Si “gorda” es muchas veces un insulto, se convierte en un diagnóstico que explica cualquier dolencia en los consultorios médicos. “La consulta médica termina siendo una situación muy violenta para nosotros”, afirma Sami Alonso, militante gorda de La Sublevada, espacio transfeminista del partido Nuevo Encuentro de Ciudad de Buenos Aires, que hizo una encuesta con 978 personas, y encontró una situación aún peor a la esperada: 8 de cada 10 personas gordas refirieron haber vivido situaciones de discriminación en el sistema de salud.
El relevamiento se realizó en articulación con la diputada nacional Mónica Macha, del Frente de Todos y sirvió de base para el proyecto de ley para la capacitación obligatoria del personal de salud de todo el país.
Los datos son concluyentes: 7 de cada 10 recibió comentarios sobre su cuerpo por parte de profesionales de la salud. Eso implicó que el 43,46 recibiera un diagnóstico errado sobre su estado de salud. Y por eso, el 33,3% de las personas consultadas prefieren atenderse en consultorios privados por elección basándose en recomendaciones o en búsqueda de profesionales “no pesocentristas”.
La encuesta concluyó que “el tránsito de las personas gordas por los servicios sanitarios constituye en muchas ocasiones violaciones de derechos humanos, de legislaciones vigentes como la Ley 26.529 de Derechos del Paciente y prácticas de violencia institucional hacia las personas gordas”.
Patologizar la gordura
¿Qué es la patologización? Se basa en “la realización de diagnósticos sobre la base exclusiva del peso de las personas”, según la definición de La Sublevada, que es el espacio de géneros transfeminista de Nuevo Encuentro, el espacio político al que pertenece Macha. Otro aspecto es “la asunción de enfermedad y que se dé lugar a procesos médicos y sociales que generan prácticas de violencia y discriminación”. Todo esto surge de “la utilización del Índice de Masa Corporal como una unidad de medida y clasificación de los cuerpos”.
De este modo, lo que se ve es la gordura, y no la salud integral de la persona. “Tenemos que cuestionar lo que pasa con el privilegio delgado, si una persona delgada va al médico, le van a hacer un diagnóstico integral y a mí me van a mandar a bajar de peso. Eso es el claro ejemplo de la patologización y la mirada pesocentrista”, plantea Sami Alonso. Los efectos son concretos: “La realidad es que nosotres les gordes terminamos procastinando el tema de ir al médico porque ya sabemos cuál va a ser la respuesta”.
Así lo entendió la diputada Mónica Macha, quien presentó el proyecto de “capacitación obligatoria de efectores de salud para garantizar el derecho a la salud integral de las personas gordas”. “Lo que nos planteamos fue cómo generar una instancia de capacitación continua dentro de las capacitaciones que siempre tienen los equipos de salud, que aborden la diversidad corporal”, dijo la legisladora a Aire de Santa Fe.
Esta discriminación “se da en todos los aspectos de la vida social, cuando también se da en el espacio sanitario tiene otra gravedad, porque en definitiva lo que se logra con este nivel de discriminaciones es que las personas que habitan o tienen un cuerpo gordo terminan no yendo a su consulta, evitando ese encuentro hasta último momento, entonces esto trae un perjuicio importante en la salud, situaciones que no se previenen o que se toman ya muy tarde, y todo parte de esa discriminación primera hacia la diversidad corporal”.
Macha subraya que se trata de “una situación bien grave”. “En definitiva, frente a una disciplina como la medicina, que tiene un basamento más biologicista, muchas veces opera el prejuicio antes que la necesidad de hacer los estudios que corresponden, o tener diagnóstico. Frente a la manifestación de alguna dolencia, muchos profesionales de la salud lo relacionan con la gordura, y eso no es necesariamente así”. Por eso, Macha considera necesario “acompañar la formación de las y los profesionales de la salud para lograr un trato digno, respetuoso y eficaz”.
Desde el activismo -al que el proyecto de ley le reserva un lugar protagónico a partir de la integración de un Consejo Consultivo-, Sami subraya que “está muy instalado en el sentido común que el gordo es gordo porque quiere, sino haría algo para cambiarlo. El modelo de salud dice que la obesidad es una enfermedad, pero a la vez culpabiliza a las personas gordas”.
Además, operan prejuicios sociales, porque “el mundo del fitness y la dieta tiene un público objetivo al que le venden ese tipo de cuerpo y estilo de vida, la delgadez y el entrenamiento como estilo que garantizan el éxito y la vida feliz”. La activista subraya que “ese público objetivo no es la persona del barrio popular, que se arma un alto guiso. Está claro que una persona que trabaja diez horas y viaja tres horas, tiene poco tiempo para cocinarse. Por eso me pregunto ¿de dónde consumimos la hegemonía? De gente a la que le sobra tiempo, o que vive de su cuerpo, como Jessica Cirio o Sol Pérez”.
Lo ejemplifica en una persona de sectores populares que concurre a una consulta médica en el sistema de salud pública. “Son personas que apenas llegan al sistema público, con suerte, después de todo ese esfuerzo, se encuentran con un médico que les dice, bajá de peso, entrená tres veces por semana. Y muchas veces no pueden. La salud integral también es ese trabajo de doce horas y ese viaje de tres horas. Eso también es lo que el sistema de salud tiene que tener en cuenta”, agrega.
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