Escapada a un tesoro de Calamuchita que nació de la fiebre del oro y hoy es un refugio de paz
En el corazón de Córdoba existe un pueblito fundado en el siglo XVIII que guarda secretos mineros, un monasterio benedictino y un río cristalino.
En el corazón de Córdoba existe un pueblito fundado en el siglo XVIII que guarda secretos mineros, un monasterio benedictino y un río cristalino.
En este escenario, el departamento de Calamuchita esconde a Calmayo, una pequeña localidad que combina la fuerza de la naturaleza con un pasado fascinante que pocos conocen.
La historia de la localidad comienza junto al colono español llamado Gigena Santisteban quien fundó el pueblo en 1772. En aquel entonces, el Rey de España le entregó estas tierras con una misión clara: explotar la riqueza mineral de la zona. Así nació una breve pero intensa "fiebre del oro" local a través de tres minas principales: El Tío, Tacuarí y Tampayo.
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La minería prosperó durante años, pero la naturaleza tuvo la última palabra. El metal comenzó a escasear y, al profundizar las excavaciones, el agua de las vertientes inundó los túneles por completo. Hoy, las minas inundadas forman parte del misterio de un pueblo que supo reconvertirse hacia el turismo de descanso.
A solo 5 kilómetros del centro urbano, el Monasterio Nuestra Señora de la Paz ofrece una experiencia única. Los monjes benedictinos fundaron este espacio en 1976 y, desde entonces, mantienen un clima de reflexión absoluta que contagia a los visitantes.
En este lugar podés encontrar:
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El casco original de la estancia que construyeron los Gigena sigue en pie como un testigo silencioso del siglo XVIII. Si visitás el pueblo cerca del 24 de septiembre, podés participar de las Fiestas Patronales en honor a la Virgen de la Merced, donde la comunidad celebra su identidad con actividades sociales y religiosas que mantienen vivas las tradiciones gauchas.
Para los amantes del aire libre, Calmayo ofrece un menú variado: