martes 30 de noviembre de 2021
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Huellas de masones en Zenón Pereyra: qué opina un historiador experto en masonería

Dévrig Mollés, doctor en Historia y director científico del archivo de la Gran Logia Argentina, concluye que no hay "nada específicamente masón" en los símbolos de las viejas casonas de Zenón Pereyra. La historia de la masonería en la Argentina y cuántos masones hay en la actualidad.

El historiador francés Dévrig Mollés lleva décadas “removiendo” la gruesa capa de mitos y prejuicios asociados a la masonería y está en un lugar ideal para hacerlo: es el director científico del archivo de la Gran Logia de la Argentina. No es la primera vez que le preguntan por los símbolos vinculados a los masones en las viejas casonas de Zenón Pereyra en Santa Fe. “Ya los había analizado una vez que me consultó una antropóloga y también revisé nuestros archivos. La verdad es que no hay nada específicamente masón”, concluye Mollés en una entrevista con AIRE.

El experto, que es doctor en Historia por la Universidad de Strasbourg (Francia), admite que puede haber algunos indicios masónicos en el plano original y también en las firmas de las actas del pueblo- “quizás como un divertimento”- pero insiste en que las ideas que tenía en la cabeza Zenón Pereyra, que era masón, y los otros fundadores del pueblo probablemente estaban más vinculadas a los criterios para planificar los pueblos y ciudades que eran habituales a finales del siglo XIX -como el movimiento higienista, por ejemplo- y que se pueden observar en la ciudad de La Plata.

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En una entrevista con AIRE, Dévrig Mollés, que es doctor en historia y director del archivo de la Gran Logia Argentina, analizó los símbolos en las casonas en Zenón Pereyra y repasó la historia de la masonería en el país.

En una entrevista con AIRE, Dévrig Mollés, que es doctor en historia y director del archivo de la Gran Logia Argentina, analizó los símbolos en las casonas en Zenón Pereyra y repasó la historia de la masonería en el país.

En los archivos de la Gran Logia de la Argentina, Mollés no encontró una mención específica sobre este pueblo santafesino y su escala -hoy viven unas 2.000 personas- también le juega en contra para desarrollar esa red de sociabilidad que es característica de la masonería. A favor de la hipótesis masónica, juega el origen rosarino y masón del fundador, y la repetición de determinados símbolos en las fachadas de las casonas: las medallas, las rejas con puntas “flamígeras”, el ojo que todo lo ve y las antorchas de la “luz y el conocimiento” en las puertas, entre otros.

Al momento de explicar el significado de estos símbolos en las casonas, Mollés recuerda como ejemplo la teoría del símbolo del filósofo Baruch Spinoza (1632-1677), esa idea de que un “signo” puede ser equívoco y mutable con el devenir del tiempo y que también cambia según el prisma con el que se lo mira. “Algunas de las interpretaciones sobre la masonería, como una cofradía llena de misterios y secretos, suelen descansar en un imaginario y representación que está bajo el prisma del Código Da Vinci, el bestseller de Dan Brown”, insiste. Con el prisma de un historiador, la masonería es otra cosa.

Mollés, incluso, mira con escepticismo -y una media sonrisa- las fotos de la casa de Francisco Zurbriggen, quizás la más cargada de símbolos para otros masones. Le parece forzado ver la escuadra y el compás cerca del techo y tampoco ve una identificación inequívoca con la masonería en los otros símbolos que están desparramados en la fachada de la casona.

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Hay masones santafesinos que han visto señales sutiles de la masonería en la fachada de estas casas y que han ayudado a identificar estos símbolos, pero para Mollés -cuya tesis doctoral es sobre la genealogía de las redes masónicas en la Argentina- no necesariamente son masónicos. El camino más certero para despejar toda incógnita es imposible: habría que preguntarle a Francisco Zurbriggen, Juan Falco y Domingo Contardi -y a sus arquitectos-, que construyeron estas casas en las primeras décadas del siglo XX.

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Cuántos masones hay en la Argentina

La masonería atraviesa “un cierto auge” en estos últimos años en el país. “En el 2008 comienza un proceso de regeneración y por primera vez, desde 1943, hay logias en toda la república. En un poco más de diez años se cuadriplicó la cantidad de masones y se estima que hay más de 10.000 en la Argentina”, precisa Mollés.

Para comprender esta tendencia hay que hacer un breve repaso de la historia de la masonería en este rincón del continente americano.

En el artículo que escribió el historiador francés sobre “La francmasonería en la Argentina” (en el libro “La Francmasonería en América Latina” de Alain de Keghel, 2019), Mollés explica que la primera generación masónica emerge en el contexto de “la burguesia portuaria que aspira a la libertad comercial” y se nutre también de los jóvenes hispanoamericanos que habían vivido en Europa, compartían el ideario de la Revolución Francesa y fundaban sociedades secretas anticolonialistas. Es el espíritu que está detrás de la creación de la logia Lautaro, que integró San Martín y otros próceres argentinos.

El historiador francés explica que este tipo de logias se “dispersan, entre 1825 y 1830, con las guerras civiles” y quedan definitivamente asfixiadas durante los años de Juan Manuel de Rosas (en esta coyuntura, Montevideo se convierte en un centro de gravitación masónico clave y en la actualidad Uruguay es el país con más masones, cada 100 habitantes, de la región).

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Mollés retoma la teoría del símbolo de Spinoza -los signos pueden ser equívocos y mutables- y su significado cambia según el prisma con el que se los mira e interpreta.

Mollés retoma la teoría del símbolo de Spinoza -los signos pueden ser equívocos y mutables- y su significado cambia según el prisma con el que se los mira e interpreta.

Después de la batalla de Caseros (1852) surge una nueva generación “asociativa y masónica”, que va a ser importante en la conclusión de las luchas civiles argentinas (batalla de Pavón) y en el ideario que conformó el Estado Nacional, desde la inmigración europea “como metodología de modernización” y punta de lanza contra “la barbarie” -con todos los debates y polémicas que hasta hoy se discuten-, los ferrocarriles, la escuela y las universidades públicas y hasta una primera batalla para intentar sancionar la ley de divorcio (1902), en el que los masones fueron protagonistas.

Mollés señala que la masonería alcanza su cumbre entre 1890 y 1914, con entre 10.000 y 15.000 compañeros masones distribuidos en las principales provincias y con logias muy activas en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Córdoba. A partir de 1930, comienza un segundo período de declive y repliegue, en el que influyen las guerras mundiales, las dictaduras y los movimientos nacionalistas, entre otras causas.

El renacimiento de la masonería en la Argentina

¿Por qué resurge la masonería en las primeras décadas del siglo XXI en la Argentina?, pregunta AIRE. Es una respuesta, seguramente, que todavía está en proceso. Para Mollés, la sociedad civil argentina empieza recobrar conciencia sobre sí misma después de la dictadura, la década de los 90’ y la crisis del 2001, en una tendencia en la que recuperó gravitación toda el ágora pública y no sólo la masonería.

En uno de sus libros (“La invención de la masonería”, 2015), el historiador reconoce que la masonería inglesa y francesa se “inventa orígenes remotos antiguos y medievales” en las logias de albañiles de la catedrales y en los artesanos que construyeron el Templo de Salomón -entre muchos otros mitos fundacionales-, pero que en realidad es una red de sociabilidad democrática para debatir las grandes cuestiones de su tiempo.

La masonería del siglo XXI en la Argentina tiene un carácter más abierto, con pronunciamientos públicos sobre la legalización del aborto, la impunidad del atentado a la AMIA y la Guerra de Malvinas

La masonería, recuerda Molles, emerge en la bisagra de los siglos XVII y XVIII en las islas británicas, Francia y Holanda y el mito que verdaderamente es importante -como identidad simbólica, le explica a AIRE- es el de la torre de Babel, que tiene que ver con la reunificación del género humano y en esa coyuntura puntual con la reconciliación entre católicos y protestantes.

“La particularidad de la masonería no es haberse inventado orígenes remotos antiguos y medievales, una tendencia característica del incipiente movimiento asociativo europeo surgido en el siglo XVIII. Su gran particularidad fue haber sido la primera sociedad civil internacional constituida por fuera de las religiones institucionalizadas”, precisa Mollés en el artículo “La Francmasonería en Argentina”.

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¿En las tenidas masónicas de las logias argentinas se debate hoy “la grieta” y el camino para construir un horizonte económico viable en un país en el que la mitad de la población es pobre? ¿Es un ágora y un espacio relevante, como lo fue en las guerras de independencia y en la construcción del Estado nacional?

Difícil saberlo todavía. Lo que está claro es que la masonería del siglo XXI en la Argentina tiene un carácter más abierto -con pronunciamientos públicos sobre la legalización del aborto, la impunidad del atentado a la AMIA y la Guerra de Malvinas- y muchos menos misterios y secretos.