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Sociedad tatuaje | Día Internacional de la Mujer |

Una tatuadora pionera en un mundo de hombres: el arte de dibujar sobre la piel

Erica González es Chun Li, una tatuadora que tuvo su primera máquina cuando su papá se ganó la quiniela y cumplió la promesa de comprársela. Hoy, tiene premios en Convenciones de Tatuajes. Además, realiza una tarea solidaria: la reconstrucción de pezones tras una mastectomía por cáncer de mama o reasignación de género.

Chun Li fue el nickname que eligió Erica González en tiempos de banda ancha y ciber cafés. En uno de esos negocios trabajaba hace unos quince años, cuando aprendió a tatuar. No tiene nada que ver con el personaje de Street Fighter: el nombre surgió como una broma, por una publicidad de entonces. “Chun Li tatuando” se ponía en el estado de Messenger. Hoy es una tatuadora, ganadora de premios en Convenciones de Tattoos de Rosario y todo el país, con un estudio propio en pleno microcentro de Rosario. Y también es una mujer comprometida: en forma gratuita, ofrece la reconstrucción de pezones a través del tatuaje a quienes han sufrido una cirugía mamaria por cáncer y también a varones trans. También les pinta diseños artísticos para disimular las heridas.

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Desde los 12 años, Erica quedó fascinada con una revista de Estados Unidos que, en aquel entonces, le “voló la cabeza”. “Llegué al tatuaje porque siempre me intrigaron las disciplinas artísticas que van por fuera de los academicismos. Estudié Bellas Artes en La Plata, en 1998, pero siempre me gustó el graffiti, el humor gráfico, todo lo paralelo”, comienza su relato, en el que no hace alusión a su tarea solidaria. “Hice dibujos animados durante muchos años, también hice aerografía con Rocambole, el de los Redondos (de Ricota)”, continúa.

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Pasaron varios años para que pudiera desplegar sus deseos. “A mí me llegó una revista, cuando era muy chica. Me gustaba mucho la historieta y estaba metida con el humor gráfico y el cómic”, actualiza sus recuerdos. Era una revista de Estados Unidos que traía objetos de arte extraños, motoqueros, graffitis y también tatuajes. “Me voló la cabeza. O sea, tenía 12 años cuando encontré esa revista en la ciudad donde crecí, Bahía Blanca. Y yo dije que no sabía qué era eso, pero me súper intrigó. Cuando sos chica, las cosas te fascinan. Eso me quedó en algún rincón”, sigue el relato. Entonces, sin acceso a internet, la información se conseguía a cuentagotas. Nunca dejó de buscar, y encontró.

Sus comienzos en el arte del tatuaje parecen de película. Hoy sus piernas y sus brazos despliegan un arte propio, con conejos y diversos colores, aunque en sus comienzos era menos habitual. “Antes de tatuarme empecé a tatuar. Yo quería comprarme la máquina, pero tenía una situación económica muy austera y mi familia también. Entonces mi papá me dijo que, si ganaba la quiniela, y yo le prometía que no me iba a tatuar, me regalaba la máquina”, cuenta Erica con cierta picardía.

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Sus comienzos en el arte del tatuaje parecen de película. Hoy sus piernas y sus brazos despliegan un arte propio, con conejos y diversos colores, aunque en sus comienzos era menos habitual.

Sus comienzos en el arte del tatuaje parecen de película. Hoy sus piernas y sus brazos despliegan un arte propio, con conejos y diversos colores, aunque en sus comienzos era menos habitual.

Un día, por un teléfono público, llamó a su papá a Bahía Blanca y recibió la sorpresa. “Te hice la promesa y te voy a comprar la máquina, porque me saqué la quiniela”, le dijo él, y realizó la inversión, que en ese momento era onerosa. “Ahí me compré la máquina de tatuar y, en el lugar donde me lo compré, uno de los chicos que estaba ahí tatuando también enseñaba, así que venía dentro del combo”. Su profesor fue Guillermo Serra, el Pelado, impulsor de la Convención Tattoo Rosario Arte Eterno, que se desarrolló el pasado fin de semana en la ciudad. “Le gustó que yo hiciera dibujos animados, que estuviera muy metida en todo lo artístico y a él también le interesaba, entonces tuvimos una buena relación e hicimos un buen intercambio”, rememora.

Pasaron muchos dibujos y diseños artísticos. Hoy, en su estudio hay una pared —medio escondida— con los diplomas de más de una decena de premios en el arte del tatuaje. Más a la vista se pueden apreciar diseños propios y otros regalados por artistas colegas. Una chapita azul dice “Si querés llorar, llorá”.

En lugar de llorar, Melina se mira el hombro agradecida y contenta. “Desde el principio elegí a Eri para mi tatuaje más grande, con colores. Ahí la conocí y ahora, en mi familia, todos nos tatuamos con ella. Nos gusta mucho su trabajo, el compromiso, la responsabilidad”, asegura un sábado al mediodía, después de la última sesión. “Para mí es un plus que sea una mujer porque es un ámbito donde la mayoría siempre son hombres, o por lo menos son los que vemos en todos lados. Me pareció superimportante dar esa posibilidad y sobre todo, con el talento que tiene Eri”, sigue con sus loas a la tatuadora que entiende lo que quiere con solo “palabras sueltas”.

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“Ahora está habiendo un montón de tatuadoras, por suerte. Fue un camino que fuimos armando desde hace un par de años atrás y está muy bueno, porque ahora está más igualitaria la cuestión”, contó Erica.

“Ahora está habiendo un montón de tatuadoras, por suerte. Fue un camino que fuimos armando desde hace un par de años atrás y está muy bueno, porque ahora está más igualitaria la cuestión”, contó Erica.

En cambio, el primer tatuaje que se hizo Erica está inconcluso, porque no le alcanzó el dinero para terminarlo. “Mi profe en este arte de tatuar me lo fue haciendo de onda y se quedó ahí. Capaz que lo taparé en algún momento, pero por ahora está ahí, de recuerdo”, expresa la tatuadora que ama su trabajo. “Esta profesión tiene unos caminos muy lindos, por todo lo artístico. Te vas encontrando con otros artistas, vas viajando, vas conociendo otros modos, otros lugares y eso es muy enriquecedor”, expresa ella, que viajó a todo el mundo y pudo conocer —incluso hacerse tatuar— por algunos de los artistas más importantes.

Cuando empezó, fue difícil hacerse un lugar en un mundo masculino. “Me intrigaba ese ambiente, que era de hombres y más metalero, más oscuro. Entonces, mi pregunta era cómo hacía yo para llegar a esos espacios, porque yo era re nerd, dibujaba, tenía otra onda”, cuenta.

Hoy los tatuajes son moneda corriente. “Ahora está habiendo un montón de tatuadoras, por suerte. Fue un camino que fuimos armando desde hace un par de años atrás y está muy bueno, porque ahora está más igualitaria la cuestión”, se alegra Erica, quien reconoce que “todavía hay machismo”, al igual que en todos los ámbitos. “El armado social y cultural hace que todavía cuestan algunos ambientes, pero las nuevas generaciones, vienen con otra cabeza y eso te da una esperanza en que las cosas sean diferentes a las que una chocó en su momento. Ahí una hizo un poco de espacio”.

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