placas, mientras que en el interior podía observarse un detalle llamativo: un árbol de Navidad que todavía estaba a la vista en octubre.
En el frente de la propiedad también se acumulaban bolsas de basura, cajas y distintos objetos, mientras que el pasto crecido contribuía a la apariencia de una vivienda poco mantenida.
Una vecina contó que, con el paso del tiempo, la familia dejó de ser vista en el exterior. Según su relato, Battista era prácticamente el único integrante que salía de la casa, principalmente para hacer compras o atender a las personas que llegaban.
Los chicos casi no salían de la casa
La mujer recordó que, en un primer momento, los hijos de Battista jugaban en el pequeño patio delantero.
Sin embargo, según su testimonio, los chicos no respondían cuando los vecinos los saludaban y, después de un tiempo, dejaron de aparecer afuera.
“Vos los saludabas a los nenes, pero ellos no te saludaban”, recordó la vecina. En aquel momento, dijo, llegó a pensar que podían tener algún tipo de dificultad en su desarrollo.
Con el paso de los meses, la falta de contacto con los integrantes de la familia se volvió cada vez más llamativa para quienes vivían cerca.
La mujer con turbante que miraba por la ventana
Otro de los recuerdos que quedó entre los vecinos fue el de la esposa de Battista.
Una mujer que vive en las inmediaciones contó que solía verla junto a una ventana con un turbante en la cabeza, mirando hacia el exterior.
Según su relato, permanecía allí durante largos períodos y no respondía a los saludos de quienes pasaban frente a la vivienda.
La escena, sumada al aislamiento que los vecinos percibían, comenzó a generar preocupación entre quienes vivían en la zona.
Los gritos durante la noche que inquietaban a los vecinos
Los ruidos provenientes de la casa también llamaban la atención. Algunos vecinos aseguraron haber escuchado gritos durante la noche, aunque aclararon que no podían determinar qué ocurría en el interior.
Una de las mujeres que relató su experiencia señaló que no le parecían pedidos de auxilio, sino expresiones que consideraba incoherentes.
Otra vecina describió la propiedad como una vivienda en la que aparentemente nunca había movimiento. “Siempre pensé que era una casa de fin de semana. Nunca había gente”, contó.
En algunas ocasiones, dijo haber visto a Battista y a una de sus hijas subir por la escalera, pero aseguró que nunca había tenido un contacto cercano con la familia.
Los testimonios de los vecinos forman parte del contexto que rodea la investigación judicial, que deberá determinar qué ocurría dentro de la vivienda y si efectivamente existió una situación de privación ilegítima de la libertad.






