Los detalles de la fuga en Trelew
Torres, beneficiado por una resolución de la jueza federal Lilian Bórquez, escapó este miércoles del domicilio en el barrio INTA. La magistrada ya había advertido que, si no se le entregaba una tobillera, lo dejaría libre. Como no hubo respuestas del sistema penitenciario, se lo mantuvo bajo una modalidad informal: un arresto “a la palabra”.
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El desenlace fue previsible: Torres desapareció y ahora es buscado intensamente por la Policía de Chubut, que prepara la difusión de su imagen para acelerar la localización.
Este caso reabrió un debate urgente: ¿es viable seguir otorgando arrestos domiciliarios sin un sistema de control efectivo? ¿Qué pasa cuando el Estado no tiene recursos para garantizar la seguridad?
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Cumplía prisión domiciliaria pero se dio a la fuga.
El caso de Ezequiel Ramón pone más leña al fuego. También detenido bajo prisión domiciliaria, Ramón se arrancó la tobillera electrónica tras discutir con su pareja y se fugó. Sin embargo, al día siguiente se entregó voluntariamente en la Comisaría 2ª, acompañado por su abogado. En las próximas 48 horas, tendrá una nueva audiencia. Su defensa pedirá que vuelva a cumplir arresto en su casa, argumentando que se entregó por voluntad propia.
Ambas situaciones dejaron expuesta la fragilidad del sistema. En contextos de crisis o falta de recursos, la responsabilidad queda completamente en manos del detenido o su entorno familiar. Y cuando la vigilancia depende solo del “honor”, la posibilidad de que la medida fracase es alta.