Por Bichos de Campo
Así comienza el comunicado emitido el 11 de marzo pasado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). De entrada define al carbunclo como lo que es: una “enfermedad infecciosa altamente contagiosa” y peligrosa para otros animales y el ser humano.
Repetimos la fecha: 11 de marzo. La publicación del comunicado oficial, que contenía una serie de recomendaciones para actuar frente a esta zoonosis, se produjo a raíz de “la aparición de casos recientes de carbunclo bacteriano en el partido de Carlos Casares”. Es dcir, el Senasa admitía públicamente esos casos pero no brindaba ningún detalle sobre esos los mismos. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? Nada.
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En Carlos Casares hay muchos establecimientos ganaderos y muchos tambos que, ante la aparición de casos de carbunclo, deberían haber sido notificados de inmediato, para tomar las prevenciones del caso. Pero este comunicado carente de detalles fue el primer aviso oficial que recibieron.
Fue muy grave lo que sucedió en ese partido bonaerense. Varios veterinarios y trabajadores rurales de la zona estuvieron trabajando con vacunos esos días, e incluso realizaron necropsias, sin tener la menor idea de que había carbunclo merodeando. Nadie les avisó. Senasa no avisó y el productor que padeció el primer episodio tampoco.
Repetimos: hubo gente que los primeros días de marzo acercó la cara y la nariz a pocos centímetros de los órganos de un bovino muerto sin saber que había un brote de ántrax en la zona. Nadie había avisado nada.
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