El rincón de Córdoba con un mar interior, un misterioso hotel histórico y avistaje de flamencos
Ubicada sobre la costa de la enorme Laguna Mar Chiquita, esta villa turística ofrece puestas de sol memorables sobre un horizonte sin fin, gastronomía con impronta local y santuarios naturales.
La creación del Parque Nacional Ansenuza protege más de 660.000 hectáreas de humedal que albergan al 66% de todas las especies de aves migratorias registradas en la Argentina.
Pocos rincones de la provincia de Córdoba desafían tanto la imaginación como Miramar de Ansenuza. Emplazada en el noreste provincial y a poco más de tres horas en auto desde la capital cordobesa, la localidad se asienta frente a la Laguna Mar Chiquita, uno de los humedales salinos más extensos y biodiversos del planeta.
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La inmensidad de este espejo de agua regala una ilusión óptica singular para disfrutar en una escapada: no hay montañas ni sierras en la línea de visión, sino un horizonte infinito que remite directamente al mar abierto.
Su transformación en el Parque Nacional Ansenuza terminó de consolidar a este poblado como un faro para el turismo de naturaleza y el ecoturismo sostenible. Quienes arriban al pueblo encuentran un entorno calmo, calles arboladas y una costanera renovada diseñada estratégicamente para contemplar el paisaje en cualquier época del año.
El espectáculo diario de los mejores atardeceres de la provincia
Cuando cae la tarde, Miramar activa su mayor atractivo natural. El sol desciende de forma pausada sobre la superficie calurosa del agua salada, tiñendo el cielo con matices que van del naranja encendido al violeta profundo. Este fenómeno atrae diariamente a cientos de visitantes que se reúnen sobre la rambla marítima o la playa céntrica para vivir la caída del sol con mate en mano o con un trago en los paradores gastronómicos de la costa.
La experiencia visual se intensifica gracias a las características físicas del cuerpo hídrico: al carecer de elevaciones rocosas hacia el oeste, la silueta del sol parece sumergirse directamente en el agua. Este marco transforma a la villa en el punto fotográfico más codiciado del territorio cordobés para la hora dorada (golden hour).
Excursiones náuticas y avistaje de avifauna en un santuario protegido
Las alternativas para entrar en contacto directo con la masa de agua son múltiples y variadas durante todo el día:
- Paseos en lancha y catamaranes: excursiones guiadas que navegan hacia la mítica Isla del Sol o se aproximan a las ruinas sumergidas del Gran Hotel Viena.
- Avistaje de flamencos rosados: avistamiento de tres de las seis especies de flamencos que existen en el mundo, que utilizan la cuenca salina como sitio de anidación y alimentación.
- Senderismo y observación de aves (birdwatching): recorridos por los estuarios del río Segundo (Xanaes) donde conviven más de 380 especies de aves acuáticas y migratorias.
- Deportes náuticos sin motor: prácticas de kayak, stand up paddle y kitesurf en zonas delimitadas y de oleaje sereno.
Historia de leyenda, salud natural y la imperdible nutria a la cazuela
La riqueza de Miramar trasciende su geografía hídrica y se adentra en su patrimonio cultural e histórico. Un imperdible de la visita es la caminata guiada por el Gran Hotel Viena, un legendario edificio levantado en la década de 1940 que albergó un mito popular de sanación y misterio, hoy convertido en museo histórico recuperado tras las inundaciones que marcaron la historia local.
Por otro lado, la alta salinidad del agua y los barros termales de la laguna conservan propiedades terapéuticas reconocidas para el cuidado de la piel y las articulaciones, un atributo que aprovechan los spas locales. Al llegar la noche, el circuito gastronómico se enciende con una propuesta distintiva de la zona: la carne de nutria criadero, servida en cazuelas, al escabeche o a la parrilla, acompañada por pejerreyes frescos de la laguna y cervezas artesanales producidas en la región.






