Cruzando el lago Nahuel Huapi desde Playa Bonita, en San Carlos de Bariloche, se encuentra dormida la isla que hace 70 años prometió ser un laboratorio de energía nuclear pero terminó siendo un fraude. Hasta el día de hoy, las ruinas del proyecto sobreviven al paso del tiempo y al crecimiento de la vegetación: edificaciones imponentes y estructuras oxidadas permanecen de pie en el silencio intenso que atraviesa el lugar.
Sin custodia de ninguna entidad estatal, está a 20 minutos en kayak de la costa. Pero hay un detalle: a pesar de los intentos por parte del gobierno municipal de Bariloche, no hay ningún circuito turístico que la promocione y su recorrido es sólo para aquellos que conocen la historia y logran, si el clima lo permite, cruzar el Nahuel Huapi. Es más, está totalmente deshabitada.
En sus 74 hectáreas, hay más de siete edificaciones que quedaron abandonadas cuando se conoció que Richard Richter era un farsante. Son tres laboratorios, un comedor gigante, un edificio para un reactor, escaleras y hasta un cementerio improvisado donde yacen los restos de uno de los primeros pobladores del lugar: el Cacique Bernardino Guemul.
La historia del proyecto comenzó en 1948 cuando Richter, el científico austríaco, le dijo al entonces presidente Juan Domingo Perón que podía generar la fusión nuclear controlada en frío, una fuente de energía para los argentinos y un cambio radical en la producción industrial. De esta manera, comenzó a gestarse en secreto el denominado Proyecto Huemul.
En julio de 1949 Perón firmó el decreto de creación del “Centro Huemul”, nombró al ingeniero como director y permitió que se instale en el lugar junto a su mujer. La construcción de los laboratorios se puso en marcha y el proyecto creció a la par de la confianza de Perón en Richter.
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Nueve meses después, el Coronel Juan Domingo Perón decidió visitar la isla con su esposa Eva Duarte quienes quedaron encantados y maravillados por lo que vieron y confiaron ciegamente en el proyecto.
Hasta 1951 la historia se mantuvo en secreto. Sin embargo fue el mismo Perón el que decidió trasladar la noticia a todo el país, luego de la confirmación del científico sobre el éxito de sus experimentos.
“La liberación de la energía atómica se logró en el país”, tituló el diario Clarín el 25 de marzo de 1951. “Realizaronse con éxito las pruebas”, detalló la bajada de la noticia. En conferencia de prensa, Perón presentó el supuesto y descubrimiento al mundo y manifestó lo siguiente: “Lo importante es que cuando yo digo una cosa, sé lo que digo y lo digo con seriedad y previamente me aseguro de la información que doy. Por lo menos hasta ahora siempre he tratado de no decir la primera mentira”.
El revuelo fue nacional y mundial. Todo el mundo quería saber qué estaba haciendo Perón en la Isla Huemul y para qué. Los meses transcurrían y las demostraciones empíricas de los avances no llegaban. Por eso, se envió una comisión fiscalizadora integrada por los doctores José Antonio Balseiro, Mario Báncora, Manuel Beninson, Pedro Bussolini y Otto Gamba en septiembre de 1952. El proyecto resultó ser un fraude y el gobierno decidió suspenderlo en noviembre de 1952. Fue el propio Balseiro quien tuvo que decirle a Perón que había sido engañado.
Algunos lugareños dicen que fue el mismo Perón hasta la Isla Huemul para echarlo a Richter y que este se fue nadando por el Nahuel Huapi. Otros, un poco más escépticos, reconocen la historia pero aseguran que es poco verosímil. Lo que sí se sabe es que Richter vivió varios años en Montegrande y murió a principios de la década de 1990.
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