jueves 12 de mayo de 2022
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8M: cómo ser mujer (en pandemia) y no morir en el intento

Expertos de todos lados coincidieron el impacto emocional y físico que tuvo esta crisis sanitaria en la sociedad, pero sin dudas las mujeres especialmente vieron sus fuerzas llevadas al límite. Luciana Trinchieri reflexiona sobre esto en el Día Internacional de la Mujer.

Mujeres cruzadas por historias de caos y resiliencia en medio de la crisis de salud que golpeó al mundo entero. Las responsabilidades laborales, domésticas y del cuidado de los chicos, fueron un verdadero Triángulo de las Bermudas emocional y mental que nos puso a prueba a todas. Y más de una, quiso tirar la toalla. En Estados Unidos, un diario puso una línea para que las mujeres dejaran mensajes guardados a modo de terapia, y lo que escucharon después los periodistas, fue revelador.

No podemos decir que la pandemia no se anunció ni que nos agarró por sorpresa. Mirábamos un mundo desde lejos que creímos que no íbamos a habitar, que vimos llegar amenazante y nos encerró (literalmente) de un día para otro.

Expertos de todos lados coincidieron el impacto emocional y físico que tuvo esta crisis sanitaria en la sociedad, pero sin dudas las mujeres especialmente vimos nuestras fuerzas llevadas al límite. Incluso después que pasaran los momentos de peor encierro y distanciamiento.

“Angustia”, “colapso”, “stress profundo” fueron algunas de las palabras elegidas por muchas para intentar describir lo que sentimos durante la mayor parte del 2020, donde nuestras capacidades fueron llevadas al límite.

Las mujeres de a poco nos fuimos desdibujando en los aspectos más variados, que van desde los más superficiales como nuestro aspecto físico, hasta nuestra salud mental o corporal. Porque pocos recuerdan hoy el abandono a los pelos blancos, crecimientos y raíces al que fueron sometidas nuestras cabezas, cabellos largos y desalineados, con artículos de peluquería que casi formaban parte del mercado negro de la pandemia. Los tutoriales de “como teñirme el pelo sola” o “como tapar las canas” tuvieron récord de visitas, y hasta las peluqueras daban instrucciones por Whatsapp para intentar salir de la crisis. Tengo amigas que probaron la tintura del almacén de la esquina con tremendos resultados; teñirse con café de máquina muy espeso o papel crepe, en la lucha contra el abandono a las que fuimos sometidas, mientras se nos exigía seguir con nuestra vida laboral presencial (las que fuimos consideradas personal esencial) o remota. ¡Recuerden que no podíamos salir a ningún lado! Y así tratamos de mantenernos lo más presentables posibles para nuestra vida de pantallas o trabajos bañados en alcohol.

Los tutoriales de “como teñirme el pelo sola” o “como tapar las canas” tuvieron récord de visitas, y hasta las peluqueras daban instrucciones por Whatsapp para intentar salir de la crisis.

La fantasía de muchos de trabajar en casa se convirtió en una verdadera pesadilla sin horarios de descanso, con demandas 24 x 7 que precarizaron las tareas diarias sumando una presión única, donde no podíamos abandonar nuestro empleo, pero menos las labores domésticas, para mantener cierto orden en la Baticueva que nos cobijó durante el aislamiento. Nuestro aspecto descuidado por el encierro, nuestro trabajo a los saltos y las tareas de la casa que, a pesar de muchas veces ser compartidas, su peso final terminaba recayendo en nosotras, fue un combo explosivo.

Un estudio sobre el “Impacto del COVID-19 en la vida de las mujeres”, publicado en agosto pasado por el grupo que lidera la investigadora del CONICET Karina Bidaseca expuso la crisis de cuidados entre las mujeres durante el confinamiento en una muestra de más de 2.200 casos de tres provincias. Allí se informaba que el 55,1% de las mujeres consultadas eran jefas de hogar y también responsables en su mayor parte de los trabajos domésticos (¿ustedes están ahí?) Y todo esto, sin haber tocado el tema hijos, si es que contábamos con la presencia de las famosas “bendis” en nuestras vidas.

La sobrecarga de trabajo -doméstico, de cuidados y educativos- se expresó de forma significativa en la vida de las mujeres, donde en este estudio un 92,6% del total se encargaba de acompañar las actividades escolares de sus hijos e hijas en el período de cuarentena. Asimismo, en relación a la co-participación en el reparto de las tareas, el 54,8% respondió que, entre todas las personas de la familia que son co-responsables, las mujeres son las que trabajan más.

En relación a la co-participación en el reparto de las tareas, el 54,8% respondió que, entre todas las personas de la familia que son co-responsables, las mujeres son las que trabajan más.

En los Estados Unidos, el prestigioso New York Times hizo una suerte de experimento social absolutamente increíble para demostrar cuál mal estamos, donde puso a disposición de las mamás trabajadoras una línea telefónica donde podían “llamar para gritar, llorar, respirar profundo o esconderse en el ropero durante 60 segundos para contar”. Recibieron cientos de llamadas. ¿El contenido? Los textuales tenían cosas espeluznantes como “sólo quiero decir aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh”; “mis malditos niños me tienen tan enferma (con voz sádica); “-esta pandemia me hizo dar cuenta que en realidad quizá no fui hecha para ser madre “- hola, acabo de poner mi sexto lavarropas el día de hoy-”; “-Dios, todos los días pienso que no puedo seguir haciendo lo mismo, pero luego lo hago. Lo entiendo, me levanto y lo hago, ¿porque eso es lo que hacen los padres no? -”. Si sintieron, pensaron, expresaron algo de esto con horror, tranquilas muchachas, queda en evidencia que no fueron las únicas.

La línea al día de hoy, sigue funcionando.

¿Cuál fue la vía de escape de cada cerebro?, lo sabrá cada una. Que sin dudas se nos habrán cruzados los pensamientos más oscuros en cuanto a nuestros sentimientos, ganas, fuerzas, voluntad y responsabilidades, está claro. Pero una vez más ahí estuvo nuestro espíritu resiliente, transformador de cuanta basura se nos ponga en frente. Porque sabemos que siempre tenemos que seguir contra viento y marea; que no podemos con todo, pero lo intentamos, y que tenemos una fuerza tan arrolladora cuando nos lo proponemos, que, aunque desconfiemos de nosotras mismas, somos capaces de encontrar siempre luz en la oscuridad.

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