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Los narcosecuestros, una metodología de extorsión que ya tiene casos en Rosario

Entre diciembre y febrero se produjeron dos casos de secuestros entre narcos en Rosario. Usan el rapto de un familiar como apriete para obtener dinero. A uno de los presos que se fugó en la autopista en mayo pasado le retuvieron a su hijo, al que amenazaron mandárselo en una caja.

Alejandro Candia fue uno de los 13 presos que se fugó el 8 de mayo de un ómnibus del Servicio Penitenciario en la autopista Rosario-Santa Fe. Fue atrapado seis días después en su casa, en Centeno al 2500, en el barrio La Tablada de Rosario. Fue allí donde el 30 de diciembre pasado un grupo narco secuestró en dos autos a su hijo de 15 años, a quien los captores llevaron a un campo y amenazaban con “cortar en pedacitos” y “mandarlo en una caja” a la cárcel de Piñero, donde Candia cumple una condena a 10 años de prisión.

Esta historia de narcosecuestros es la segunda que ocurre en los últimos tres meses, y la cuarta en los últimos tres años, por lo que los investigadores judiciales empiezan a temer que esta metodología de extorsión entre narcos, con el secuestro extorsivo de familiares, se va a multiplicar, luego de que la tendencia la estableciera Ariel Cantero, el líder de Los Monos, que llevó adelante un malogrado secuestro de un joven el 17 de abril de 2018, por el que fue condenado a 10 años de prisión.

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Candia fue capturado por la policía seis días después de la fuga en su casa, en el barrio La Tablada de Rosario.

Candia fue capturado por la policía seis días después de la fuga en su casa, en el barrio La Tablada de Rosario.

La cárcel aparece siempre como uno de los escenarios donde se gestan estas tramas. En este caso, Candia, quien está alojado en un pabellón de Piñero, fue víctima y a su vez victimario. Porque el secuestro de su hijo de 15 años se produjo luego de que el preso ordenara robar a un grupo narco, cuando iba a proveerse de estupefacientes en el barrio La Tablada.

Como represalia, los narcos raptaron a su hijo a unos metros de su casa en Centeno y Callao. Aunque todo se gestó en pocos minutos, los captores mostraron cierta logística y organización. Aparecieron en dos autos en el barrio, una VW Surán y un Peugeot 308. Cuando vieron al chico de 15 años que iba caminando por la calle del segundo vehículo lo llamaron. “Vení que soy amigo del Ale, de tu papá”, le dijeron. El joven, desconfiado, que iba con un amigo, se acercó con otro amigo con cierta precaución. Pero ante la insistencia caminó unos pasos hacia el Peugeot 208. Los redujeron y los subieron al auto. Les pusieron una pistola en la cabeza y les envolvieron la cara con una remera. Y comenzaron un largo periplo hacia las afueras de Rosario. Los autos pararon primero en Ibarlucea, cerca del country Los Álamos y después siguieron camino hacia un campo, cercano a Funes.

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Según la investigación que realizó la Fiscalía Federal Nº1 de Rosario, allí había varias personas, algunas más que se habían sumado a los captores que iban en los dos autos, porque llegó un tercer vehículo. A K. le decían que llamara a su papá para que entregara el dinero. Le pedían 500.000 pesos. La madre del menor había hecho la denuncia primero en la seccional N° 15, donde la mandaron a la subcomisaria N°21. Como M., el amigo del hijo del convicto, no sabía el celular de Candia le enviaba mensajes por Facebook Messenger. “Escucháme te doy media hora para que me devuelvas la plata porque te lo mando a tu hijo dentro de una caja”, le avisó por teléfono uno de los secuestradores. Después de varias idas y vueltas, en las que intervino también la pareja de Candia, el pago del rescate se concretó en una estación de servicio Puma, de avenida Circunvalación y Godoy, donde entregan 700 dólares y 100.000 pesos.

La idea del líder de Los Monos era secuestrar en Rosario a personas vinculadas con el mundo narco para obtener dinero por los rescates.

Otro hecho similar se produjo el 27 de febrero pasado. El secuestro también estuvo relacionado a un tema de venta de drogas, de acuerdo con la investigación que realizó la Fiscalía Federal Nº1 de Rosario. Un joven que fue a comprar drogas en Robles y Oria, en Rosario, fue secuestrado y golpeado de manera salvaje por otros dos muchachos que le reclamaban a la familia de la víctima dinero a cambio de no matarlo.

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“Se manchó la pared de la cantidad de golpes que me dieron”, contó el secuestrado. Mientras le daban trompadas uno de los raptores le sacaba fotos con un celular y se las enviaba a la familia de la víctima. Las personas que golpeaban al muchacho de 19 años usaban máscaras para que no reconocieran sus rostros. Para obtener su recompensa fueron a la casa del secuestrado y se llevaron un televisor y 70.000 pesos en efectivo. Luego, el muchacho retenido pudo escapar cuando los secuestradores pararon en la casa de otro joven, todos vendedores de droga del barrio Casiano Casas.

En setiembre de 2018 un grupo de secuestradores fuertemente armados, uno de ellos con un subfusil Uzi, secuestraron a un comerciante de la comunidad gitana de apellido Miguel. El hombre de 76 años fue liberado seis horas después de que su familia pagara un millonario rescate, cuyo monto preciso nunca trascendió. Por este hecho fueron detenidos cinco personas luego de una serie de allanamientos de la PDI.

En octubre pasado, Cantero fue condenado a 10 años de prisión por el secuestro extorsivo de un joven, a quien los cómplices del líder de Los Monos se equivocaron cuando lo raptaron en el barrio Triángulo, en el sur de Rosario. Era el hijo de un carnicero que nada tenía que ver con la geografía narco que Guille pretendía ordenar. Porque la idea del líder de Los Monos era secuestrar en Rosario a personas vinculadas con el mundo narco para obtener dinero por los rescates, según investigó el fiscal federal Santiago Marquevich. En las escuchas telefónicas Guille habló de conseguir “plata fácil”, “por lo menos tres palos”, con este tipo de operaciones.

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