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Víctor Galíndez: el símbolo del coraje criollo que fue vencido por los autos y la velocidad

Víctor Emilio Galíndez cumpliría hoy 71 años. Fue el quinto campeón mundial argentino de la historia, y el primero en coronarse en nuestro país. Murió en 1980 y, en 2002, ingresó al Hall de la Fama del Boxeo Internacional de Canastota, Nueva York.

Si un deporte tan duro y sacrificado como el boxeo requiere, entre muchos otros aspectos, muy altas dosis de coraje y valentía sobre un ring, Víctor Emilio Galíndez –nacido en Vedia, provincia de Buenos Aires, el 2 de noviembre de 1948– siempre las derrochó a raudales. No fue un dechado de técnica pugilística ni un estilista pero, en toda su trayectoria –tanto aficionada como profesional–, suplió estas carencias con su estilo frontal, aguerrido y con el que nunca dio ni pidió cuartel.

Se inició en el boxeo de la mano del bonaerense Oscar Casanovas, medalla de oro en pluma en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, secundado por el panameño (nacionalizado argentino) Luis Federico Thompson, quien vivía en Morón –donde Víctor se radicó– y, luego, se entrenó a las órdenes de Horacio García, futuro técnico del tigrense Jorge Rodrigo Barrios. “Yo empecé medio de casualidad –le contó al colega Carlos Irusta en una entrevista en El Gráfico–, porque fui a un festival de boxeo y el pago era un sandwich y una Coca. Me gustó el ambiente, subí a pelear, me fue más o menos bien y me entusiasmé. ¿Sabés qué? Nosotros éramos pobres y yo soñaba con tener guita, mucha guita. Una, porque siempre me gustaron los autos, y otra, porque mi sueño era comprarle una casa a mi mamá. Pero no una casa cualquiera, ¿eh? Tenía que ser blanca y con techos rojos...”, recordaría Galíndez quien, con los millones que ganaría en su vida, se compraría más de 20 autos, entre nacionales e importados, y varias motos de alta cilindrada.

A su guapeza a prueba de balas, primero la evidenció en sus 29 peleas como amateur, de las que perdió solo tres. En 1967 se alzó con la medalla de plata en los Juegos Deportivos Panamericanos de Winnipeg, Canadá y, en su participación en los Juegos Olímpicos de México 1968 –al igual que el año anterior, encuadrado en mediano junior– fue eliminado en la primera ronda por el italiano Aldo Bentini, quien le GPP 5 a 0.

Debutó como profesional el sábado 10 de mayo de 1969 y, en el Luna Park, le GKOT 4 a Ramón Ruiz. Resignó su invicto el miércoles 8 de abril de 1970, en su sexta pelea, ante Juan Mendoza Aguilar –con quien combatió nueve veces–, apodado así por la provincia de la que era oriundo y para diferenciarlo del platense Antonio Oscar Aguilar, quien le quitara el invicto –nada menos– que a Carlos Monzón el miércoles 28 de agosto de 1963 en el Luna Park.

El sábado 28 de noviembre de 1970, PPP 12 (unánime) ante el sanjuanino Ramón Avenamar Peralta –hermano de Gregorio Goyo Peralta, ante el que Oscar Bonavena se consagró monarca nacional de la máxima división el 4 de septiembre de 1965– quien retuvo su corona argentina mediopesada. Pero la perseverancia de Galíndez dio sus frutos ya que, el sábado 22 de julio de 1972, le GPP 12 (unánime) a Mendoza Aguilar y se alzó el título nacional de las 175 libras o 79,378 kilos. Ese mismo año, hizo doblete al ceñirse el cetro sudamericano de la única división –de las ocho tradicionales– que los estadounidenses inventaron en 1903: el sábado 7 de octubre, le GPP 12 (unánime) a Ramón Avenamar Peralta.

Camino al título

Ya casado con Ana María, con quien tendría tres hijos –Darío Víctor, quien también fue boxeador, María Alejandra y Nina Nieves– ascendió en los rankings internacionales, pasó a ser entrenado por Juan Carlos Pradeiro y, para que ganara experiencia, Juan Carlos Lectoure le trajo rivales extranjeros a Buenos Aires. Así, entre mayo de 1973 y septiembre de 1974, se presentaron en el Luna Park (y perdieron ante el oriundo de Vedia), los estadounidenses Eddie Owens y Eddie Duncan, y los puertorriqueños José Monón González y Ángel Oquendo. El 16 de septiembre de 1974, el legendario estadounidense Bob Foster (se llamaba Robert Lloyd Foster), uno de los mejores semicompletos de la historia, anunció su retiro –aunque retornaría al año siguiente y pelearía hasta 1978, sin éxito– y dejó vacantes las coronas AMB y CMB. Por eso, la primera de estas entidades decidió que Galíndez y el estadounidense Len Hutchins combatieran para consagrar al nuevo monarca. La fecha se fijó para el sábado 7 de diciembre de 1974 y, el escenario, el mítico estadio de Corrientes y Bouchard.

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El sábado 7 de diciembre de 1974 y, en el Luna Park, Galíndez le GAb 13 al estadounidense Len Hutchins, y se convirtió en campeón mediopesado AMB. Fue el primer argentino en coronarse en nuestro país, aunque nunca defendería el título en el mismo.

El sábado 7 de diciembre de 1974 y, en el Luna Park, Galíndez le GAb 13 al estadounidense Len Hutchins, y se convirtió en campeón mediopesado AMB. Fue el primer argentino en coronarse en nuestro país, aunque nunca defendería el título en el mismo.

Pero, 47 días antes, el domingo 20 de octubre –era el Día de la Madre–, Galíndez se dio un palo de novela en Morón, al llevarse puesto un camión recolector de basura con el Peugeot 504 que conducía como una Ferrari de Fórmula 1. Con una bota de yeso en el tobillo derecho, el brazo izquierdo muy hinchado, el otro con escoriaciones y, de yapa, con heridas cortantes en el rostro y la nuca –recibió seis puntos de sutura– el aspirante al título mundial llegó hasta la oficina de Lectoure –quien, de la bronca, caminaba por las paredes por este hecho– a pedirle expresamente que no suspendiera la pelea, a lo que Tito finalmente accedió.

Sin estar completamente repuesto y, tras derribarlo en el 1º, 4º, 8º y 12º rounds, Galíndez le GAb 13 a Hutchins y se convirtió en el primer criollo que se coronó campeón mundial en nuestro país (el quinto de la historia, detrás de Pascual Pérez, Horacio Accavallo, Nicolino Locche y Monzón) aunque, curiosamente, nunca expondría su corona mediopesada AMB en la Argentina.

Un guapo en serio

Entre 1975 y 1978, Galíndez retuvo exitosamente diez veces su cetro. Primero, hizo historia el 30 de junio de 1975 cuando, en el Madison Square Garden y, en su segunda defensa, le GPP 15 al mendocino –nacido en Godoy Cruz y radicado en Nueva York– Jorge Aconcagua Ahumada, en el que fue el primer choque entre argentinos con un título mundial en juego. Ese mismo lunes y, en su única presentación en los Estados Unidos de su carrera, Carlos Monzón le GKOT 10 a Tony Licata, y retuvo por 11ª vez su cetro mediano AMB (al CMB se lo habían quitado en un escritorio el año anterior, y lo recuperaría en 1976, al vencer por primera vez al colombiano Rodrigo Valdés en Montecarlo).

Pero, sin dudas, todos recuerdan la quinta defensa, que realizó ante el estadounidense Richie Kates en el Rand Stadium de Johannesburgo. Tras recibir un cabezazo en el 3º asalto, Galíndez, sangrando profusamente de su arco superciliar derecho –se limpiaba la herida en la camisa del árbitro, el local Stanley Christodoulou, la que actualmente se exhibe en el Museo del Deporte de la ciudad que fue sede de un combate épico e inolvidable–, dio una enorme lección de coraje.

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El 22 de mayo de 1976 –el mismo día que mataron a Oscar Ringo Bonavena– enfrentó al estadounidense Richie Kates en Johannesburgo. Cortado en su ceja derecha desde el 3º round, Galíndez dio una inmensa e inolvidable lección de coraje al GKO 15 y retener su corona por quinta vez.

El 22 de mayo de 1976 –el mismo día que mataron a Oscar Ringo Bonavena– enfrentó al estadounidense Richie Kates en Johannesburgo. Cortado en su ceja derecha desde el 3º round, Galíndez dio una inmensa e inolvidable lección de coraje al GKO 15 y retener su corona por quinta vez.

El corte era muy profundo –llegaba prácticamente hasta el hueso de su reborde orbitario– y, la posibilidad de perder la pelea (y el título) por KOT, era muy elevada. Pero el monarca, como un toro de lidia, fue al frente siempre y buscó el nocaut. Casi lo logró en el 6º y 7º rounds –en éste, Kates cayó, pero lo salvó la campana– y, su corazón de guerrero, conmovió –y provocó la admiración después– de los 42.125 presentes en el estadio, especialmente de Christodoulou. Y, el choque, tuvo el final de película que merecía.

En el 15º y último round, tras recibir un durísimo cross de izquierda en el mentón, el moreno oriundo de Savannah, Georgia, por fin cayó. Cuando el árbitro llegó a 10, iban 2’59” es decir, solo un segundo después del out, hubiera terminado la pelea...

Horas antes, en la puerta del Mustang Ranch de Reno, Nevada, una bala asesina le había partido el corazón a Oscar Natalio Bonavena, a quien el oriundo de Vedia idolatraba. Por la diferencia horaria, la noticia se conoció antes de enfrentar a Kates y, tanto su DT, Juan Carlos Pradeiro, como el Profe Patricio Russo y Tito Lectoure, no le dijeron nada al campeón hasta después del combate. Ya en los vestuarios, mientras el rostro de Víctor era una máscara desfigurada, la alegría de la victoria se transformó en llanto desconsolado ante la mala nueva. Sí, hasta un guapo hasta la médula como Galíndez podía –y pudo– llorar como si fuera la última vez.

Por qué no la paró

Entre el 20 y el 26 de octubre de 1996 y, en el Hotel Bauen de Capital Federal, el CMB realizó su XXXIV Convención Anual, la primera que una entidad mundialista desarrolló en nuestro país. Entre los más de 800 asistentes provenientes de casi 50 países, dio el presente el árbitro y juez sudafricano Stanley Christodoulou.

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Stanley Christodoulou posa junto a la camisa que se exhibe en el Museo del Salón de la fama del boxeo. "Fue una de las mejores peleas que vi en mi vida", supo decir el sudafricano en varias entrevistas donde se le preguntó acerca del combate que mantuvieron Galíndez y Kates.

Stanley Christodoulou posa junto a la camisa que se exhibe en el Museo del Salón de la fama del boxeo. "Fue una de las mejores peleas que vi en mi vida", supo decir el sudafricano en varias entrevistas donde se le preguntó acerca del combate que mantuvieron Galíndez y Kates.

La oportunidad de hablar sobre el legendario combate Galíndez-Kates con el distinguido visitante era inmejorable y, una noche, en el bar del Bauen, compartimos una extensa charla con el mismo. A la hora de referirse a esta pelea, Christodoulou recordó que, a pesar de que el médico de turno, doctor Clive Noble, le pidió tres veces que la detuviera, no lo hizo por tres razones. “Primero y, aunque sufrió un serio corte, que consideré accidental, Galíndez absolutamente siempre llevó la iniciativa. Segundo, como campeón del mundo que era, merecía que le diera la oportunidad de continuar”. Y, en inequívoco gesto con sus manos, nos dijo la tercera: “Balls” (pelotas). No fue necesario preguntarle nada más.

El ocaso

Este Galíndez imparable le dio paso a otro, que priorizó la noche, los autos importados y la muy buena vida, relegando los sacrificios del gimnasio. Cuando el viernes 15 de septiembre de 1978, el estadounidense Mike Rossman (su verdadero nombre es Albert De Piano) le GKOT 13 en el Superdome de New Orleans y le quitó el título en la 11ª defensa, Galíndez ya estaba harto del boxeo, de las privaciones (beber gaseosas era una verdadera compulsión para él) y de pesarse desnudo, aunque solo tenía 29 años.

Esa misma noche, Muhammad Ali le GPP 15 (unánime) a Leon Spinks, quien lo había derrotado el 15 de febrero anterior en el Hilton Hotel de Las Vegas y, de este modo, El Más Grande se convirtió en el primer tricampeón mundial pesado de la historia.

La revancha ante Rossman se había programado en Las Vegas, pero la Comisión Atlética de Nevada impuso a sus jueces en lugar de los designados por la AMB. Esta fue la excusa por la que Lectoure retiró a Galíndez del estadio y lo dejó plantado al propio campeón ya sobre el ring, y con la televisación del festival puesta en marcha. La verdad era que Víctor estaba mal entrenado, y se encaminaba a otra derrota… No obstante, el sábado 14 de abril de 1979 y, en el mismo escenario del primer choque entre ambos, le dio una paliza a Rossman (le GKOT 10) y, además, se convirtió en el primer monarca mediopesado de la historia que recuperó su corona. Esta vez, la preparación sí había sido acorde a la exigencia que debía sortear.

Pero el viernes 30 de noviembre del mismo año, en la primera defensa de su segundo reinado y, otra vez en New Orleans, el estadounidense Marvin Johnson le GKO 11 (20”) y le rompió la mandíbula. El sábado 14 de junio de 1980, hizo su última pelea: con 86,184 kilos, PPP 12 (unánime) con el estadounidense Jesse Burnett en el Disneyland Hotel de Anaheim, California, en una eliminatoria por el título crucero CMB. Poco después, el 21 de agosto, anunció oficialmente su retiro por un desprendimiento de retina. En total, disputó 70 peleas y, su récord, fue de 55-9-4-2 SD (34 ko).

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Galíndez reinó simultáneamente tres años con Carlos Monzón y, en la actualidad, sus nombres integran el mítico Hall de la Fama del Boxeo de Canastota, Nueva York.

Galíndez reinó simultáneamente tres años con Carlos Monzón y, en la actualidad, sus nombres integran el mítico Hall de la Fama del Boxeo de Canastota, Nueva York.

Poco importa ya preguntarnos hasta dónde habría llegado con más profesionalismo y responsabilidad. Reinó durante casi tres años simultáneamente con Carlos Monzón –quien fue tan grande que eclipsó a todos– y, esto, quizás, pudo haberle restado brillo a sus méritos, que también fueron muchos. No en vano, en 2002 se convirtió en el cuarto argentino que ingresó al mítico Hall de la Fama del Boxeo de Canastota, Nueva York, detrás de Escopeta, Pascualito, y Lectoure (en 2003 lo seguirían Locche y, en 2007, Amílcar Oreste Brusa).

La muerte llegó sin avisar

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El domingo 26 de octubre de 1980, Galíndez, quien había anunciado su retiro meses antes,  debutó como acompañante del misionero Antonio Lizeviche en el Turismo Carretera, que disputaba la Vuelta de 25 de Mayo, Buenos Aires.

El domingo 26 de octubre de 1980, Galíndez, quien había anunciado su retiro meses antes, debutó como acompañante del misionero Antonio Lizeviche en el Turismo Carretera, que disputaba la Vuelta de 25 de Mayo, Buenos Aires.

El domingo 26 de octubre de 1980, Galíndez debutó como acompañante del misionero (nacido en Oberá el 2 de agosto de 1932, y radicado en la Capital Federal) Antonio Nito Lizeviche en el Turismo Carretera, que disputaba la Vuelta de 25 de Mayo, Buenos Aires. En la Final, el Chevrolet Nº 19 solo recorrió 6 kilómetros, hasta que la caja de cambios dijo basta cerca del cruce de las rutas 46 y 51. Emprendieron el regreso a los boxes caminando por el costado de la primera en sentido inverso a la carrera, donde los autos transitaban a más de 200 km/h.

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Tras abandonar la carrera, Lizeviche y Galíndez emprendieron el regreso a los boxes caminando por el costado de la ruta provincial 46, en sentido inverso a la prueba, donde los autos transitaban a más de 200 km/h. El Ford Nº 71 del tigrense Marcial Feijoó hizo un trompo y se fue hacia la banquina, derrapando casi 400 metros por la misma, y embistió a ambos, quienes murieron instantáneamente.

Tras abandonar la carrera, Lizeviche y Galíndez emprendieron el regreso a los boxes caminando por el costado de la ruta provincial 46, en sentido inverso a la prueba, donde los autos transitaban a más de 200 km/h. El Ford Nº 71 del tigrense Marcial Feijoó hizo un trompo y se fue hacia la banquina, derrapando casi 400 metros por la misma, y embistió a ambos, quienes murieron instantáneamente.

Eran casi las 13.25 y, en la sexta vuelta, el Ford Nº 71 del tigrense Marcial Feijoó, que circulaba detrás del Chevrolet de Antonio Bautista y el Dodge de Daniel Corso, hizo un trompo y se fue hacia la banquina, derrapando casi 400 metros por la misma. En ese trayecto, a la altura de la estancia San José, embistió a Lizeviche y Galíndez con la parte delantera de su auto. El impacto fue terrible y, ambos, murieron despedazados instantáneamente. Sólo una semana después de su estúpido y prematuro adiós, Víctor Emilio Galíndez hubiera cumplido 32 años. Pero, desgraciadamente, se fue muy rápido, tal como vivió.

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El viernes 27 de septiembre de 2013, en inmediaciones del Polideportivo Municipal Gorki Grana de Morón, se inauguró un busto en memoria de Galíndez, obra de la escultora María Claudia Martínez y, del acto, participaron sus hermanos Jorge y Roberto.

El viernes 27 de septiembre de 2013, en inmediaciones del Polideportivo Municipal Gorki Grana de Morón, se inauguró un busto en memoria de Galíndez, obra de la escultora María Claudia Martínez y, del acto, participaron sus hermanos Jorge y Roberto.