"De haber confrontado cuerpo a cuerpo en un techo de tejas, a dos aguas y a 15 metros del piso, nos habría costado la vida a los dos". Fue lo que escribió en un mensaje Jorge, uno de los guardias penitenciarios encargado de recuperar los techos y terrazas de la Unidad Penal N°1 Coronda el lunes pasado durante el violento alzamiento de los presos. Durante el levantamiento, el guardia se subió a los techos del pabellón cuatro donde un interno lo enfrentó con una lanza y, para salvar la vida de los dos, Jorge se tiró a una galería que estaba a cinco metros de distancia.
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El lunes, cuando los internos tomaron los techos y terrazas el penal, al Grupo de Operaciones Especiales de Penitenciarios (Goep) le encomendaron recuperar la altura. Jorge y su equipo se encargaron primero del pabellón 1. Una vez controlada la situación de esa sección, se fueron a ayudar a sus compañeros penitenciarios que intentaban recuperar el pabellón N° 4. Allí fue donde Jorge protagonizó uno de los momentos más violentos de la tarde.
Cuando subió a los techos, un interno se le vino encima. Cubierto de mantas y con una "lanza" -un palo de dos metros y una faca en la punta- lo interceptó. Cuando estaba a unos seis metros, Jorge le dio la voz en alto pero el preso continuó atacándolo.
En diálogo con Luis Mino en el programa Ahora Vengo de Aire de Santa Fe, Jorge contó que si no se tiraba, probablemente ambos (interno y guardia) caían al piso del pabellón que estaba a 15 metros y allí los esperaban todos los demás presos. "Si caía al patio del pabellón les dejaba a los demás internos un rehén o dos muertos y un arma de fuego en sus manos", expresó Jorge.
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"Me embistió gritando y con la lanza, como si fuera una película de indios. Yo pienso que estaba muy decidido a matarme", confesó Jorge, con angustia. En ese momento, tenía dos opciones: enfrentarse y que en medio de la pelea cayeran los dos desde una altura de 15 metros o saltar él y salvar la vida del interno, pero lastimarse. "Primero caí arriba de una galería que está a cinco metros", detalló. "En ese momento ya sentí un dolor profundo porque caía parado de lleno con 20 kilos además de mi peso -cartuchería, chaleco, escopeta y casco-", explicó. Mientras el resistía luego de la caída, desde arriba los presos continuaban arrojando los mampostería y sus compañeros se defendían y repelían el ataque con balas de goma. En medio de los proyectiles cruzados, Jorge gritaba del dolor.
Sus compañeros lo vieron y para ayudarlo improvisaron una escalera con una camilla, para poder bajarlo inmovilizado. Carlos fue uno de los enfermeros que lo atendió y tranquilizó. En la foto en la que se ve como bajan a Jorge del techo, Carlos es el hombre con ambo azul y barbijo. En medio de la charla en el programa Ahora Vengo, el enfermero también se comunicó con Aire de Santa Fe. "Jorge estaba shockeado entonces lo primero que tratamos es de tranquilizarlo porque la lesión que tenía no era muy grave", explicó y relató que Jorge gritaba del dolor.
Por su parte, Jorge le agradeció a Carlos la atención y explicó que los penitenciarios son todos como "una gran familia". Hace 22 años que Jorge trabaja como guardia y uno de sus siete hijos también se dedica a lo mismo. Cuando no está en el penal, Jorge da clases en una escuela de Santo Tomé y otra de Santa Fe. Al igual que él, su esposa también es docente. Más allá de todos sus trabajos, Jorge siente que su labor como penitenciario va más allá de una simple profesión. "Somos conscientes de que somos funcionarios y las leyes están por sobre nosotros. Cada uno se prepara así y estos actos como el mío del lunes nos salen naturalmente", aclaró.
No es la primera vez que Jorge pasa por una situación en la que su vida corre riesgo. Sobrevivió a un accidente de tránsito en un móvil policial en 2008 y al atentado contra un camión de penitenciarios hace tres años. "Cuando me llevaron a que me atiendan en el Hospital Cullen, me trasladaron en el mismo camión que fue tiroteado aquella vez", narró Jorge. "Cuando vi las marcas de las balas en el interior, se me vino a la mente esa situación", recordó.
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Durante las tres situaciones violentas y en las que su vida corrió riesgo, a Jorge nunca se le pasó por la cabeza darse por vencido. Primero, siempre, estuvo su profesión.
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