El potus se ganó su fama por ser una de las plantas más fáciles de cuidar y, de las más agradecidas del hogar. Sus hojas en forma de corazón y su crecimiento colgante lo convierten en un clásico que combina estética, vitalidad y beneficios para la salud.
Plantas hogareñas: cuidados básicos del potus para mantenerlo frondoso
El potus (Epipremnum aureum) es originario del sudeste asiático y se adaptó perfectamente a los ambientes interiores. Puede crecer tanto en tierra como en agua, lo que lo hace ideal para decorar estanterías, repisas o macetas colgantes.
Una de sus principales ventajas es su gran capacidad de adaptación. No necesita sol directo y puede vivir en rincones con luz tenue, aunque siempre se desarrollará mejor en lugares luminosos con luz filtrada.
El riego debe ser moderado: una o dos veces por semana, dejando que la tierra se seque entre riegos. En ambientes secos, se recomienda pulverizar sus hojas para mantener la humedad. Si se observa que las hojas pierden color o se ponen amarillas, probablemente necesite más luz.
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El potus es una planta para decorar estanterías, purifica el aire y crece todo el año.
Además, el potus tiene un efecto purificador: filtra sustancias como el formaldehído, el xileno y el benceno, presentes en productos de limpieza o pintura. También es una planta ideal para reducir el estrés visual y mejorar el bienestar general del ambiente.
Reproducirlo es muy sencillo: basta con cortar una rama con al menos dos nudos, colocarla en agua y esperar unos días hasta que desarrolle raíces. Luego puede trasladarse a una maceta con tierra.