En octubre de 2003, Iriana -que entonces tenía otro nombre y otra identidad de género- estaba invitada al casamiento de un amigo, pero no quería ir. Tanto le insistió su hermano, que decidió acompañarlo, con la única idea de tomar mucha cerveza. Hasta que llegó Carina, empezaron a hablar y quedaron en salir. Carina cantaba en un coro, él la fue a buscar, fueron al cine. Querían ver La liga extraordinaria, pero terminaron viendo Bad Boys.
El domingo siguiente, se volvieron a encontrar. “Le dije que yo no me sentía igual que el resto. Me consideraba bisexual, porque en el momento no tenía conocimiento de personas trans. Ella me dijo que me aceptaba como era”. Pocos días después vivían juntes. Hoy tienen un hijo, Valen, de diez años. En 2019, Iriana se fue de viaje con el niño y durante esos dos meses terminó de encontrar su deseo. Era una mujer trans.
El camino de la pareja fue sinuoso: durante muchos meses, más de un año, estuvieron separades, aunque convivían. Iriana siempre supo que quería mantener ese amor. El 1° de enero de este año, Carina le dijo a Iriana que quería estar con ella, que lo quería intentar, que le iba a tener paciencia. Rectificaron su libreta de matrimonio y todavía no saben si el acta mantendrá la fecha del 7 de octubre de 2016, cuando se casaron. “Fui yo la que insistí para casarme”, dice ahora Iriana. En cambio, Carina asegura: “Yo siempre estoy haciendo el bolso” y se define como muy cambiante. “Me enojo todo el tiempo”, sigue, con una sonrisa.
Iriana es tatuadora, le encanta cocinar, tiene previsto hacer la torta de cumpleaños de Valen y despliega un sofisticado menú cuando se le pregunta por sus especialidades. La semana próxima le pondrán los implantes mamarios. Lo habló con su hijo, que ya no festeja el día del padre y le dice mamá. “Le pregunté si sabía de las diferencias entre nenas y nenes, me dijo que sí, por ejemplo, las tetas. Le pregunté si él sabía que yo antes era un nene y ahora una nena, y había cosas que me faltaban como los pechos, y que me hacía feliz poder tenerlos”, relata Iriana esa conversación. La respuesta de Valen fue: “Ah, ahora vas a ser más mujer, porque vas a tener tetas”. Ella notó que su hijo se emocionó, se puso contento. “Le dejé en claro que es algo que me iba a hacer bien, porque me iba a hacer sentir un poco más mujer, que me va a hacer ver como siempre me soñé. Y que siempre hay que buscar cumplir los sueños”, sigue el relato Iriana.
Con la misma naturalidad, Iriana lleva adelante una militancia didáctica en Tik Tok, la red social de los videos, donde es toda una influencer: tiene más de 98 mil seguidores. Allí explica, una y otra vez, que ser mujer trans no implica una orientación sexual determinada. En uno de los últimos videos asegura que ya está cansada de hacer esa distinción, pero continúa porque también recibe mensajes amorosos, de personas que pudieron salir del clóset como lesbianas o gays, y de personas trans que pudieron encarar sus transiciones, porque las ayudó escucharla. ¿Cómo se hizo tiktoker? En octubre de 2020, uno de sus videos se hizo viral. Hoy, todos tienen miles de vistas. En uno de los últimos, muestra su transición personal y familiar. Iriana trabaja en el Laboratorio Industrial Farmacéutico, donde ingresó el año pasado. “Me quieren tener ahí para toda la vida”, cuenta orgullosa.
“Le dije que yo no me sentía igual que el resto. Me consideraba bisexual, porque en el momento no tenía conocimiento de personas trans. Ella me dijo que me aceptaba como era”.
Su camino comenzó como cross dresser (personas que despliegan la feminidad en momentos determinados). Carina la “acompañó en muchas cosas”. Sabía de sus noches como mujer, lo respetaba y lo hacía respetar. Ser mujer trans fue un camino largo. Un día iban en un colectivo, y subió una chica trans. Iriana no pudo sacarle los ojos de encima. “Con ella no puedo competir”, le dijo Carina. No se trataba de competencia, Iriana quería hacerle todas las preguntas del mundo. Así quería ser pero todavía no lo sabía. Como tatuadora conoció a otra chica trans, Shendell Abril Espíngola, que lo supo enseguida.
Durante la pandemia, Iriana hizo pública su identidad de género. Vivían con su mamá, a quien le costó aceptarlo. Carina decidió que se iban a mudar, y así lo hicieron, para proteger a toda la familia de cualquier maltrato. Diferente fue la situación en la escuela del niño, donde abrazaron a Iriana y la felicitaron por su valentía.
También decidió adecuar toda su documentación a la actual identidad. Seguir casada con la misma persona, con otra identidad, implicó consultas al Inadi, al Ministerio de Igualdad y Género de la provincia y a la Defensoría del Pueblo. Lo consiguieron.
Durante la entrevista, Iriana es la más locuaz. Expresa su amor por Carina, que va de a poco. En un momento, se larga a hablar. “Recién ahora entiendo la diferencia entre género y sexo, porque yo también hacía el chiste de ‘me autopercibo tortuga’”, cuenta y también sostiene lo difícil que es llevar adelante otra orientación sexual. “En el grupo de las chicas trans, es como que… ahora soy del grupo rosado y me tiene que gustar lo rosado. Es como que somos cajitas, soy del grupo azul, jugamos a la pelota. El humano es muy estructurado y necesitamos ponerle nombre a todo, y qué sos. Estamos averiguando, parecería que nuestro cerebro necesita eso”, se despacha sobre la historia de su vida. Para ella, “antes era re sencillo, era blanco, negro o gris. Hétero, gay (que siempre se le dijo al varón) y bisexual, blanco y negro, ahora hay una gama”.
Su historia de amor la van construyendo. “Siempre tuve el concepto de: mientras la otra persona autorice, hacé lo que quieras con tu vida. Cuando hay un no, es un no. El que te juzga es un reprimido. Para mí la discriminación es la ignorancia sobre algo. Lo primero que hacés ante lo diferente, por una cuestión de defensa es discriminarlo, pero tenés aquellas personas que son curiosas, y preguntan. Como pasa con una fruta nueva, algunas personas dicen ‘no me gusta’ y otras, ‘dame un pedacito, voy a probar’. Gracias a esas personas podemos evolucionar”, desarrolla y aclara: “No sería mi caso”.
Lo que cree Carina es que se necesita “comprensión para todo, discapacidad, género”. Sabe las dos cosas en carne propia, porque Valentino tiene un trastorno del desarrollo. “No permito la palabra pobrecito”, asegura. Sobre la pareja, que lleva casi 19 años, asegura: “Nos podemos separar porque ya no nos queremos más, o porque uno u otro se enamoró de otra persona, pero dejarlo porque cambió… ¿Y si tiene un accidente y se prende fuego y está desfigurado? ¿Qué? ¿Lo vas a dejar porque está desfigurado? Tenía una profesora que decía que la belleza es efímera, y es real. Todos mutamos ¿te vas a separar porque alguien envejeció, tiene arrugas?”, pregunta. Y asegura: “en algunas cosas, siempre dije, soy rara”.
Para mí la discriminación es la ignorancia sobre algo. Lo primero que hacés ante lo diferente, por una cuestión de defensa es discriminarlo, pero tenés aquellas personas que son curiosas, y preguntan.
Iriana acota: “Es la rara más linda del mundo”.
El 15 de julio de 2010 se sancionó la ley de matrimonio igualitario que puso a la Argentina entre los primeros diez países del mundo que reconocía este derecho. En la actualidad, existen todavía 67 países donde la homosexualidad es penalizada.
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