Más de un centenar de fotos fueron tomadas a un cuerpo que yacía sobre la pileta de cemento del lavadero de un hospital boliviano en Vallegrande, el 9 de octubre de 1967. El desfile de autoridades militares, periodistas y reporteros gráficos junto al cuerpo de un hombre semidesnudo quedaba plasmado en un click. Pero claro, no era un cadáver cualquiera. Eran los restos del hombre más buscado por el Servicio de Inteligencia de Estados Unidos en los 60.
Todos querían tener un recuerdo de aquel hecho histórico. Los principales hombres del ejército militar de René Barrientos posaban junto al cuerpo, golpeando contra él las medallas que colgaban de sus trajes verdes, tocando su pelo y las heridas recién cosidas, mientras juraban y re contra juraban que ese hombre que parecía tener los ojos vivos, era el famoso “Che” Guevara.
Había otros muertos en el lavadero. Algunos incluso incompletos. Pero sólo importaba uno y había que confirmar y volver a confirmar al mundo que estaba re muerto, que ya no volvería a molestar.
Por ello, a pesar de que el Che murió el 9 de octubre, sus restos se exhibieron hasta el 11, a la espera de la llegada de más políticos y militares que no confiaban en los telegramas. Y era de entender. Ni siquiera Guevara confiaba en la información que le transmitían estando oculto en las sierras bolivianas. Las fake news ya existían y, en una guerra, todo podía ser una emboscada.
"Tenía una barba negra y escasa, pelo largo apelmazado y la sombra de una cicatriz en la sien", describió el periodista británico Richard Gott, que había conocido al Che en vida y su argumento, entonces, era válido para identificar el cadáver.
Las fotografías que recorrieron el mundo tuvieron como autor, en su gran mayoría, al fotógrafo boliviano Freddy Alborta, quien en esos tiempos trabajaba para los diarios Presencia y Última Hora. El reportero gráfico registró el famoso rostro del Che con los ojos bien abiertos, como todavía resistiéndose a morir. A su lado, los militares bolivianos posaban felices de su hazaña, con una revista que mostraba al revolucionario buscado por Barrientos y Estados Unidos.
Pero aún medio siglo después, nuevas fotos y rollos en negativo del cadáver siguieron apareciendo en cada rincón del mundo. Decenas de reporteros gráficos y corresponsales extranjeros guardaron celosamente un registro que no tuviera ningún medio, que no haya circulado de mano en mano o de ojo en ojo.
Incluso los editores de medios gigantescos como la Agencia France Presse (AFP) reconocieron que el periodista que enviaron en 1967 a Vallegrande, Marc Hutten, usó cinco carretes de fotos. Sin embargo, la agencia sólo conserva uno con fotografías a color (algo bastante novedoso para la época).
Eric Baradat, editor en jefe de fotografía de AFP dijo a la BBC que muchas de las fotos que Hutten hizo ese día “se perdieron”.
En 2014, 47 años después de la muerte de Guevara, ocho fotos originales del Che sin vida fueron encontradas en Castilistar, un pueblo de la provincia de Zaragoza. Las imágenes fueron llevadas al continente viejo por Luis Cuartero, un misionero español enviado a Bolivia en los 60. Según relató su sobrino, un corresponsal extranjero le había regalado las fotografías que aparecieron luego guardadas en una casa familiar española.
La repercusión que tuvo la publicación de imágenes del Che muerto en los diarios de la época no fue del todo agradable. Quizás por temor a ser tildados de “amarillistas” o por respeto a un cuerpo que fue exhibido y paseado por tierra y aire como un trofeo, muchos periodistas se rehusaron a que esas fotos vieran la luz y conservaron el secreto durante décadas, con la intención de que las descubran nietos, vecinos o conocidos que no cargaran con ese par de ojos moribundos en sus cabezas.
Idea y realización: Mavi Martínez Sichar
Producción y edición: Thamina Habichayn
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