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Sociedad Navidad | Año Nuevo | Fiestas

Exigencias, expectativas y mandatos, el eje del estrés que generan las fiestas de fin de año

Las fiestas pueden generar incomodidad para todos los que no encajan en el ideal del año exitoso. ¿Cuándo te casas? ¿Ya estás pensando en tener un hijo? ¡Cómo engordaste! ¿Vas a cambiar el auto? Además aparece el estrés de juntar "los tuyos, los míos y suspender las diferencias".

Navidad, Año Nuevo. Los regalos, el armado de la mesa, quiénes van a estar, quién compra el helado. La mesa dulce, el asado, las ensaladas. ¿Navidad con los tuyos o con los míos? ¿Las dos fiestas con tu mamá? Hijos repartidos en las familias ensambladas. Lejos de los edulcorados avisos publicitarios, las fiestas de fin de año son, para muchas personas, fuentes de estrés y preocupación.

Cada vez más, sobre todo en las personas más jóvenes, una tendencia se impone: pasarla con amistades, hacer planes de viaje. Sin embargo, la familia aparece como la opción obligada. “La construcción cultural del mandato es que las fiestas se pasan en familia, como una sentencia. Entonces, vos te tenés que juntar, aunque tengas un montón de diferencias. Las fiestas con amigos son mucho menos estresantes, porque en la familia siempre está en juego el silencio o el secreto familiar. Algo que no se puede decir, ya sea de la ideología, de forma de pensar, del pasado, siempre hay algo no dicho”, plantea Ignacio Rodríguez, psicoanalista, integrante del Instituto de Masculinidades y Cambio Social.

El reparto de las tareas también juega un rol en el malestar. “Las tareas del hogar y de cuidados siempre están asignadas a la mujer, en la configuración tradicional. Muchos varones creen que con hacer el asado basta, pero… ¿y los regalitos, el mantel, el buffet frío, el reparto de quiénes llevan las cosas? Todas esas también son tareas necesarias”, apunta Rodríguez.

Asado
En las fiestas muchos hombres creen que con hacer el asado es suficiente, pero hay muchas cosas más para organizar.

En las fiestas muchos hombres creen que con hacer el asado es suficiente, pero hay muchas cosas más para organizar.

Para Rodríguez, el exceso de comida y bebida que traen aparejadas las fiestas tiene que ver con esos conflictos. “Hay algunos que se evaden haciendo el asado, otros tomando alcohol. Creo que el máximo estrés de la fiesta es tener que juntar los tuyos, los míos y suspender las diferencias de ser, de habitar, de pensar. Hay que comer mucho, tomar mucho, meterse de todo en la boca para no hablar del estallido que está siempre latente”, considera el psicoanalista.

Es que las fiestas son, también, un espacio que puede generar incomodidad, sobre todo para quienes no encajan en aquello considerado “exitoso”. ¿Cuándo te casas? ¿Ya estás pensando en tener un hijo? ¡Cómo engordaste! ¿Vas a cambiar el auto? Estas son las preguntas que esquivan muchas de las personas que prefieren no pasar las fiestas en familia. No todas, no siempre, pero sí están presentes.

La Navidad es diferente para las infancias. El ritual, más allá del regalo, el misterio de Papá Noel, la posibilidad de encontrarse con personas que no ven todos los días, son momentos de disfrute.

La expectativa de una noche ideal genera frustración. Así lo cree la psicóloga Bettina Calvi. “Se pone en juego esta idea de la película de Hollywood, de la Navidad con la familia toda junta, la casa decorada, y ese formato de familia tradicional, occidental y cristiana. Después, la realidad nos muestra otra cosa, una diversidad de situaciones familiares, de conflictivas de distinto tipo, vinculares, económicas, que distan mucho de ese paisaje”, plantea la profesional.

Para Calvi, esta idealización “tiene que ver con lo que genera el mercado, y plantean una idea previa, pero después la realidad nunca está a la altura. Eso le pasa a mucha gente, entonces después termina sintiéndose mal porque no salió cómo esperaban, porque hubo conflictos. La verdad es que el conflicto es constitutivo de la psiquis humana y por supuesto de los vínculos”. Su consejo como psicóloga es que “cuando el nivel de conflictividad es tan alto que no se puede compartir una comida, hay que repensar si es conveniente el encuentro”.

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La idealización de la Navidad, a lo Hollywood, también es una fuente de estrés y tensiones.

La idealización de la Navidad, a lo Hollywood, también es una fuente de estrés y tensiones.

La coordinadora de la Red de Psicólogues Feministas de Rosario, Carla Delladonna, es muy crítica de la institución familiar. “Además del posible malestar que trae cualquier balance de fin de año, estas fechas suelen traer implícito todavía con mucha fuerza el mandato de festejo con la familia, un festejo que puede ser con la familia ampliada o la familia nuclear, que puede implicar para muchas personas desde el chiste sexista de un tío hasta compartir la mesa con un abusador”, dice sin medias tintas.

La felicidad puede ser un mandato, pero también es una posibilidad. “Creo que el estrés de las fiestas tiene que ver con los mandatos, con el mandato de la familia, la felicidad, el cumplir con lo que se debe, que son mandatos religiosos, que también son mandatos sociales. Este imperativo del capitalismo de pertenecer, consumir, y ser feliz, cuando la realidad es compleja, es variable, y que las condiciones existenciales son disímiles”, plantea la psicóloga Ana Sagües, quien considera que “la exigencia de la vida familiar sigue estando, y en estas fechas se arma la escena para esas tensiones, con ese cumplir, porque tiene que ver con el deber ser”.

La Navidad de los chicos

Para esta psicóloga, la exigencia está en la base del malestar que, a algunas personas -no a todas- les generan las fiestas. “Tiene que ver con esa versión del modo de vivir actual, acelerado, basado en responder, en cumplir u oponerse -advierte-. Por eso se arman los líos en la familia, porque hay una posición y hay oposición, y todos quedan envueltos en esa dinámica. Devenir niño sería salirse de ese juego de posición y oposición, olvidar y crear. Y ahí es donde se crean los encuentros más simples, son las ocasiones donde hay quienes logran estar con lo que quieren. Y que en general es con cosas simples, no con los grandes consumos ni los grandes regalos ni los grandes encuentros sino con algo que tenga más que ver con el orden del compartir”.

Es que la Navidad es diferente para las infancias. Las personas consultadas hacen esa diferencia. El ritual, más allá del regalo, el misterio de Papá Noel, la posibilidad de encontrarse con personas que no ven todos los días, son momentos de disfrute.

“Por ahí lo que nos pase a les adultes sea distinto a lo que le suceda a la infancia. Es lindo el encuentro con otres, con los primos, las primas. El estar, el jugar, no preocuparse ni por qué comer ni por la organización, porque eso lo hacen los adultes. La exigencia de estar de fiesta, porque todos están de fiesta, es diferente a la celebración, que es un goce de estar con otres significativos. El deseo de estar, que tal vez sea más fácil para les niñes que se eligen con mayor espontaneidad, y ese sea el desafío de les adultes, devenir niño en ese sentido”, concluye Sagües.