Messi deja la Selección Argentina: el duelo por el final de una felicidad compartida

La despedida de Lionel Messi abre un duelo colectivo: qué perdemos como comunidad cuando deja la Selección Argentina y por qué su figura trasciende al fútbol.

La despedida de Messi de la Selección tiene resonancias más allá del fútbol. 

La despedida de Messi de la Selección tiene resonancias más allá del fútbol. 

“No va a ser posible”, dice TyC en uno de sus videos. Casi siempre, lo primero que ocurre cuando alguien amado se va es la negación. Lionel Andrés Messi anunció el lunes 31 de agosto que deja la Selección Argentina. A millones de personas, en la Argentina (pero también en el mundo), se les estruja el corazón. Comienza un duelo tan esperable como indeseado.

¿Qué perdemos con esta despedida? “En principio sale una reflexión rápida, un tanto superficial, de sentido común: perdemos la posibilidad de ser campeones otra vez, que haya un líder que garantice la victoria, el ídolo que nos salve las papas, la garantía del éxito”, plantea Verónica Almeida, psicoanalista, integrante del Centro de Estudios Salud Mental, Memoria y Transformación.

Con su despedida, a millones de personas, en la Argentina (pero también en el mundo), se les estrujó el corazón.

Con su despedida, a millones de personas, en la Argentina (pero también en el mundo), se les estrujó el corazón.

Desde su posición de jugadora y directora técnica, Mónica Santino aporta otro matiz. “Creo que el duelo empieza en que te cae la ficha de que un jugador magistral, genial, con todas las condiciones técnicas que Messi reúne, no va a estar más en cancha”, dice la directora de La Nuestra Fútbol Feminista, un proyecto para mujeres y disidencias sexuales en la Villa 31 de Buenos Aires.

Con Messi no se van nuestros recuerdos, pero sí “termina un ciclo de la Selección Argentina”, suma Santino.

Una gran incertidumbre

“Todo para adelante es incertidumbre. La continuidad de Lionel Scaloni, de algunos compañeros, una manera de grupalidad que nos hizo volver a las raíces de nuestro fútbol, de quiénes somos, de recuperar una identidad en cancha”, considera la directora técnica.

Con vasta experiencia en el fútbol masculino, Marcelo Márquez es psicólogo deportivo. “Este es un momento que toca atravesar, son de esos momentos que no tienen una respuesta a lo que está pasando, porque tienen una carga simbólica muy fuerte”, analiza sobre la despedida colectiva de Messi con la camiseta que se multiplicó por millones en el mundo.

La carta de despedida de Messi en sus redes sociales.

La carta de despedida de Messi en sus redes sociales.

“Es algo donde se mezcla el sentimiento más popular con lo más singular de cada uno de nosotros. Ahora van a comenzar, y ya han comenzado a verse historias, videos, jugadas, aparecen recuerdos”, sigue Márquez, que trabajó con Rosario Central, la selección nacional de Perú y hoy asiste a atletas olímpicos de Santa Fe.

“Me parece que lo más rico está por venir, son las historias que van a empezar a ser narradas, historias contadas en las mateadas, en los asados, en la sobremesa”.

“Yo lo vi jugar”

Márquez avizora que se repetirán frases como “yo lo vi jugar”, “yo le vi hacer ese gol en la selección” o “yo le vi hacer esa gambeta”. O “me acuerdo cuando estábamos en tal lugar y vimos ese partido de Messi”.

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Porque ¿quién puede olvidar la asistencia perfecta con la pierna derecha para el 2 a 1 con Inglaterra, el 15 de julio de 2026? No sólo Lautaro Martínez llevará ese instante tatuado en su corazón.

Así lo entiende también Almeida. Cree que se pierde “algo más bonito que la posibilidad de la victoria”.

El placer de sus gambetas

“Perdemos el placer de verlo viborear y salirse con la suya entre piernas siempre más largas que las suyas; perdemos la satisfacción que nos da su pase mágico, que la coloca justo ahí como caída del cielo; el alivio de esa remontada triunfante de un partido que ya dábamos por perdido, con energías que quién sabe de dónde saca. Se termina ese bailecito veloz, preciso, calculado que seguramente termina con la bocha en el arco o generosamente en el pie de un compañero que convierte”, dice la psicoanalista, con cadencia de relatora.

El festejo de Messi en la selección siempre fue colectivo.

El festejo de Messi en la selección siempre fue colectivo.

Para quienes aman el fútbol y lo jugaron, se pierde también “una manera de jugar, una forma de defender la camiseta que desde la salida de Maradona no habíamos vuelto a celebrar”, señala Mónica Santino.

Ella misma se sorprende de que salga justo esa palabra. "Hubo un ciclo de muchísimas frustraciones, de enormes equipos de fútbol, y de vuelta de los mundiales muy rápido, y de no encontrarle la vuelta. Sobre todo, no encontrarle la vuelta a lo grupal", rememora.

Y esta selección, la Scaloneta, transmitió la grupalidad. “Messi es la insignia de eso. El símbolo. Alrededor de él se agruparon otras generaciones, pibes que lo tenían como ídolo y lo tenían en pósteres, en habitaciones, y que habían crecido con su figura. De golpe, eran sus compañeros de equipo. Y Messi, desde un liderazgo completamente diferente al de Diego, aunó esas formas de sentir el fútbol”.

La mística de potrero

Santino considera que la selección que tuvo a Messi como capitán dejó “partidos memorables casi de potrero”, pero en un Mundial.

Y recuerda el Argentina-Países Bajos del 9 de diciembre de 2022. “Fue casi un partido de barrio”, asegura, y habla de “una mística”. Todo eso para recordar. Su gesto del Topo Gigio, el “andá pa’allá, bobo”, todo sustentado en su magia con la pelota.

La DT también tiene “la esperanza de una renovación”. Se entusiasma con que “en este momento quizás están naciendo otros Messi, o acercándose a divisiones inferiores, porque somos un país de fútbol”.

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Para ella, el fútbol, el potrero, los clubes de barrio son “una de las marcas registradas en nuestra cultura que muy difícilmente puedan privatizar”.

Destaca que la figura de Messi “en este último tiempo constituyó todo eso, desde un lugar muy distinto, quizás no contestatario, de las grandes declaraciones, pero sí demostrando en cancha los amagues, las gambetas, la forma de buscar espacio, la forma de hacer que todo juegue”.

A Santino -que es de la generación que disfrutó y adora a Maradona- todo eso le parece lo “extraordinario” de la figura de Messi. También recuerda que veinte años “en el alto rendimiento del fútbol, y en este nivel, es un montón”.

Y si bien hay un contrapunto entre la rebeldía del Diego y la corrección de Messi, para Santino “hay una conexión entre él y Diego de un gen futbolístico que es completamente argentino”. Eso la “llena de orgullo”.

Gratitud compartida

La forma de gratitud de Santino es desear: “Ojalá Messi siga cerca de la Selección Argentina, porque grupalmente es un líder importantísimo”.

Tras la carta de despedida, sus compañeros lo despidieron en redes con un amor desbordante, destacando su personalidad. Para quienes no lo conocen de cerca, hay un Messi en las retinas de cada persona que alguna vez lo vio jugar al fútbol.

“Eso es lo rico que tiene también este momento, porque se atraviesa de manera colectiva, junto con otros, donde ojalá lo narrado, las historias contadas, tengan más fuerza que los reels y los videos en las redes”, imagina Márquez.

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Sí, hay un sentimiento que atraviesa todos los mensajes dirigidos a Messi. “Lo que también despierta es agradecimiento, gratitud, y el deseo de que Leo pueda hacer un porvenir donde siga escribiendo su propia historia, donde ahora pueda ser y estar, donde él desee, donde él pueda ser, más que nunca, hijo, compañero, padre, amigo”, señala Márquez.

Leo Messi, quizás como nadie y por su propia decisión, no encarna a un ídolo inalcanzable. Es el buen compañero, el gran jugador que elige lo grupal, el que no se ufana de su increíble superioridad.

Para la psicoanalista Almeida, “todo eso resulta poco para las inmensas y masivas pasiones que nos ha generado ese pequeño gran genio de la pelota”.

“Hay todavía algo más grande que perdemos con la ida de Messi, y es esa sensación hermosa de todos juntos en un mismo momento, en un sentimiento común de felicidad”, analiza Almeida.

“La experiencia reciente de haber compartido colectivamente ese afecto -la felicidad- está muy ligada a los festejos vividos en este último Mundial, el último de Messi... Y eso es lo más doloroso de perder en estos tiempos, porque nos hace bien, nos encuentra y nos recuerda que la vida es más feliz en comunidad”.

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