La típica postal de la cola de una ballena rompiendo la superficie del mar podría dejar de existir en Argentina. Así lo advierte un reciente informe realizado por Greenpeace y expertos del Museo Educativo Patagónico que da cuenta de la vulnerabilidad que presentan los cetáceos, y las ballenas en particular, ante la industria de los hidrocarburos.
Para buscar hidrocarburos en la plataforma subacuática, las empresas petroleras utilizan maquinaria y métodos de exploración cuyos sonidos son comparables al despegue de un cohete o al ruido de armas militares y nucleares. Estos ruidos se propagan en el agua, donde los sonidos viajan cinco veces más rápido y con cinco veces mayor amplitud que en el aire.
"Un cañón de presión es capaz de generar unos niveles de intensidad sonora en el agua de 215- 260 dB (decibelios; presión 1 μPa), con unas frecuencias de entre 10–300 Hz (Hercios), aunque se han detectado frecuencias de hasta 3.000 Hz en las zonas de prospecciones", detalla el informe de César Gribaudo, Licenciado en Museología, director de Patagonia Red Global y miembro del Museo Educativo Patagónico.
"Un buque puede llevar hasta 20 cañones y cada uno se dispara cada 6-20 segundos y a veces durante 24 horas al día. Por lo tanto, la transmisión de pulsos acústicos, es repetitiva y continua durante todo el tiempo de las prospecciones", continúa la explicación en torno a la maquinaria utilizada para la exploración y extracción de hidrocarburos.
¿Cómo repercute la búsqueda de petróleo en las ballenas?
Esta contaminación acústica de los ecosistemas marinos ocasionada por la industria de hidrocarburos puede provocar desde cambios en el comportamiento de las ballenas y otros cetáceos hasta daños físicos severos, incluso la muerte.
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El sentido más importante y más desarrollado de los cetáceos es la audición, según señala el estudio de la agrupación ambientalista y el Museo Educativo Patagónico. Los delfines, las ballenas, las marsopas y los cachalotes utilizan el sonido para detectar sus presas, orientarse, elegir rutas migratorias, comunicarse entre sí y reproducirse.
La exposición de estos animales a los ruidos de la industria de hidrocarburos puede provocarles una reducción en la sensibilidad acústica (hipoacusia o sordera) que puede ser temporal o permanente.
Los cetáceos (grupo de mamíferos marinos compuesto por delfines, marsopas y ballenas) tienen un sistema acústico muy especializado para la vida acuática. El ruido de las balas acústicas de las exploraciones "tiene efectos fisiológicos y conductuales, pudiendo provocar una alta mortandad", destaca el informe.
"En algunos casos, las ballenas alteraron su ruta migratoria rodeando la fuente sísmica, retornando al curso habitual tras el cese de las actividades sísmicas", menciona el estudio en el que se analizaron los movimientos de los mamíferos acuáticos del Golfo de San Jorge.
Ubicación geográfica del Golfo de San Jorge
A ello se suman particularidades de ciertas especies como la ballena franca austral que se encuentra en esa zona, las que se caracterizan por ser más sensibles a la contaminación sonora que individuos de su misma especie en lugares como la Península Valdez.
¿Por qué importan las ballenas en Argentina?
El Museo Educativo Patagónico identificó en el Golfo de San Jorge 22 especies de animales cetáceos, lo que convierte al área en el lugar con la mayor presencia de diversidad de ballenas en el mundo.
Durante el tiempo en el que se observó la incidencia de la explotación de suelos acuíferos por parte de empresas petroleras, los expertos registraron "una caída significante de los avistamientos de cetáceos en sus hábitats naturales". "En el año 2008 se observaron 173 ballenas en el golfo; sin embargo al año siguiente, luego de la operación sísmica, se registraron 92 y en el 2010 apenas 46", señala el informe.
La situación puede empeorar aún más. Greenpeace advirtió que a fines del año pasado, el Estado argentino otorgó permisos a la industria petrolera mediante la ley de hidrocarburos, para explotar casi toda la plataforma continental (1.000.000 km2) hasta el año 2025.
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