La fascinante historia del castillo de las sierras cordobesas construido por un cirujano rosarino que busca nuevo dueño
Encargado a finales de la década de 1920 por el célebre médico rosarino Bartolomé Vasallo y transformado años más tarde por un magnate austríaco que escapó del nazismo, este refugio arquitectónico atesora pasajes de espionaje, glamour europeo, obras de arte recuperadas por Interpol y visitas de presidentes argentinos en pleno Valle de Punilla.
Erigido a finales de 1920 bajo el nombre de "La Fortaleza", el edificio fue completamente remodelado por el arquitecto húngaro Jorge Kalnay para convertirlo en una residencia de estilo europeo.
En lo alto de un cerro que domina las postales más imponentes de La Cumbre, Córdoba, una construcción legendaria resguarda secretos de la historia argentina e internacional desde hace casi un siglo. La propiedad comenzó su trazado a finales de la década de 1920, cuando el prestigioso cirujano y hacendado rosarino Bartolomé Vasallo decidió erigir un auténtico capricho arquitectónico de estilo medieval.
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Conocido en sus comienzos como "La Fortaleza" o "El Fuerte", el inmueble proyectado por los arquitectos Emilio Maisonnave, Ernesto Mansella y Durand destacaba por sus almenas, sus torres defensivas y hasta un cañón real ubicado junto a la entrada principal.
El médico rosarino, de origen humilde pero poseedor de una fortuna que incluía siete estancias en Entre Ríos y el palacio donde hoy funciona el Concejo Municipal de Rosario, pasaba allí sus veranos familiares. Un busto en tamaño natural de su esposa Edelmira Quintana custodiaba la puerta de acceso, adornado por ella misma con pelucas y uñas postizas, mientras que dos mástiles con banderas anunciaban la presencia de la pareja al pueblo: la azul señalaba al doctor y la colorada a su mujer. Tras la muerte de Vasallo en 1943 y el rechazo del Estado a recibir el castillo en donación por sus elevados costos de mantenimiento, la propiedad salió a remate público en diciembre de ese mismo año.
El comprador en aquel remate fue el industrial austríaco Fritz Mandl, uno de los hombres más ricos del mundo según la revista Forbes, quien había escapado del régimen de Adolf Hitler tras la expropiación de sus acerías en Europa. Mandl, exesposo de la famosa actriz Hedy Lamarr y amigo personal de Juan Domingo Perón, adquirió la residencia porque le recordaba a los castillos de Salzburgo.
De inmediato encomendó una profunda reforma al arquitecto húngaro Jorge Kalnay. Con planos traídos de Francia y mobiliario exclusivo de la Casa Comte de Buenos Aires, la fortaleza perdió su impronta bélica para convertirse en un elegante chalet de estilo centroeuropeo con toques minimalistas inspirados en Jean Michel Frank y Diego Giacometti. Por sus salones pasaron príncipes destronados, actrices europeas y figuras de la aristocracia internacional, alimentando incluso el mito popular sobre una supuesta visita secreta del propio Hitler.
Con el paso de las décadas la residencia entró en un período de desuso hasta que, en los años 90, el hijo de Mandl le cedió el uso de la propiedad a Hugo Anzorreguy, por entonces titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) durante el gobierno de Carlos Menem.
El acuerdo estipulaba que el organismo se haría cargo del mantenimiento y los impuestos, disparando la leyenda local de una "sede paralela de la SIDE en las sierras". En esa época, aviones procedentes de Buenos Aires desembarcaban mármoles, cortinados importados y accesorios de lujo mientras hombres con anteojos oscuros caminaban por las calles de La Cumbre. Presidentes como Carlos Menem y Fernando de la Rúa se hospedaron en el castillo, que en 1990 sufrió el robo de 42 valiosas pinturas de arte colonial cusqueño, de las cuales 13 fueron recuperadas años más tarde en España por Interpol.
Qué hacer en La Cumbre: patrimonio histórico, parques arbolados y elegancia serrana
La experiencia alrededor del castillo y en los rincones tradicionales de la villa de Punilla ofrece múltiples alternativas para recorrer a pie o en vehículo:
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Circuito de arquitectura e historia colonial: Los visitantes pueden recorrer los caminos de montaña de La Cumbre para apreciar las imponentes fachadas de casonas señoriales de principios del siglo XX, contemplando la figura del Castillo Mandl desde los distintos miradores panorámicos de la zona.
Caminatas por el bosque nativo y especies europeas: Las casi 10 hectáreas de la propiedad albergan un frondoso bosque con especies traídas especialmente de Europa por el doctor Vasallo. Este entorno arbolado, sumado a los cultivos de olivos y frutales, generó un microclima único ideal para el senderismo, el avistamiento de aves y la fotografía de naturaleza.
Visitas al centro histórico y club de golf: La localidad invita a pasear por su tradicional campo de golf de estilo británico fundado a comienzos del siglo pasado, sus galerías de arte local, ateliers de pintores residentes y sus acogedores centros culturales.
Gastronomía de autor y la experiencia de alojarse en una fortaleza de lujo
La infraestructura turística de La Cumbre destaca en el Valle de Punilla por su distinción y su refinada propuesta culinaria:
- Sabores de alta gama y casas de té: la localidad alberga selectos restaurantes de campo, bistrós y tradicionales casas de té de estilo inglés. Las cartas destacan por sus carnes a las brasas, pastas artesanales con hongos de pino recolectados en las sierras, tablas de quesos regionales y repostería centroeuropea acompañada por mermeladas caseras de frutos locales.
- Hospedaje exclusivo y hoteles boutique: transformado desde 2006 en una hostería de alta categoría bajo el nombre de "El Castillo de Mandl", el inmueble ofrece una experiencia de alojamiento de lujo con sus 16 habitaciones con baño privado, suites de estilo colonial, salones con chimeneas de mármol, bodega subterránea y una piscina panorámica comunicada mediante un puente de piedra sobre el jardín. Para el resto de los viajeros, La Cumbre dispone de posadas boutique, cabañas de montaña y casonas tradicionales de alquiler temporario.






