En este día donde las mujeres rememoramos la búsqueda constante de una sociedad más justa, es importante destacar a las activistas feministas que lucharon incansablemente en la conquista de los derechos civiles que, si bien hoy los vemos comunes, fueron un gran desafío para la época.
Vanguardista y revolucionaria desde muy joven, Alicia Moreau tuvo la claridad mental para imponer sus ideas innovadoras que se veían como inadecuadas y promiscuas en una sociedad con principios totalmente patriarcales y a los cuales jamás se les hubiera ocurrido una equidad para con el otro género.
Quién fue Alicia Moreau de Justo
Nacida en 1885 en Inglaterra, en el seno de una familia atravesada y comprometida con los principios de la Comuna de París, Alicia llegó a Argentina con tan sólo cinco años luego de vivir en otros países europeos en busca de un refugio acogedor.
Su padre fue el encargado de inculcarle la lectura y la disciplina en el estudio, ya que era propietario de una librería, hasta que finalmente su pasión por el conocimiento y la literatura le llevaron a plasmar sus ideas en dos obras: “Evolución y educación y “La mujer en la democracia”.
Transgresora y pionera
Se autodefinió como una luchadora, progresista y feminista de la igualdad. Tal es así que pasó sus cien años de vida inserta en la política del país que se encargaba de hacer a un lado a las mujeres. Para algunos historiadores, se adelantó al siglo XXI.
Una de las primeras feministas -en tiempos que gritar por quienes no tenían voz estaba mal visto y era castigado-, defensora y proclamadora de los derechos humanos, personificó su lucha mediante la política, la educación, el periodismo y la salud.
En 1907 participó del Congreso Feminista del Comité Pro- Sufragio Femenino hasta que finalmente ese mismo año tomó otra decisión extraña para la época: comenzó sus estudios de Medicina en la universidad, donde se consideraba “que no eran lugares para nosotras”, y en una sociedad que se conformaba con la simpleza de una mujer hogareña.
Finalmente en 1914, Alicia se recibió con diploma de honor y se convirtió en la segunda mujer médica del país. Siempre del lado de las mujeres, y sobre todo de quienes menos tenían, la revolucionaria Moreau comenzó su especialización en ginecología y se encargó de atender a las mujeres que los hombres ginecólogos de la época dejaban a un costado: trabajadoras sexuales, mujeres de bajos recursos y víctimas de violencia doméstica.
Como escritora realizaba publicaciones dirigidas a las clases populares, donde reclamaba por los derechos humanos y a su vez escribía sobre educación y política en la Revista Socialista Internacional.
Fundadora de la Unión Feminista Nacional, junto con grandes figuras como Alfonsina Storni, y creadora del Comité Femenino de Higiene Social para combatir la Prostitución, en 1920 decidió adherirse al Partido Socialista donde integró el Consejo Directorio y más tarde impulsó la formación de las agrupaciones feministas y de bibliotecas, lo que posteriormente la llevaría a contribuir en una lucha que se cargó en su espalda: el sufragio de las mujeres.
El voto femenino
Si bien el voto femenino se promulgó el 23 de septiembre de 1947, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, Alicia Moreau fue quien tuvo la iniciativa y una de las grandes militantes que luchó incansablemente por el derecho al sufragio.
En 1932 preparó un proyecto de ley, que fue presentado por Mario Bravo -perteneciente al Socialismo- para que el voto sea de todos y todas, y si bien lo aprobaron en la Cámara de Diputados, fue rechazado en la de Senadores.
Entre las victorias que hoy celebramos, la primera feminista también militó los derechos laborales de las mujeres, el divorcio vincular, la patria potestad compartida entre madre y padre, y que todos los hijos de una familia sean iguales ante la ley.
Con 100 años y en 1986, Alicia falleció tras una larga lucha por la reivindicación de nuestros derechos. Abrió un camino, lo transitó, allanó y finalmente logró la conquista de derechos que las mujeres hoy tenemos como bandera.
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