Escapada a dos destinos de Argentina que ofrecen las mejores postales este otoño
Entre marzo y mayo, la Patagonia y la Cordillera transforman sus colores y bajan sus precios. Descubrí por qué estas dos joyas argentinas son el refugio ideal para una escapada perfecta.
El cambio de color en los bosques de Bariloche se debe a la degradación de la clorofila en árboles nativos como la lenga, un proceso biológico que ocurre justo antes de la caída de las hojas en mayo.
El otoño representa, sin dudas, una de las mejores épocas para armar el bolso y salir a la ruta. Mientras el calor sofocante del verano se retira, Argentina despliega una paleta de colores que parece retocada con filtro. Viajar en esta estación no solo te permite ahorrar unos pesos, sino que también te regala el silencio y la exclusividad que la temporada alta te roba.
Si buscás paisajes que te dejen sin aliento, existen dos destinos que se llevan todos los premios cuando bajan las temperaturas: Bariloche y Mendoza.
Bariloche: colores a orillas del Nahuel Huapi
La ciudad patagónica cambia su piel verde por un espectáculo de rojos, amarillos y naranjas intensos. Las lengas y los ñires en las laderas de las montañas inician su ciclo de transformación y convierten cualquier caminata en una experiencia visual alucinante.
Circuito Chico: Recorrer esta ruta en otoño es obligatorio. Los miradores ofrecen una panorámica del lago Nahuel Huapi enmarcado por bosques dorados.
Trekking y aire puro: El clima fresco, pero todavía agradable, invita a subir el Cerro Campanario o caminar hacia el Llao Llao sin el sofocón del sol de enero.
Sabor a montaña: Cuando refresca al caer la tarde, nada supera a un chocolate artesanal o un té frente al lago. La gastronomía local, con sus carnes ahumadas y platos calientes, encaja perfecto con el espíritu de la estación.
Luego de la cosecha en Mendoza, los viñedos entran en un periodo de reposo vegetativo que tiñe los valles de dorado, una etapa crucial para la calidad de la uva de la próxima temporada.
Mendoza: viñedos dorados y el gigante de América
Si Bariloche es el fuego del otoño, Mendoza es el oro. La provincia brilla con una luz especial entre marzo y mayo. Tras la efervescencia de la Fiesta de la Vendimia, las fincas recuperan la calma y las hojas de los viñedos se tiñen de amarillo al pie de la imponente Cordillera de los Andes.
Enoturismo exclusivo: Las bodegas abren sus puertas con una propuesta más íntima. Podés disfrutar de degustaciones guiadas y recorridos por los viñedos sin las multitudes del verano. Muchas bodegas ofrecen almuerzos al aire libre donde el maridaje entre el vino y el paisaje es absoluto.
Aventura en la Cordillera: El Parque Provincial Aconcagua te permite contemplar la cima más alta del continente con una claridad envidiable. El aire seco de la montaña y el cielo despejado garantizan fotos increíbles en la Laguna de Horcones.
Rutas panorámicas: Un viaje por la Ruta 7 hacia Alta Montaña te muestra cómo el otoño abraza a los cerros, creando contrastes entre la roca y los álamos dorados que bordean los ríos.
Viajar en esta etapa del año tiene beneficios que van más allá de lo visual. Primero, el bolsillo lo agradece: los alojamientos y pasajes suelen tener tarifas mucho más razonables. Segundo, el clima acompaña los planes activos; podés caminar horas sin transpirar y dormir con el fresquito rico de la montaña.
Tanto Bariloche como Mendoza combinan infraestructura de primer nivel con una naturaleza que, en otoño, muestra su faceta más sofisticada y poética. Es el momento de aprovechar el silencio, sacar la cámara y dejarse sorprender por el país.