viernes 7 de enero de 2022
Sociedad discapacidad | arquitectura |

Barreras arquitectónicas: cuando el espacio construido se convierte en un obstáculo a la inclusión

En el Día Internacional de la Discapacidad, "Tati" Castaldi cuenta su experiencia transitando en silla de ruedas por la ciudad de Santa Fe y cómo es el acceso (o la falta de él) a los edificios para una persona con movilidad reducida.

Todos los días nos movemos por la ciudad sin prestar demasiada atención a cuestiones como las veredas y accesos a edificios. Algo tan cotidiano como esquivar una pequeña raíz de un árbol, subir un escalón para ingresar a un comercio o bajar un cordón de vereda para cruzar la calle, no son cosas que nos signifiquen un problema. ¿Pero qué pasaría si de un día para otro perdiéramos parte de la movilidad de nuestro cuerpo, necesitáramos usar una muleta debido a una lesión o simplemente el paso de los años limitara nuestras capacidades?

En el Día Internacional de la Discapacidad, es fundamental recordar que el rol de la arquitectura y el urbanismo en la inclusión de las personas es fundamental. El diseño y funcionalidad de la ciudad en la que vive una persona con discapacidad física o intelectual va a facilitar o impedir su adaptación en la sociedad, sus posibilidades de encontrar trabajo y de ser lo más independiente posible.

Pero, ¿a qué se le llama barrera arquitectónica? Son todos aquellos obstáculos o dificultades que evitan que un determinado grupo de la población pueda acceder o desarrollarse normalmente en un edificio o espacio urbano. Los más afectados por esta problemática son los habitantes de avanzada edad, con discapacidad o movilidad reducida.

María Itatí Castaldi, más conocida como "Tati", era un persona sin ninguna dificultad física y llevaba una vida normal hasta que en el año 2006 sufrió un accidente automovilístico que le provocó una lesión en la médula y la dejó en silla de ruedas para siempre.

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María Itatí

María Itatí "Tati" Castaldi habló con AIRE y contó las dificultades de movilidad que enfrenta cada día en el espacio urbano.

—¿Cuáles son los problemas o dificultades a los que te enfrentás a diario?

—Antes de tener la discapacidad no me daba cuenta, no veía mas allá de mis ojos. Después que tuve el accidente me di cuenta lo difícil que es desplazarse por la ciudad para alguien con movilidad reducida. Desde que me levanto a la mañana encuentro trabas, no tanto en mi casa porque tengo la posibilidad de tenerla adaptada, pero una vez que salgo a la calle me encuentro con veredas muy irregulares, rotas, con escalones...

—¿Cómo hacés para realizar un trámite? ¿Podés sola?

—Para hacer trámites en general pido que me acompañen y si voy sola en mi auto (que está adaptado) le digo a alguien que me ayude a subir y bajar la silla de ruedas del baúl. Por ejemplo, ir a la Muni es complicado porque tenés que encontrar estacionamiento, y la plaza para discapacitados generalmente esta ocupado por cualquiera.

—No se ven muchas personas con discapacidad por el microcentro, ¿Creés que no están dadas las condiciones?

—Es por el tema del transporte público. Hay una sola línea de colectivos adaptada y el colectivero generalmente no se baja para darte una mano con la rampa. Entonces, a la persona con discapacidad que no tiene acceso a pagar un taxi o no tiene auto, y vive en el norte de la ciudad o en una zona un poco mas alejada, no la vamos a ver mas que en su barrio.

—¿Cómo ves a la Ciudad de Santa Fe en lo que respecta a accesibilidad?

—Si bien ahora han colocado algunas rampas nuevas, y existe una visión mas inclusiva en obras como la de Avenida Freyre y la remodelación de Boulevard, en el centro de la ciudad y en muchos edificios públicos donde uno necesita hacer trámites no están dadas las condiciones básicas de accesibilidad. Hay rampas muy empinadas o escalones que hacen que uno no pueda ir sólo y requiera de ayuda. A pesar de las políticas que se implementan, estamos lejos de ser una ciudad accesible y es muy lento el proceso de transición. Yo siempre trato de mirar el vaso medio lleno, pero nos falta mucho.

—¿Hacen falta más leyes de inclusión?

—Sí, pero no solo eso. Generalmente nos quejamos del Estado, pero primero estamos las personas, nosotros lo componemos. La educación en este sentido es fundamental, muchas veces vas a una rampa y te das cuenta que esta rota y entonces no podés acceder. Y tenemos que aprender que un baño para discapacitados no es un depósito de limpieza en el cual entrás y tenés que estar maniobrando entre la lavandina, el balde, las escobas y trapos.

—¿Entonces también falta compromiso por parte de los ciudadanos?

—Muchas veces hay falta de empatía. Hay gente que es muy amable, te ofrece ayuda, pero hay otras personas que te ven complicada y pasan de largo. Nos falta ver al otro y ponernos en su lugar. A veces vengo por una vereda y me encuentro con un auto parado frente al portón de una cochera y no tengo lugar para pasar. Ni hablar de las zonas de bares que tienen mesas y esa moda nueva de los balcones. ¡Es tremendo! Prácticamente, tenés que manejarte por la calle.

—Por último, ¿cómo te afectó la pandemia?

—A mí la pandemia me afectó mucho. En un momento sentía que la casa me absorbía, necesitaba salir al patio tomar aire, respirar. Y ahora volver a salir con amigos, retomar la actividad deportiva y mi vida cotidiana me costó bastante.

Actualmente, existen leyes y ordenanzas que apuntan a lograr una ciudad mas accesible y es por eso que podemos observar muchas más rampas de ingreso a edificios públicos, juegos inclusivos en algunos parques, parcelas de estacionamiento destinadas a personas con movilidad reducida, etc. Pero cada una de estas iniciativas son pequeños oasis que parecen no avanzar demasiado con la problemática. Se necesita un cambio social muy grande, donde cada uno de nosotros entienda que hace falta un mayor compromiso y empatía, porque muchas veces nuestras actitudes también pueden significar una barrera física, como dejar una moto o bicicleta en el medio de la vereda o estacionar el auto frente a una rampa o en el sector de discapacitados.

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El diseño y funcionalidad de la ciudad en la que vive una persona con discapacidad física o intelectual facilita o impide su adaptación en la sociedad.

El diseño y funcionalidad de la ciudad en la que vive una persona con discapacidad física o intelectual facilita o impide su adaptación en la sociedad.

El rol de los arquitectos

La accesibilidad es una de las consideraciones más importantes en la arquitectura, ya que garantiza que el entorno construido satisfaga a personas de todas las capacidades. La accesibilidad en el entorno público, viviendas, ciudades, locales, hoteles, restaurantes, aeropuertos, no hace más que otorgar derechos e igualdad de oportunidades.

Diseñar un entorno o un edificio tomando como parámetro el ciudadano medio implica un acto discriminatorio hacia muchas personas con discapacidad, favoreciendo su exclusión. La primera referencia debería ser responder las necesidades de las personas con limitación funcional y generar un entorno inclusivo.

Los profesionales que intervienen en la construcción necesitan mejorar esas pequeñas cosas del día a día para potenciar la calidad de las personas. A través de la arquitectura es posible eliminar barreras en viviendas, entornos urbanos y edificios públicos. Solucionando los problemas de accesibilidad, conseguiremos una sociedad inclusiva y apta para todos.

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