“Mi vida con Colón empieza el día que nacimos -digo “nacimos” porque tengo una melliza- con mi papá peleando porque el médico no quería que nos pongan el conjunto de Colón que él se había encargado de comprar para ese día tan especial.”
Florencia Scalzo pasó 18 años de su vida lejos del Club Atlético Colón ya que se crió en Margarita, un pueblo a 230 kilómetros de Santa Fe. Creció sabiendo que su corazón era rojo y negro, con un papá muy fanático y con una mamá poco fanática del fútbol. Pudo elegir ser como su padre haciéndose cargo de lo que llama “una hermosa herencia”, que está desde hace años en la familia Scalzo y que los enloquece y moviliza a todos. “Sin dudas fue la mejor elección de mi vida”.
Recorriendo kilómetros
A los 13 años su papá la hizo socia del sabalero, lo cual la llenó de alegría. Desde ese entonces, empezó a viajar y recorrer la ruta 11 para visitar el Cementerio de los Elefantes.
De visitante, su primer viaje fue a los 15 años, ni más ni menos que a Paraguay contra Cerro Porteño… “¡Qué hermoso quilombo fue! Pero sin dudas que volvería a ir.”
Lo que más la marcó fue que la peor época del club la vivió de lejos, sin poder manifestarse ni hacer nada. Solo podía ir a la cancha cuando jugaba el Sabalero, con viajes de vuelta que según ella se hacían interminables.
A los 18 años todo cambió cuando vino a vivir a Santa Fe para estudiar. Pero con una idea muy clara: trabajar para el club.
Su vida en el club
“Hoy estoy muy orgullosa de decir que formo parte de la agrupación Caravana Sabalera. Conocí gente muy comprometida con el club, muy enferma por Colón. También puedo dar una mano en el grupo del recibimiento, un laburo impresionante que hacemos para que el Cementerio siempre sea una fiesta.”
Flor también comenzó su recorrido y participación por los rincones del club, gracias al fútbol femenino. Empezó jugando y ahora solo está en la subcomisión.
También está pendiente de los deportes amateurs: siempre va a verlos, ya que “Colón no es sólo un club de fútbol“.
Un partido importante
“Si tengo que elegir un partido importante, sin dudas elijo el del 2 de agosto, en San Pablo. Un sueño hecho realidad. Llorar de alegría abrazada a mi papá no tiene precio. Creo que se hizo justicia por aquel partido en cancha de Rosario Central contra Atlético Rafaela, donde también lloré abrazada a mi padre y a mi hermana pero de tristeza, de angustia y de dolor. Ese año también acompañamos a Coloncito a Pergamino, otro partido triste, feo y con problemas. Pero el partido siguiente en casa, nunca lo voy a olvidar. El día del ascenso, más lágrimas y más abrazos con papá.”
Las redes sociales
Florencia tiene muchos seguidores colonistas en twitter que están expectantes de sus publicaciones:
Colón, cumbia y porrón por el resto de mi vida. No traten de entenderlo!!!!
— Flor (@FlorScalzo97) 30 de agosto de 2018
Sus tatuajes sabaleros
No se explica: se siente
“Colón para mi fue y es enseñanza pura. Aprendí el significado del compromiso, del respeto, del trabajo en grupo, de la amistad, del amor, así como también aprendí a decir mentiritas piadosas para viajar sola de visitante, a Quilmes, a La Paternal, a Paraná… o para hacerme los tatuajes sin que mi mamá se entere, ¡con papá siempre cubriendome y de mi lado!”
“Me cuesta mucho resumir lo que significa Colón para mi ya que prácticamente mi mundo gira en torno a lo que pasa en el club. Toda mi vida voy a estar agradecida a Colón, porque hoy estoy convencida de que si soy feliz es gracias a Colón, si tengo los amigos que hoy me bancan todas y son importantísimos en vida… es gracias a Colón.”
“El Sabalero es mi motor y motivo para levantarme cada día, y por eso voy a estar eternamente agradecida. Prometí hacerme cargo de esta herencia tan preciada hasta el día que me muera. ¡Gracias pa, gracias Chiche! Los Scalzo, ayer, hoy y siempre.”




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