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Trombofilia: emotiva campaña fotográfica de concientización

La fotógrafa Yanina Bertona contó por Rebeldes sin siesta cómo surgió la idea de la producción de fotos para concientizar acerca de la trombofilia y promover una ley que permita realizar de manera gratuita su tratamiento y expresó que “fue algo bastante loco porque vino una mamá a hacer una sesión de fotos, con una bebé de días, es normal que en las sesiones nos pongamos a hablar. Vino ella con su marido y a mitad de sesión me cuenta que se tuvo que poner heparina a mitad del embarazo, sabía lo que me contaba porque me pasó en mis dos embarazos. El día de la sesión no trajo las jeringas, pero le pedí que vuelva e hicimos esa sesión, a mí me movilizó entera porque lo viví en carne propia”.

“Muchas mujeres pierden muchos embarazos, tengo entendido que para que te reconozcan la heparina tenés que tener dos o tres embarazos perdidos, es algo tremendo para una mujer, muy doloroso.  Es algo bastante común, lamentablemente, que una mamá no se pueda hacer este análisis, es algo terrible”, agregó.

“Este tipo de cosas mucho no las planifico, me van surgiendo, quería que eso tan chocante que es una jeringa forme parte de la escena en la fotografía, que lo más importante sea el bebé y demostrar todo es esfuerzo que la mamá tuvo que hacer para llegar a tener ese bebé en sus brazos. Quise relacionar las dos cosas y que esa imagen tan fuerte de una jeringa forme parte de la sensibilidad y fortaleza de una mujer, es un día a día de inyectarse, pero es un sacrificio que da sus frutos y podemos tener al bebé en brazos”, señaló.

 

En cuanto a su experiencia personal, relató: “Lo mío fue particular, me atendía una ginecóloga, era mamá primeriza, me estaba haciendo drenajes linfáticos porque tenía una pierna hinchada, estaba en la sala de espera donde me hacía esos masajes y aparece otro ginecólogo, me pregunta qué hacía ahí, yo lo conocía y le cuento. Me pregunta cómo que tenías las piernas hinchadas, me pide que le muestre y me dice que tenía que ir al sanatorio ya, habló con mi ginecóloga, ahí fui de urgencia, me internaron, estuve dos semanas sin moverme y en la semana 35 nació mi primer hijo, que ya tiene 9 años. Ahora tengo otro que va a cumplir 3 y en los dos tuve que ponerme heparina. Si no me lo cruzaba a mi ginecólogo en esa sala de espera no sé qué hubiera pasado, es mi ángel guardián”.

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