“El Apollo 11 desapareció y nos quedamos con la boca abierta mirando el agujero en el cielo”

Una vida de película. Además de haber ejercido durante medio siglo el periodismo, la trayectoria de Mónica Cahen D’Anvers está repleta de curiosidades y anécdotas. Junto con Andrés Percivale fueron la primera dupla de Telenoche, allá por enero de 1966. Pasó por el cine, el teatro, pero sin duda todos la recordaremos por su cobertura de la expedición del Apollo 11 en 1969. A 48 años de la llegada del hombre a la luna, Mónica rememoró la ocasión con Aire de Santa Fe.
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“En noviembre de este año voy a cumplir 83 años. Pero por favor no me trate de usted. Cuando me dicen ‘cómo le va’, yo pienso que tengo 93 años”, fueron sus palabras de inicio.

 

“Yo empecé en Telenoche el 2 de enero del 1966. Pero en 1955 quise ser actriz: a mi mamá casi le da un infarto. Por eso tuve que esperar a casarme y tener hijos. Hice teatro, películas, una cantidad de pavadas muy divertidas donde la pasé muy bien. Yo no sé si mi mamá me vio dar un beso en cámara, pero si lo hizo seguro le dio un patatús”, agregó.

Un día viene Carlos Montero y me dice: queremos que seas la primera mujer para un noticiero en la Argentina. ‘Pero yo no soy periodista’, fue mi reacción. Me dice: ‘se aprende’. En ese entonces no había escuelas donde se dictara eso. Al principio le dije que no. Pero en mi familia materna había periodistas –hasta tenían un diario- entonces esos genes empezaron a hacer ruido. Un día me desperté y dice: lo voy a hacer”.

 

Mónica Cahen D’Anvers fue elegida para cubrir uno de los momentos más importantes en la historia del mundo: la expedición del Apollo 11. “Eso se decidió en una reunión de producción, con periodistas, productores, camarógrafos”, explicó.

“Como Andrés había ido –o estaba por ir, no recuerdo- a Vietnam, me tocó a mí la Luna. Así nomás”

“Era el año 69, la Belle Epoque diría yo. Ese día fuimos a Cabo Cañaveral, porque en aquel entonces se llamaba así y no Kennedy. El que recibía a los periodistas me preguntó mi nombre, y después el de mi equipo. Le dije: ‘Cacho Tenores’, que era mi camarógrafo. Nos pone tilde en la lista, y me pregunta: ‘¿Y quién más?´. Y yo le digo: nadie más. Me mira fijo, ‘usted no debe haber entendido’. Tardamos un buen rato en convencerlo. Los equipos eran de 8, 12 personas. Pero él no podía entender que nosotros éramos dos nomás”, recordó Mónica.

En esa fecha, la periodista le realizó un reportaje a Wernher Von Braun, el ingeniero responsable de diseñar el cohete Saturno V para la Nasa. “Además de ser el personaje extraordinario que era –el padre de la cohetería internacional-, Von Braun era un señor muy simpático. Me había conseguido una entrevista: yo estaba sentada en su oficina, cuando se escucha un golpe en la puerta. Una voz del otro lado decía “Oriana Fallaci. Wernher le dice entre un italiano-inglés: ‘momento señora, por favore, wait. Estoy con una colega suya de la argentina, enseguida la atiendo”, contó Mónica.

“Yo me sentí Gardel. Yo era una novata, y que la hicieran esperar a Oriana Fallaci por mí… casi me muero”

Hace un tiempo, Mónica explicó en una entrevista que la vorágine del periodismo implica estar pendiente del momento, pero las emociones llegan tiempo más tarde. “En ese momento yo no era consciente de nada. En mi época todo era muy distinto, todo tardaba muchísimo. Filmabas, se mandaba a revelar, se compaginaba. Era lo contrario de la inmediatez de hoy, la antítesis. Entonces quedaban menos posibilidades de darte cuenta de lo que estabas transmitiendo”, agregó en ese sentido.

“No  hice nada en vivo. Fue filmado y mandado por un pasajero de Aerolíneas. Llegó todo dos días después. Mucha admiración sentí. El día del lanzamiento estábamos muy cerca, a pesar de que había una especie de barrera para que nadie avanzara. Una cosa era Cabo Cañaveral, y otra cosa fue ver en Houston las imágenes. Estaban tan felices de lo que habían logrado. Todo el mundo lloraba, gritaba, se abrazaba, sonreía. Me parece genial que por ese momento se llame el día del amigo”.

“El Apollo 11 desapareció con una velocidad vertiginosa. Nos quedamos con la boca abierta, mirando el agujero en el cielo”

 

Hace un año y medio que largamos el micrófono. Medio siglo era suficiente. Queríamos aprovechar nuestro camino. Ahora los dos nos levantamos muy temprano, a las 7 de la mañana. Y a las 9 nos vamos a la campiña. Me ocupo de la huerta, de las rosas. Disfruto como una loca. Un periodista nuestro, que tenía 80 y algo, nos decía: ‘saben chicos, la verdad es que yo quiero para toda la gente que la muerte los encuentre vivos’. Y Cesar y yo estamos bien vivos”.

 

Volvé a escuchar la nota entera a Mónica Cahen D’Anvers:

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