éLas Toninas –la segunda de esas escalas alternadas con el horizonte de dunas al costado de la banquina- revela uno de sus mejores argumentos antes de trasponer su portal de ingreso.
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Parque temático Costa Salvaje
En el kilómetro 314 de la doble vía, el parque temático Costa Salvaje perturba la vista de los automovilistas con las intimidantes réplicas del tiranosaurio rex y un espinosaurio.
Del otro lado de la tranquera –que será reabierta el 2 de enero-, esa insinuación del universo jurásico se transforma en un paseo por senderos trazados deliberadamente para recorrer el sector Tierra de Dinos, visitar una granja interactiva y descubrir huesos y una cría de gliptodonte recreada dentro de una caverna, en el área Pequeños Paleontólogos.
La Plaza de Agua del complejo surge oportuna para refrescarse en medio de la caminata bajo el sol, aunque también se puede reparar energías bajo la arboleda que refresca las parrillas, en la confitería con vista a un lago o entregados al ritmo relajado de un tren que atraviesa el predio de 4 hectáreas.
El Laberinto
A cuatro cuadras de la playa, ese perfil recreativo y didáctico se reafirma a los pies de un mangrullo de 10 metros de altura. Los cinco caminos de arena de El Laberinto –trazados entre cercos vivos de acacias sobre un médano natural- introducen a los visitantes en una aventura sin rumbo cierto.
La aparición del Troncomóvil de Los Picapiedra y un barco pirata estimulan a seguir adelante, pero, una y otra vez, la salida posible asoma detrás de una subida, una bajada pronunciada o una curva cerrada y despista a los caminantes. Los que se rehúsan a afrontar el desafío se inclinan por apreciar la serie de esculturas del Vía Crucis o completar el circuito de una pista de salud, mientras el bosque despide los gritos de alegría de aquellos que alcanzaron el objetivo y se deleitan con la excelsa panorámica de chalés, colinas de arena y mar desde lo alto del el mirador.
Naufragio Buque Brasur
La vista iluminada a discreción por el sol del atardecer también registra el paso de los pescadores, encaminados hacia el mástil del Barco Hundido, la única pieza que la marea baja permite distinguir del barco Brasur, encallado en 1995 a 20 metros de la orilla y transformado en una magnífica referencia para conseguir ejemplares de corvina, bagre, burriqueta y raya.
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