Entre el mediodía y las 7 de la tarde del pasado lunes, Facebook, Instagram y WhatsApp no funcionaron, dejando sin servicio a casi 3000 millones de usuarios en todo el mundo, un apagón inédito para la compañía, acostumbrada a estar disponible las 24 horas durante todo el año.
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Más allá de algún aviso que daba cuenta de que estaban enterados del problema y estaban lidiando con él, no hubo información oficial concreta, durante el lunes, del porqué de la caída.
La explicación oficial de Facebook
Hoy Facebook publicó un comunicado en el que pide disculpas por lo sucedido, y da una explicación: “Nuestros equipos de ingeniería han encontrado que los cambios de configuración en los routers troncales que coordinan el tráfico de red entre nuestros centros de datos causaron problemas que interrumpieron esta comunicación. Esta irrupción del tráfico en la red tuvo un efecto en cascada en la forma en que se comunican nuestros centros de datos, lo que paralizó nuestros servicios.”
Según informa el sitio web La Nación, ese cambio de configuración lo hace una persona; es decir, fue un error humano. Ni un ciberataque ni una falla física. Lo dice Facebook: “Queremos dejar claro en este momento que creemos que la causa principal de esta interrupción fue un cambio de configuración defectuoso. No tenemos evidencia de que datos de usuarios se hayan visto comprometidos como resultado de este tiempo de inactividad.”
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Sobre la tarde del lunes, lo que entendían los expertos en telecomunicaciones es que los ingenieros de Facebook modificaron las rutas que le dicen al resto de internet cómo comunicarse con los servidores de Facebook de la forma más eficiente, y lo hicieron de tal manera que las dejaron invisibles. Así, los servidores de Facebook estaban disponibles, pero nadie podía comunicarse con ellos. Ni siquiera los propios empleados.
Restablecer esas rutas implicó, según el New York Times enviar un grupo de ingenieros físicamente a donde están los servidores de la compañía (en Santa Clara, California), modificar la información, y lograr que esos datos (qué ruta debe seguir un pedido hecho desde un navegador o una app hasta los archivos de la compañía) se propagaran por internet, lo que también tomó un tiempo.
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