miércoles 18 de mayo de 2022
Turismo Mar del Plata | Costa Atlántica |

Mar del Plata: el nuevo circuito gastronómico "oculto" de la ciudad

Crecen los espacios reservados a puertas cerradas donde la gastronomía se potencia con la experiencia sensorial. Cada vez más chefs optan por esta modalidad lúdica que gana adeptos entre los turistas y locales. El precio promedio $2000.

Fuera del circuito comercial, en Mar del Plata crece una propuesta gastronómica lúdica y exclusiva para deleitar no solo los paladares. ¿Dónde vivir esta experiencia? Aquí una lista de los lugares más emblemáticos donde se come con desconocidos, se accede con clave y puertas adentro todo es una sorpresa.

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The Clue

The Clue

The Clue

Para ingresar hay que obtener una contraseña. Entonces, los pasos a seguir son los siguientes: a través de las historias de Instagram (The Clue hidden bar) se dan las pistas semanales a sus seguidores. Una vez descifrada, se menciona la palabra clave en la entrada. Se abren las puertas, y empieza la magia.

Una vez adentro la disposición, la iluminación y la ambientación llevan a cada visitante a sentirse en una dimensión paralela que se va transformando a medida que se descubren los recovecos dispuestos en distintos niveles.

The Clue es el primer y único hidden bar (en inglés, bar oculto) en la Costa Atlántica, inspirado el universo de la alquimista Julia Tanner, convertida en una leyenda del siglo XIX por sus enigmáticas pociones.

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Tragos de autor

Tragos de autor

La experiencia sensorial se completa con la gastronomía. El menú puede ser por pasos -que incluye entrada, plato principal y postre- o a la carta. Se destaca el pulpo marinado en ostras y vinagreta de ajos, y el risotto de espinaca con zanahoria y choclos asados.

La coctelería es un capítulo aparte; el sello distintivo del lugar. La casa recomienda Travellers con coñac, lima y naranja y, saúco que se presenta en un cofre rojo cerrado. Mientras que el Power Source es la opción dulce que se sirve acompañado de un chupetín.

Está abierto todos los días aunque de jueves a sábado el ambiente se vuelve “bolichero” con la presentación de DJs. El valor promedio de sus preparaciones ronda los $1100.

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A la que te criaste

A la que te criaste

A la que te criaste

Saliendo del circuito comercial está el antiguo galpón que le perteneció al bisabuelo del chef y fundador del espacio, Leo Santacroce. No hay marquesina, ni cartel que indique donde está el restaurante. Todo se desarrolla en absoluto hermetismo. Se accede por reserva previa, el único punto de referencia es Bolivar 4331, la puerta roja.

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Platos inspirados en recetas del mundo

Platos inspirados en recetas del mundo

La idea de hacer un restaurante a puertas cerradas nació en abril del 2015. Amante de la cocina y los viajes, Santacroce recorre los distintos continentes para fusionar los sabores de todas partes del mundo con los locales. “Estoy siete meses en el país, y el resto del tiempo salgo a viajar. Cada año visito un destino distinto, recopilo platos y secretos. Cuando vuelvo a Mar del Plata adapto todo al restaurante. Por eso cada noche es una temática diferente, al igual que la ambientación”.

El valor del cubierto oscila entre los $2000 y $2500 con plato de bienvenida, entrada, principal, postre y bebida.

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Encuentro a ciegas

Encuentro a ciegas

Encuentro a ciegas

“No es un restaurante a puertas cerradas”, aclara Lisandro Aldaya, chef y creador. La idea es comer con desconocidos, un menú secreto en una locación que se revela minutos antes de la cita. “Le escribís a las redes sociales de Encuentros a ciegas y, cuando se completa el cupo de ocho o nueve personas, se empieza a organizar la mesa (única) para la comida”, explica Aldaya.

“Es una experiencia distinta donde invitamos a los comensales a comer en el living de mi casa ubicada en la zona de los Acantilados. Lo único que les preguntamos es si tienen alguna restricción alimentaria, después nos ocupamos de todo”.

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Una experiencia distinta

Una experiencia distinta

Junto a su mujer, Fernanda, preparan una secuencia de cinco pasos. “Todo es personalizado, se vive la gastronomía de una forma íntima, cercana. Lo lindo de cada noche es que se reúne gente que viene con distintas experiencias y eso hace que las charlas sean más interesantes”, admite.

La materia prima como los vegetales o las frutas las compra el mismo día. De igual manera lo hace con los mariscos y los pescados provenientes de las pescaderías artesanales. “Todo está cuidado para que sea de calidad. La verdad es que somos muy felices haciendo estos encuentros”. El valor es de $2800 por persona, no incluye vino, ni cerveza; sí bebidas no alcohólicas.

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Angkor

Angkor

Angkor

Nadie imagina que en el antiguo subsuelo de la majestuosa Villa Normandy funciona un espacio gastronómico innovador. Juan Pablo Cittadini revivió el ambiente donde antes dormían las institutrices de las hijas del matrimonio Delor, antiguos propietarios de la residencia. La familia Lorini adquirió la propiedad en 1985 y logró ponerla en valor. “Se encontraba en perfecto estado, por lo que no hizo falta grandes intervenciones. Le agregamos el mobiliario contemporáneo que contrasta con la piedra, los techos de ladrillo y los detalles en hierro”.

Al lugar lo bautizó Angkor, por su amor por el continente asiático, y los platos se cocinan en el kamado, un horno japonés. “Esta técnica permite cocciones a baja temperatura, ahumados, y genera que las comidas -tanto carne como pescados- potencien sus sabores. La carta no es fija, varía cada semana según los productos de estación”, explica.

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Comidas realizadas en el kamado, horno japonés 

Comidas realizadas en el kamado, horno japonés

El precio promedio por persona es de $3000 e incluye vino de etiqueta. Como entrada se destaca el tiradito de pez limón con aliño de cítricos o el carpaccio de ternera con ensalada de hinojos, endivias y mix de hojas verdes. A la hora del plato principal se sugiere el ojo de bife madurado con crocantes de papas. Y en materia de postre sobresale el plato de quesos con panal de miel crocante de pan y frutas frescas

Las paredes hablan a partir de los diseños que elaboró el arquitecto y artista Homero Gonzalez Zangorrín en el que recrea imágenes de niños jugando con la vestimenta y contextos de la época en la que Villa Normandy fue construida. “Mar del Plata recupera un espacio que prácticamente nunca estuvo abierto al público en general y sofistica la propuesta gastronómica con una alternativa diferente”.