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Sociedad

Cómo son y cómo operan los aviones cazadores de huracanes

Deben volar a través de una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza y, la información clave que obtienen en tiempo real, les permite a los meteorólogos predecir la trayectoria, la fuerza y el momento en el que estos devastadores fenómenos tocarán tierra, preservando así vidas y bienes materiales.

Tanto en la aviación general, con pequeñas aeronaves de aeroclubes o de particulares, como en la comercial (transportando pasajeros y carga, en innumerables casos en vuelos intercontinentales) y la militar, hay un aspecto determinante que puede afectar o condicionar las operaciones: las malas condiciones climáticas.

Y, si bien en la actualidad la actividad aeronáutica cuenta con distintos instrumentos a bordo para volar con total seguridad (por ejemplo, radares meteorológicos en las aeronaves, que le informan al piloto dónde se encuentra una tormenta), absolutamente siempre es conveniente evitar las zonas de mal tiempo a lo largo de las rutas aéreas.

Pero en ciertas regiones del Caribe, Golfo de México y del océano Atlántico, hay aeronaves que no rodean las tormentas –lo que cualquier piloto o tripulación harían en caso de encontrase con una, tal como lo indica la lógica– sino que salen a volar para encontrarse con ellas.

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El Lockheed WP-3D Orion mide 35,6 metros; su peso máximo de despegue es de 64,4 toneladas, y es propulsado por cuatro turbohélice Allison T56-A-14, que erogan una potencia de 4600 HP cada uno. Está equipado con múltiples instrumentos que trasmiten mediciones en tiempo real.

El Lockheed WP-3D Orion mide 35,6 metros; su peso máximo de despegue es de 64,4 toneladas, y es propulsado por cuatro turbohélice Allison T56-A-14, que erogan una potencia de 4600 HP cada uno. Está equipado con múltiples instrumentos que trasmiten mediciones en tiempo real.

En estas zonas se forman los temidos huracanes (al que el National Weather Service, o Servicio Meteorológico Nacional de los Estados Unidos, define como un “ciclón tropical con vientos máximos sostenidos de 64 nudos, o 118.5 km/h), cuyo pico (la época de mayor actividad de estos fenómenos) se extiende desde mediados de agosto hasta finales de octubre.

La NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration, o Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), u agencia científica dependiente del Departamento de Comercio de los Estados Unidos (United States Department of Commerce, o DOC) se encarga de estudiar los huracanes y, de este modo, les brinda a los científicos y meteorólogos datos clave sobre los procesos de formación y desarrollo de los huracanes, lo que permite elaborar modelos y pronósticos meteorológicos.

Para ello, sus aviones ingresan en el ojo del huracán. Sí, se meten en el centro de uno de los monstruos más devastadores de la naturaleza para obtener datos en tiempo real sobre la estructura de la tormenta, intensidad, composición y trayectoria de la misma, entre otros varios aspectos.

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Así trabajan, básicamente, los aviones cazadores de huracanes.

Así trabajan, básicamente, los aviones cazadores de huracanes.

Un alerta de huracán indica la posibilidad de que el mismo pueda llegar a una determinada región dentro de las 48 horas siguientes y, una advertencia de huracán, anuncia que se esperan vientos con fuerza de tormenta tropical de, al menos, 119 km/h dentro de las próximas 36 horas.

Con esta información clave, que se obtiene con los aviones conocidos como Cazadores de Huracanes, que atraviesan el corazón de los mismos, se puede alertar a las poblaciones, que se preparan para la llegada del fenómeno –evacuándose, de ser necesario– y, lo más importante, se salvan vidas y se preservan bienes materiales.

Los aviones de la NOAA

Los huracanes se clasifican según la intensidad de los vientos sostenidos de acuerdo a la escala Saffir-Simpson que, entre la categoría 1 y 5, estima el riesgo que puede correr la vida de la población o los posibles daños a la propiedad.

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Uno de los instrumentos del WP-3D Orion es una sonda que está en su nariz (foto), y que se utiliza para medir la intensidad de las ráfagas de viento. También cuenta con un radar doppler que lleva en la cola (Tail Doppler Radar, o TDR), junto con otro en la parte baja de su fuselaje, que escanean al huracán de forma vertical y horizontal.

Uno de los instrumentos del WP-3D Orion es una sonda que está en su nariz (foto), y que se utiliza para medir la intensidad de las ráfagas de viento. También cuenta con un radar doppler que lleva en la cola (Tail Doppler Radar, o TDR), junto con otro en la parte baja de su fuselaje, que escanean al huracán de forma vertical y horizontal.

Los huracanes de categoría 1 son los que presentan vientos entre 119 y 153 km/h; los de categoría 2, entre 153 y 177 km/h; en la categoría 3, entre 178,5 y 207,5 km /h; los de la 4, entre 209 y 251 km/h y, los de la categoría 5, con vientos superiores a los 253 km/h.

Según el National Hurricane Center (Centro Nacional de Huracanes, ubicado en Miami), el huracán más mortífero jamás registrado en Estados Unidos fue el de Galveston de 1900, que mató al menos a 8000 personas.

Desde el punto de vista económico, el huracán más costoso fue el Katrina, en 2005, que causó daños materiales (especialmente en Nueva Orleans) por un valor de al menos 108.000 millones de dólares.

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El WP-3D Orion siempre vuela directamente al centro del huracán: primero a través de la gruesa y tormentosa pared ocular, luego a la tranquilidad del ojo (foto) y, de nuevo, a través de la pared ocular. Y, en distintos casos, efectúan varios cruces, de ida y vuelta.

El WP-3D Orion siempre vuela directamente al centro del huracán: primero a través de la gruesa y tormentosa pared ocular, luego a la tranquilidad del ojo (foto) y, de nuevo, a través de la pared ocular. Y, en distintos casos, efectúan varios cruces, de ida y vuelta.

Para estudiar y predecir la trayectoria de los huracanes, la NOAA dispone de una flota de aviones tipos –cuyas tripulaciones y equipos de científicos realizan diversas tareas–integrados a la OMAO (Office of Marine and Aviation Operations, u Oficina de Operaciones Marinas y de Aviación), que puede operar en todo el mundo y con múltiples recursos para la investigación de los huracanes.

La NOAA comenzó a emplear aviones para la investigación de huracanes en 1961 y, por entonces, se llamó Research Flight Facility (RFF, o Instalación de Vuelo de Investigación), y disponía de dos Douglas DC-6, un B-57A y un DC-4.

En 1983 se creó la OAO(Office of Aircraft Operations, u Oficina de Operaciones de Aeronaves); está equipada con dos WP-3D Orion, un Gulfstream IV-SP, un DeHavilland DHC-6 Twin Otter, una Beech C-90 King Air, dos Rockwell Aero Commanders, y dos helicópteros Bell 212 y, desde 1993, su base se encuentra en la Base Aérea MacDill en Tampa, Florida.

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Las tormentas son tan fuertes que, el avión, puede perder cientos de metros respecto del nivel de vuelo que lleva en segundos. Es más: muchas veces, cuando el P-3 desciende bruscamente, todos los que están a bordo experimentan la gravedad cero y, si no estuvieran firmemente sujetados a sus butacas, “flotarían” como un astronauta.

Las tormentas son tan fuertes que, el avión, puede perder cientos de metros respecto del nivel de vuelo que lleva en segundos. Es más: muchas veces, cuando el P-3 desciende bruscamente, todos los que están a bordo experimentan la gravedad cero y, si no estuvieran firmemente sujetados a sus butacas, “flotarían” como un astronauta.

Para la altamente riesgosa misión (con una duración promedio de entre 8 y 10 horas) que implica ingresar al ojo del huracán –que presenta fortísimos vientos, lluvia, granizo, y muy bruscas corrientes ascendentes y descendentes por los cambios de presión atmosférica–, la NOAA emplea sus dos confiables P-3 Orion (bautizados con nombres de personajes de El Show de los Muppets: Kermit –la Rana René– y Miss Piggy) y en el Gulfstream G-IV (llamado Gonzo, o Cazador de Tormentas).

El Lockheed WP-3D Orion

Este tetraturbo hélice está equipado con múltiples instrumentos que, en tiempo real, transmiten mediciones de la presión, temperatura, dirección y velocidad del viento, proporcionando una visión detallada de la estructura de la tormenta y su intensidad.

Un turbohélice es menos susceptible a las condiciones de lluvia imperantes en un huracán y, por eso, se eligió al P-3 sobre los aviones con propulsores tipo turbofan (a reacción), ya que estos aspirarían enormes cantidades de agua, lo que podría ocasionar alguna falla: una hélice mantiene la tracción y evita el ingreso de exceso de agua en la sección de compresores.

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Así es una misión de un cazador de huracanes, que duran entre 8 y 10 horas, lapso en que el avión lo atravesará varias veces. Estos fenómenos se clasifican según la intensidad de los vientos sostenidos según la escala Saffir-Simpson que, entre la categoría 1 y 5, estima el riesgo que puede correr la vida de la población o los posibles daños a la propiedad.

Así es una misión de un cazador de huracanes, que duran entre 8 y 10 horas, lapso en que el avión lo atravesará varias veces. Estos fenómenos se clasifican según la intensidad de los vientos sostenidos según la escala Saffir-Simpson que, entre la categoría 1 y 5, estima el riesgo que puede correr la vida de la población o los posibles daños a la propiedad.

Asimismo, la respuesta de los turbohélice es más rápida que la de los turbofan, porque estos tardan algunos segundos entre que se aplica la potencia y el aumento de las revoluciones.

Como en la mayoría de los casos las tripulaciones enfrentarán turbulencias severas (las violentas y repentinas corrientes ascendentes y descendentes, especialmente en la pared ocular, que es el anillo central de las tormentas, donde se presentan las condiciones meteorológicas más peligrosas, en espiral alrededor del ojo del huracán), el P-3 vuela en medio del monstruo a unos 210 nudos (389 km/h) ya que, si la velocidad fuera superior, la estructura del avión podría llegar al límite de su resistencia debido a las fuerzas G.

Las tormentas son tan fuertes que, el avión, puede perder cientos de metros respecto del nivel de vuelo que lleva en segundos. Es más: muchas veces, cuando el P-3 desciende bruscamente, todos los que están a bordo experimentan la gravedad cero y, si no estuvieran firmemente sujetados a sus butacas, “flotarían” como un astronauta.

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Un técnico de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration, o Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), despliega una sonda XBT, lanzable y desechable, llamadas batitermógrafo, que mide la temperatura del mar, desde la cabina de un Lockheed WP-3D Orion.

Un técnico de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration, o Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), despliega una sonda XBT, lanzable y desechable, llamadas batitermógrafo, que mide la temperatura del mar, desde la cabina de un Lockheed WP-3D Orion.

Y, la altitud a la que esta noble y robusta aeronave entra en el corazón del monstruo, oscila entre los 8000 y 10.000 pies (entre unos 2430 y 3040 metros).

Este avión mide 35,6 metros; su peso máximo de despegue es de 64,4 toneladas, y es propulsado por cuatro turbohélice Allison T56-A-14, que erogan una potencia de 4600 HP cada uno.

El WP-3D tiene una tripulación de hasta 22 personas: dos pilotos, un ingeniero de vuelo, un navegante, un director de vuelo, dos especialistas en ingeniería y electrónica, un especialista de radio y aviónica y hasta 12 científicos.

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El WP-3D vuela en medio del monstruo a unos 210 nudos (389 km/h) ya que, si la velocidad fuera superior, la estructura del avión podría llegar al límite de su resistencia debido a las fuerzas G. Lo hace a una altitud que oscila entre los 8000 y 10.000 pies (entre unos 2430 y 3040 metros).

El WP-3D vuela en medio del monstruo a unos 210 nudos (389 km/h) ya que, si la velocidad fuera superior, la estructura del avión podría llegar al límite de su resistencia debido a las fuerzas G. Lo hace a una altitud que oscila entre los 8000 y 10.000 pies (entre unos 2430 y 3040 metros).

Uno de sus instrumentos de medición más importante es el radar doppler que lleva en la cola (Tail Doppler Radar, o TDR), junto con otro en la parte baja de su fuselaje, que escanean al huracán de forma vertical y horizontal, brindándoles a los científicos una permanente representación electrónica (una suerte de radiografía 3D) del mismo.

Asimismo, el P-3 está equipado con sondas XBT, lanzables y desechables, llamadas batitermógrafos, que miden la temperatura del mar, así como los Stepped Frequency Microwave Radiometers (Radiómetros de Microondas de Frecuencia Escalonada), que determinan la velocidad del viento sobre el océano y la intensidad de la lluvia en los huracanes y las tormentas tropicales, dos indicadores clave para estimar el grado peligrosidad del fenómeno en caso de que tocara tierra.

Además de estas investigaciones, los P-3 de la NOAA participan también –junto con los Lockheed WC-130J Súper Hércules del 53º Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico de la Reserva de la Fuerza Aérea, cuya base se encuentra en Keesler, Mississippi–, en misiones de reconocimiento de tormentas para el Centro Nacional de Huracanes, donde se busca localizar el centro de la tormenta y medir la presión en el centro y los vientos alrededor del ojo de la misma.

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En la mayoría de los casos las tripulaciones enfrentarán turbulencias severas, producto de las violentas y repentinas corrientes ascendentes y descendentes, especialmente en la pared ocular, que es el anillo central de las tormentas, donde se presentan las condiciones meteorológicas más peligrosas, en espiral alrededor del ojo del huracán.

En la mayoría de los casos las tripulaciones enfrentarán turbulencias severas, producto de las violentas y repentinas corrientes ascendentes y descendentes, especialmente en la pared ocular, que es el anillo central de las tormentas, donde se presentan las condiciones meteorológicas más peligrosas, en espiral alrededor del ojo del huracán.

El Gulfstream IV

Este birreactor se complementa perfectamente con el P-3, ya que puede volar más alto, más rápido y a mayor distancia: su autonomía es de casi 4000 millas (7410 kilómetros), y alcanza los 45.000 pies (13.680 metros).

El G-IV mide 26,9 metros; su peso máximo de despegue es de 33,5 toneladas; su velocidad crucero es de 460 nudos (859 km/h), y cuenta con dos motores turbofan de doble eje Rolls-Royce Tay 611-8, de 6287 kilos de empuje cada uno.

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El Gulfstream IV se complementa con el Orion, ya que mientras este último entra en el huracán, el birreactor vuela más alto, más rápido y a mayor distancia, haciéndolo sobre los bordes superiores del mismo. De este modo, brinda una imagen precisa y detallada de la parte alta de la atmósfera que rodea al fenómeno que se esté estudiando.

El Gulfstream IV se complementa con el Orion, ya que mientras este último entra en el huracán, el birreactor vuela más alto, más rápido y a mayor distancia, haciéndolo sobre los bordes superiores del mismo. De este modo, brinda una imagen precisa y detallada de la parte alta de la atmósfera que rodea al fenómeno que se esté estudiando.

De este modo, brinda una imagen precisa y detallada de la parte alta de la atmósfera que rodea al huracán que se esté estudiando.

El Gulfstream vuela sobre los bordes superiores del huracán, mientras que el P-3 entra en el mismo, y vuelan directamente al centro: primero a través de la gruesa y tormentosa pared ocular, luego a la tranquilidad del ojo y, de nuevo, a través de la pared ocular. Y, en distintos casos, efectúan varios cruces, de ida y vuelta.

El G-IV también cuenta con un radar doppler en la cola y sensores GPS que ayudan a los expertos meteorólogos a confeccionar mapas estimativos de la trayectoria.

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Las calcomanías en el fuselaje de los dos Lockheed WP-3D Orion de la NOAA (foto) indican los nombres de los principales huracanes atravesados. Asimismo, las aeronaves fueron bautizadas con nombres de personajes de El Show de los Muppets: Kermit –la Rana René– y Miss Piggy.

Las calcomanías en el fuselaje de los dos Lockheed WP-3D Orion de la NOAA (foto) indican los nombres de los principales huracanes atravesados. Asimismo, las aeronaves fueron bautizadas con nombres de personajes de El Show de los Muppets: Kermit –la Rana René– y Miss Piggy.

El instrumento primario del avión es la sonda de viento GPS que, una vez liberada a través de un tubo situado en la parte inferior del fuselaje, mide y transmite a los instrumentos científicos instalados a bordo la presión, la humedad y las ráfagas descendentes hacia la tierra que se producen en la tormenta.

Además, la capacidad doppler del radar de cola permite conocer las componentes horizontales y verticales de los vientos, que determinarán la intensidad de los ciclones tropicales. Gracias a estos componentes se pueden conocer las diferentes capas de las que está compuesta la tormenta y ayudar a las predicciones del tiempo y mejorarlas.

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Otros aviones que realizan misiones de reconocimientos de huracanes junto con los Orion son los Lockheed WC-130J Súper Hércules (foto) del 53º Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico de la Reserva de la Fuerza Aérea estadounidense, cuya base se encuentra en Keesler, Mississippi.

Otros aviones que realizan misiones de reconocimientos de huracanes junto con los Orion son los Lockheed WC-130J Súper Hércules (foto) del 53º Escuadrón de Reconocimiento Meteorológico de la Reserva de la Fuerza Aérea estadounidense, cuya base se encuentra en Keesler, Mississippi.

Después de analizar y procesar los datos de esta sonda, la información se transmiten al National Center for Environmental Prediction (Centro Nacional de Predicciones Ambientales) y al Centro Nacional de Huracanes, que incluirán todos los datos en los modelos predictivos, que permitan observar la evolución del huracán en tiempo real.

Durante los meses en los que no es temporada de huracanes en los Estados Unidos (o fuera del pico de la misma), tanto el P-3 como el G-IV vuelan en muchas partes del mundo en distintas condiciones meteorológicas, llevando adelante programas científicos e investigaciones de la atmósfera.

Flying Through Category 4 Hurricane Ida Eyewall With The Hurricane Hunters