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Sociedad

Amor, angustia y plenitud: historias de mamás que dieron la teta y hoy ayudan a otras

No hay mejor alimento para los bebés que la leche materna. Pero la lactancia es un proceso de la maternidad difícil de sobrellevar. En la Semana de la Lactancia Materna, testimonios de mujeres que lograron amamantar a sus hijos y hoy aconsejan a otras.

Ni el embarazo es “el mejor estado” en la vida de una mujer, ni el parto “un momento ideal donde el dolor solo pasa” y mucho menos dar la teta “algo fácil”. Algunos pueden no estar de acuerdo, pero lo cierto es que son procesos donde lo fisiológico, hormonal y emocional interfieren a su gusto y cada mujer lo atraviesa “como puede” entre el acto de amor que implica traer al mundo una nueva vida, la angustia que genera todo nuevo crecimiento y la plenitud que da el encuentro con lo deseado.

En una nueva celebración de la Semana de la Lactancia Materna, que en los primeros siete días de agosto encuentra la excusa para poner en agenda su importancia, poco más se puede agregar que no se haya dicho acerca de sus beneficios. Por algo la llaman a la leche humana “oro blanco” -porque contiene la dosis perfecta de nutrientes que los bebés necesitan para su desarrollo- y se recomienda dar a los bebés en forma exclusiva hasta los seis meses de vida e incluso prolongarla hasta pasados los dos años. Es que la “teta” es alimento -seguro, completo y gratuito- inmunidad, desarrollo cognitivo, apego, vínculo, seguridad y hasta felicidad y amor -oxitocina-.

Este año el lema de la fecha que se festeja en más de 170 países del mundo llama al empoderamiento de las mujeres e invita a hacer “posible la lactancia materna”. Es que muchas veces, aunque toda mujer puede lograrlo, necesita de ayuda, acompañamiento, entendimiento, contención. Y qué mejor -además de los profesionales- que otra mujer y madre para hacer de guía y apoyo; aunque esto no quita la responsabilidad del rol que deben asumir los padres, parejas, familiares y el entorno en general. Estas son tres historias y testimonios de mamás reales que dieron la teta, lograron atravesar la lactancia entre la felicidad, el “dolor” -emocional o físico- y hasta la frustración; y decidieron dar un paso más para transformarse en consejeras de muchas otras que hoy buscan ayuda para lograrlo con éxito.

Irina Sosa junto a su familia.

Irina Sosa ya había terminado sus estudios en Enfermería cuando tuvo a su primer hijo, Mariano (28). Pero a pesar de su carrera hoy reconoce que “no conocía todos los beneficios de la lactancia materna” y que cuando le tocó amamantar tuvo “muchas dificultades” a pesar de que todavía no trabajaba.

“Cuando una es primeriza no está muy preparada, informada y necesita de un ambiente familiar que apoye la lactancia materna para poder implementarla. No es fácil prender el bebé a la teta”, dijo la mujer que sólo pudo darle cuatro meses de lactancia exclusiva a su hijo mayor. Sostiene que no hay que escuchar cuando otras personas comunes nombran la palabra “mamadera”, y solo dar leche de fórmula por indicación del pediatra. Así y todo insiste en que a pesar de que para el bebé siempre va a ser más fácil extraer su alimento de la tetina de plástico, las mamás no tienen que abandonar la lactancia. “Si están convencidas y saben todo lo que va a beneficiar a ese bebé, de a poco va a ir disminuyendo la fórmula”, señaló.

Para cuando llegaron las mujeres de la casa: Sofía (24), Mara (15) y Dalma (13); Irina ya estaba trabajando en el Hospital Iturraspe, donde hoy es Jefa de Enfermería del Servicio de Neonatología e integra el Comité de Lactancia. “Mi experiencia hoy me ayuda a tener empatía con esas mamás primerizas a las que les cuesta prender a su bebé”, reflexionó.

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Ya con su segunda hija era una mamá trabajadora; así y todo pudo prolongar la lactancia. Destaca que ese es uno de los desafíos del comité que integra y el momento donde “más hay que insistir” para sostener la lactancia exclusiva. “Hay que extraer la leche y fraccionarla sin cortar la cadena de frío porque es un tejido vivo. En la heladera dura 48 a 72 horas y en el freezer 6 meses”, explicó y habló de la importancia de los lactarios en los lugares de trabajo donde las puérperas pueden extraer la leche y guardarla para luego almacenarla en su casa.

“Eso fue lo que hice con mis otros tres hijos cuando conocí un poco más. Así pude seguir con la lactancia para beneficio de ellos, mío, de mi familia y para el de la sociedad en general, porque retomar la cultura de amamantamiento trae a una población de niños más sanos”, concluyó.

Claudia Pontoni junto a sus hijos Máximo (15), Fabricio (11) y Lucio (8).

Claudia Pontoni tenía 28 años cuando fue mamá por primera vez de Máximo, que hoy está a días de cumplir 16. Fue con ese primer embarazo que conoció en Rosario a un grupo de mujeres que, cuando ella estaba concentrada y pensando solo en el parto, le hablaron por primera vez de lactancia. Se trataba de integrantes de la Liga de la Leche Argentina, organización a la que una vez radicada en Santa Fe decidió integrar y así formar un grupo local para ayudar a otras mamás. ”Cuando una está embarazada todo lo enfoca al parto, se olvida de otras cosas y mal que mal se trata de un momento que de alguna forma va a pasar; mientras que la preparación debería ser para la maternidad, enfocada a la lactancia y crianza”, reflexiona hoy a la distancia y destaca la importancia de informarse.

“Por suerte” su experiencia al momento de dar la teta fue “buena” con sus tres hijos – Máximo, Fabricio y Lucio – a quienes amamantó hasta un poco más de los dos años. Si bien reconoce que las primeras succiones de sus bebés -hoy ya grandes con 15, 11 y 8 años- pudieron ser algo molestas, insiste en que “no tiene que doler”. “Si la lactancia duele es porque el bebé está mal prendido y hay que buscar ayuda”, sentenció.

“Somos mamíferos y por lo tanto toda mamá puede amamantar”, es la regla principal para Claudia a la hora de hablar de lactancia. La segunda: “Succión es igual a producción”. Pero la tercera es un poco más relativa: “2 + 2, no es 4; es prueba y error, y la mamá tiene que elegir lo que más le sirve”.

En esta línea, Claudia aclara que si una mujer “decide no dar la teta por algún motivo” no tiene que sentirse presionada o juzgada. “Cada uno hace lo mejor que puede en cada momento. Hay que sacarse las culpas de encima y saber que siempre se puede buscar ayuda para disfrutar de la lactancia a pesar de los problemas”, aconsejó.

Nadia Stuk con sus hijos mellizos Aukan y Nehuen

A Nadia Stuk “no le quedó otra” que prepararse para la maternidad cuando se enteró que estaba embarazada y que no era solo de uno, sino de dos pequeños que nacieron hace poco menos de dos años: Aukan y Nehuen.

“Eran dos y no sabía qué hacer”, contó. Así fue como durante su embarazo se unió a un grupo de actividades y acompañamiento a futuras mamás. Conoció otras experiencias y comenzó una preparación guiada por doulas que la acompañaron durante todo el proceso. Incluso tras la cesárea necesaria y respetada que le practicaron en el Hospital Iturraspe, a pesar de que ella se preparaba para un parto natural que no pudo ser por problemas de salud. “Cuando nacieron, a los bebés se los dieron a mi compañero y cuando terminó la cesárea me llevaron a la pieza y ahí estaban ellos y con ayuda de mis doulas los melli se prendieron a mi pecho”; esa fue su primera experiencia de amamantamiento.

Si bien Nadia estaba acompañada y asesorada en la prendida de los bebés al pezón, los pequeños que nacieron en la semana 36 no tenían la fuerza suficiente, sus bocas eran chica y no llegaban a la “prendida perfecta” y eso le provocó lastimaduras. “Tuve grietas y eso me dolía, pero hice tripa corazón”, dijo Nadia y siguió las recomendaciones de sus doulas para curar las lastimaduras sin dejar de amamantar.

Los mellizos tomaron “teta a libre demanda” y a costa de su mamá que tiene la posibilidad de trabajar desde su casa, disfrutando a la par la crianza de sus hijos. “Yo era una teta, literal”, dijo la mujer que reconoce que todo su tiempo debió estar dedicado a los pequeños durante los primeros meses. Todavía recuerda el dolor de las grietas, el cansancio y la angustia de ese “estar todo el tiempo” dispuesta.

Para ella fue muy importante estar acompañada de su pareja, de mujeres idóneas y del conocimiento sobre la maternidad. A meses de su parto decidió formarse para ayudar a otras mujeres con su experiencia. Hoy continúa dando la teta a sus hijos -que ya ingieren alimentos desde los siete meses- y es doula para ayudar a mamás a “atravesar el dolor”. “Por más que en algunos momentos dolía, yo sentía esa sensación de plenitud. Muchas veces la mente corta canales hormonales y si uno se relaja llega la recompensa. Hay que pasarla y para eso es necesario tener apoyo. El hecho de ver a otra persona reflejada en lo mismo es muy importante”, destacó.

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