lunes 10 de agosto de 2020
Sociedad | animales | Coronavirus | Medioambiente

Las lecciones del coronavirus: cuando las enfermedades "saltan" de animales a seres humanos

Investigadores, científicos y activistas creen que una de las pandemias con mayores consecuencias catastróficas de la humanidad debe generar nuevos modos de relación y producción con los animales.

Tres millones de contagios, 235 mil muertes y pérdidas económicas mundiales incalculables a causa del coronavirus. Estas cifras en constante aumento invitan a pensar distintos modos de relación entre la humanidad, el mundo animal y la naturaleza. Expertos académicos y científicos coinciden en que la responsabilidad de que esto no vuelva a suceder es de la especie humana.

El origen del coronavirus que afecta hoy a los animales no humanos es aún incierto. Una de las últimas teorías es la de Estados Unidos que apunta contra un laboratorio chino como el escenario donde se manipuló y creó el virus que tiene en vilo al mundo desde hace seis meses. Pero las hipótesis con más sustento científico y avaladas por la Organización Mundial de la Salud apuntan a la relación entre humanos y animales como disparadora de la pandemia.

Embed

Los virus y las bacterias convivieron con los humanos desde siempre, y en la conservación de sus respectivos hábitats, aquellos no afectan a las personas. Pero entre las enfermedades que sí lo hicieron y lo hacen, el 70% son zoonóticas (transmitidas desde los animales a los humanos), según señala un reciente estudio científico-ambiental de la WWF (Organización Mundial de Conservación, en su traducción al español).

Pero ¿por qué tiene lugar esa mutación genética que provoca el "salto" de un virus zoonótico a los humanos? Para Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre, "esto tiene que ver con que compartimos muchas características con los (otros) animales". Desde este principio, el abanico de motivos es inmenso pero todos tienen su meollo en la relación que las personas establecemos con los animales y su hábitat.

placa jaramillo 1.jpg

"Ha habido muchas enfermedades que han tenido que ver con la rápida vinculación de las personas a ambientes naturales", señaló el ingeniero forestal a Aire Digital y ejemplificó: "La leishmaniasis -enfermedad infecciosa provocada por el parásito leishmania- se manifiesta a partir de un ambiente deforestado donde las personas se instalan rápidamente". La afección que padece parte de los habitantes de provincias argentinas de Misiones y Chaco, es transmitida por un mosquito que en la superficie forestal natural, pica a animales salvajes y hoy pica a las personas que ocupan ese espacio deforestado.

Así, Jaramillo advierte que "hay diferentes indicadores que muestran que cuando las personas afectamos los ambientes silvestres y comenzamos a convivir de alguna forma con ese escenario que todavía no terminó de perder su estado de silvestría, hay más riesgo de contraer enfermedades".

enfermedades cuadro 2.jpg

"La pérdida de la naturaleza y el surgimiento de las pandemias", WWF.

La leishmaniasis es sólo uno de los tantos ejemplos que reflejan las consecuencias de los modos de relación con los animales y los ambientes naturales en pos del desarrollo de modelos productivos y competitivos hoy cada vez más cuestionados por los grupos ecologistas y ambientalistas.

El documento "La pérdida de la naturaleza y el surgimiento de las pandemias", de la WWF, señala que el nuevo coronavirus no es más que la continuidad de una serie de enfermedades que surgieron en las últimas décadas como el ébola, el sida, el sars, la gripe aviar y la gripe porcina. "Todas se originaron en animales, y existe cada vez más evidencia de que la sobreexplotación de la naturaleza por la humanidad es uno de los factores detrás de la propagación de nuevas enfermedades", sostiene.

enfermedades cuadro 1.jpg
Las enfermedades emergentes y los mecanismos de impacto potenciales de las actividades humanas relacionadas con cambios ecológicos.

Las enfermedades emergentes y los mecanismos de impacto potenciales de las actividades humanas relacionadas con cambios ecológicos.

En esta línea, el comercio ilegal e incontrolado de animales salvajes vivos y muertos sumado a las condiciones antihigiénicas en que son conservados para la comercialización -ubicados uno al lado del otro en mínimos espacios mientras se rascan, defecan y orinan- entablan un ambiente propicio para el desarrollo de cientos de enfermedades debido al contacto entre los humanos y los virus y bacterias que estas criaturas transmiten. "No es casualidad que muchos de estos brotes recientes se hayan originado en mercados que venden una mezcla de mamíferos, aves y reptiles, tanto salvajes como domésticos, creando las condiciones para el desarrollo de zoonosis viejas y nuevas", señala el artículo.

No sólo en China

Los habitantes de las grandes ciudades quizás relacionen estas escenas con países o regiones donde el consumo de animales silvestres es mucho más frecuente –a pesar de que en el interior de provincias como Buenos Aires es común el consumo de carpinchos, mulitas, peludos y ñandúes entre otras especies silvestres–. Pero esto también pasa en las zonas rurales donde se encuentra el ganado vacuno, porcino y aves -por nombrar los consumos animales más comunes en la Argentina- que llega al mercado y las mesas.

En su libro "Malcomidos: cómo la industria alimentaria argentina nos está matando", la periodista y escritora Soledad Barruti hace una descripción minuciosa de las condiciones en que se encuentran los animales en la industria de los corrales y los feedlots (una versión más contemporánea y tecnológica de los corrales) luego de un recorrido por las principales empresas productivas ganaderas de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. "Desde que las encerraron en corrales, a las vacas les dieron de comer: el suelo donde habían vivido camadas de pollos con sus restos de plumas, granos y caca, papel de diario, restos industriales de fábricas de chocolates, de fideos o de cerveza y hasta harinas de huesos y sangre de otros animales", todo ello con el objetivo empresarial de hacer engordar a los animales con el menor costo posible.

Embed

"Pero una peligrosa enfermedad obligó a todos a detenerse y pensar: el mal de la vaca loca", continúa el texto. Esa afección que hacía convulsionar a las vacas, provocó pérdidas humanas y millonarias, además del cerramiento de mercados internacionales. Esos corrales británicos de los '80 no están muy lejos de la industria actual, según describe Barruti. Las raciones alimentarias del ganado se completan hoy en día "con lo que haya a mano", sumado a los residuos industriales, agrotóxicos y medicamentos compuestos en su mayoría de ácido propiónico y monensina sódica para el engorde.

En los feedlots, las vacas no están en mejores condiciones. La investigación hecha por la periodista especialista en alimentación, señala que las vacas criadas bajo este sistema son más propensas -debido a su alimentación- a crear la mutación de la bacteria Escharichia coli, presente en los intestinos de los animales, y enfermar de Síndrome Urémico Hemolítico a quien esté en contacto con ellas, provocando en los humanos ataque múltiple a los riñones, el sistema nervioso y hemolítico. No hace falta ser un peón rural para estar en peligro. El combo va del campo al mercado y del mercado al plato.

placa vacas.jpg

La globalización de los mercados y los frenéticos sistemas de consumo y producción parecieran, entonces, exponenciar peligrosamente la transmisión de una enfermedad como el coronavirus entre los humanos.

"Nada de esto debería sorprendernos", escribió por otro lado David Benatar, profesor de Filosofía y director del Centro de Bioética de la Universidad de Ciudad del Cabo. En su columna de opinión del New York Times publicada a mediados de abril, Benatar afirma: "El hecho de que se iba a generar otra pandemia era totalmente predecible, aunque el momento preciso de su surgimiento y su trayectoria no lo fueron".

"En el futuro, debemos esperar sin lugar a dudas que nuestro maltrato hacia los animales cause estragos en nuestra propia especie", advierte y señala incluso la posibilidad "muy real" de "cultivar una resistencia a los antibióticos", gracias a los utilizados en la industria de la agricultura animal.

¿Qué hacer?

Científicos y activistas creen urgente la implementación de una nueva forma de relación entre los animales y la naturaleza. "Creo que necesitamos aprender", reflexionó Manuel Jaramillo en conversación con Aire Digital.

"Esto no es capitalismo o socialismo. Estamos inmersos en un sistema de vida que no tiene sustentabilidad y hay un montón de mejoras que se pueden hacer entre cada extremo", remarcó el director de Vida Silvestre.

placa pandemia.jpg

¿Qué sería ese "montón de mejoras"? Concretamente, la WWF señala vías alternativas como "asegurar la producción de alimentos sanos y saludables en las proximidades a las ciudades, promover la agricultura urbana y apoyar con incentivos fiscales y económicos a la producción agroecológica", lo que permitiría a su vez "menores costos de transporte y menor desperdicio de alimentos", algo que de manera indirecta aumentaría la demanda de mano de obra en los sectores de mayor necesidad.

Tanto expertos como activistas advierten que estos nuevos esquemas y modos de relación tienen como fin principal evitar una posible y próxima enfermedad de dimensiones mundiales. "En general, los humanos responden a las pandemias en vez de actuar para prevenirlas. Intentamos prevenir su propagación luego de que emergen y desarrollar tratamientos para los infectados. La crisis actual demuestra lo absurdo de este método", señala Benatar en su columna del diario neoyorkino. Y coincide Jaramillo: "Si no lo hacemos, hablaría muy mal del principal rasgo que solemos atribuirnos como especie animal, el de la inteligencia".