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Tras cinco años de lucha, el Bachillerato de la Vuelta del Paraguayo ya es escuela oficial

Luego de un censo en 2014, los integrantes del Proyecto Revuelta pensaron en un proyecto popular para brindar herramientas educativas a la gente del barrio. En 2015 empezaron ese camino y en 2019 obtuvieron la autorización del Ministerio de Educación y ya pueden imprimir sus propios títulos de Empa.

Justo al final de la única calle de tierra que atraviesa el barrio La Vuelta del Paraguayo se erige un edificio blanco con colores, frases y dibujos que evidencian el espíritu y la misión del Bachillerato de Educación Popular. Palabras como revolución, revuelta, fuego, lucha, resistencia, pasión, resuenan en la fachada y en la historia de la institución. La convivencia constante con la crecida del río hizo que la Casa de los Talleres sea construida unos metros elevados del piso. Es, por lo tanto, una de las edificaciones más altas en el barrio, lo que hace que su presencia se imponga desde varias cuadras atrás.

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Una defensa conecta a la puerta de atrás del Bachillerato con la calle principal. Se construyó en 2015 -al igual que la casita- con el objetivo de que el agua nunca sea un impedimento para llevar adelante un taller, una clase o una asamblea. No son escaleras, es una rampa la que une ese camino elevado con la puerta. En el interior del aula -donde desarrollan sus clases de Sociales, Matemáticas, Naturales, Artes y Tutorías de lunes a viernes los estudiantes del segundo año- los carteles con frases evidencian sus luchas: “Fuerza Chile”, “Vivas y libres nos queremos”, dicen algunos; mientras que uno muy particular grita “dejá tu mente volar, flashear”. Es el que confeccionó Noelia, una de las estudiantes y madre de seis niños, amante de contar y escribir historias. Sueña con recibirse del Bachillerato el próximo año y después estudiar Letras.

Un día llegué, me dieron hojas y lápices y nunca más me fui

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Los carteles del interior de la Casa de los Talleres.

Los carteles del interior de la Casa de los Talleres.

Junto a ella, a segundo asisten siete estudiantes más. Andrea va con dos de sus cinco hijos: Rocío, mamá de un pequeño, y Juan, que a pesar del cansancio de los días de trabajo llega a las clases siempre un rato más tarde. Está remodelando la casa de Alto Verde a la que se va a mudar toda la familia. “Pero al Bachi vamos a seguir viniendo, obvio”, aseguran. Romina se toma dos colectivos desde barrio Loyola. Samuel es más tímido y no suele hablar de su historia pero al igual que Noelia y Romina, llegó al Bachillerato por la invitación de José, otro de los chicos de segundo.

Más que compañeros, más que educando-educador, los chicos de segundo año y sus profesores Daniel y Silvina son una familia. Personas que hace unos dos años el Bachillerato los atrajo y los atrapó. “Un día llegué, me dieron hojas y lápices y nunca más me fui”, contó Noelia. Cuando cada uno de los profes llega a su casa, se siente satisfecho con la tarea que realizó: “Sentimos felicidad y ganas de no irnos nunca porque queremos seguir haciendo esto”, reflexionaron.

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De izquierda a derecha en la foto posan Silvana y Daniel (docente), Romina, Andrea, Rocío, Noelia, Florencia, Samuel (alumnos) y Darío (graduado del Bachillerato y portero)

De izquierda a derecha en la foto posan Silvana y Daniel (docente), Romina, Andrea, Rocío, Noelia, Florencia, Samuel (alumnos) y Darío (graduado del Bachillerato y portero)

A pesar de las diferentes historias, todos tienen algo en común: desde que llegaron al Bachillerato no se fueron nunca más. “Vine a probar porque me invitó José y nunca más me fui”, repitieron Noelia, Romina y Samuel. Darío es graduado y portero del lugar, desde que ingresó por primera vez a la casa de los talleres hubo un antes y un después en su vida: ni terminando tercer año pudo dejar de ir. “Es mi segunda familia”, reflexiona cada vez que piensa en el lugar. Es de la primera camada de graduados del bachillerato, es decir que fue una de las cinco personas que se anotaron en 2015 cuando el bachillerato comenzó a andar.

Una llama que creció

La iniciativa nació en 2014 tras las demandas del barrio que se visibilizaron en un censo realizado por la agrupación Revuelta. La joven Nube Taleb fue parte del grupo que pensó en la -al principio loca- idea de poner una escuela en, de y para la Vuelta del Paraguayo. “No necesitábamos un Empa, sino algo que se adapte a las demandas del barrio”, aseguró en una entrevista con Aire Digital y contó que investigando sobre otras organizaciones en Argentina, descubrieron que todas arrancaron con la crisis de 2001 pero luego se transformaron en herramientas de resistencia de los barrios o sectores más olvidados por el Estado.

No necesitábamos un Empa, sino algo que se adapte a las demandas del barrio

La necesidad del barrio primó y no se reclamó la construcción de un Empa, sino que nació un proyecto popular. “En el barrio no entran colectivos, tenés que caminar hasta el Club Excursionista. Las escuelas públicas más cercanas están en Alto Verde o El Pozo que tienen complicaciones con los cupos y, además, la gente del barrio no puede salir cuando llueve”, contó Nube y remarcó que “fue una decisión política”.

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En un principio la idea no fue muy aceptada, pero hubo quienes apostaron al Bachillerato como una forma de darle reconocimiento al barrio. Si bien la iniciativa dista de lo que la educación “normal” busca, desde el inicio procuraron por el reconocimiento oficial del Estado. Lo lograron tras cinco años de crecimiento, experimentación y lucha.

En la Vuelta del Paraguayo las clases empezaron en 2015 en una sala que prestó la capilla hasta que terminaran de construir la Casa de los Talleres. En junio de ese año recién pudieron trasladarse a su propio edificio. “El primer año nos dirigimos al Ministerio de Educación para contarles nuestra propuesta, pero era difícil que la entiendan”, señaló Nube. Les ofrecieron otro tipo de instituciones académicas pero los miembros del Bachillerato no se resignaron ni bajaron la bandera de la Educación Popular. Decidieron continuar con la experiencia durante un año, para volver al año siguiente con un proyecto redactado y con experiencias concretas para mostrar.

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La defensa que une la puerta de la Casa de los Talleres a la calle principal del barrio.

La defensa que une la puerta de la Casa de los Talleres a la calle principal del barrio.

Al año siguiente se dio en la ciudad una de las crecidas más fuertes que duró desde finales del 2015 hasta septiembre de 2016, pero el bachillerato nunca dejó de funcionar. Donde estaba la gente de la Vuelta del Paraguayo, allí estaban también los educadores. Los vecinos del barrio se instalaron a la vera de la ruta 168 con casillas que brindaba el Estado y con carpas armadas por ellos mismos.

“Nos ubicamos con los vecinos que se llevaron materiales y armaron sus propias casas porque las que les daba la Municipalidad eran imposibles para vivir”, contó Nube. Además, señaló: “Las relaciones que entablamos con el Estado siempre fueron muy complejas en épocas de inundación, nos amedrentan mucho porque quieren que nos vayamos de ahí. Para ellos el barrio es inundable y por eso hay que dejarlo, pero para nosotros se trata de una cuestión de identidad”.

En un principio la idea no fue muy aceptada, pero hubo quienes apostaron al bachillerato como una forma de darle reconocimiento al barrio.

A pesar de la crecida, los libros, los aprendizajes y los conocimientos no se quedaron quietos y todos los días a partir de las 18 emergían al costado de la ruta. Pero además, la tarea era triple: fue necesario armar el Proyecto Educativo en esas condiciones. El objetivo de ese año era terminar el proceso burocrático de conformar la Asociación Civil porque ya en 2017 egresarían los primeros estudiantes del Bachillerato.

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La biblioteca del Bachillerato de Educación Popular.

La biblioteca del Bachillerato de Educación Popular.

A partir de mayo de 2017, cuando el proyecto ingresó en el Ministerio de Educación, todos los días los miembros del Bachillerato iban a “tocar puertas” al ministerio. “El proyecto pasó por todas las instancias y se detuvo en Secretaría de Educación, que es el lugar donde se debía definir si nos autorizaban o no”, recordó Nube. Terminaba el año y no tenían ninguna respuesta. En octubre decidieron hacer una Jornada Educativa-Cultural en la que mostraron todo lo que habían logrado con el Bachillerato. Con fotos, clases públicas y diversidad de voces al megáfono se movilizaron y dieron una conferencia de prensa frente al ministerio.

Si bien en las negociaciones se gana, también hay algo que se pierde: ese día la gente del Bachillerato consiguió los títulos para los primeros egresados pero fueron emitidos por otra escuela. Durante una semana los estudiantes se sometieron a dos exámenes por día que poca relación tenían con los contenidos y los métodos del Bachillerato. Sin embargo, todos aprobaron exitosamente.

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Las autoevaluaciones del Bachillerato se toman al final del primer y segundo cuatrimestre.

Las autoevaluaciones del Bachillerato se toman al final del primer y segundo cuatrimestre.

Era un gran paso, pero solo eso, porque la conquista mayor aún estaba lejos. La ley Nacional de Educación contempla tres tipos de escuelas: de gestión pública, privada y social. Sin embargo, la ley provincial sólo contiene dos, dejando de lado la gestión social, en la que el Bachillerato de la Vuelta del Paraguayo se enmarcaría perfectamente. Cuando en 2018 presentaron sus propios modelos de exámenes, desde el Ministerio les aconsejaron que comenzaran a hacer los trámites por medio de la “gestión privada, con características de gestión social”.

Los miembros del Bachillerato no se resignaron ni bajaron la bandera de la Educación Popular

“Comenzamos nuestro camino por lo privado, que tiene un montón de condiciones que eran más difíciles de cumplir, pero no teníamos otra opción porque la ley no se iba a modificar”, sostuvo Nube. Recién en 2019, una nueva batalla fue ganada: este año se graduaron los primeros egresados del Empa N°3190 Bachillerato Popular de la Vuelta del Paraguayo. Con un edificio más con dos aulas para los estudiantes de primero y tercer año, el Bachillerato obtuvo la autorización del Ministerio de Educación.

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Una clase del segundo año del Bachillerato de Educación Popular.

Una clase del segundo año del Bachillerato de Educación Popular.

La lucha no concluyó, porque ahora van por una ley que los reconozca como lo que verdaderamente son: una escuela de gestión social que “comparte más características con la educación pública que con la privada, como la gratuidad, la universalidad, la laicicidad y el libre acceso”. Enviaron un proyecto a Diputados en el que colocaron punto por punto cómo sería la gestión social y, luego, se enteraron que en la ley general que actualmente se discute usaron su misma letra.

Recién en 2019, una nueva batalla fue ganada: este año se graduaron los primeros egresados del Empa N°3190 Bachillerato Popular de la Vuelta del Paraguayo.

Los integrantes del Bachillerato sueñan con una dependencia aparte para la gestión social que cuente con un director y un concejo que tenga representantes legales, docentes y estudiantes. Las decisiones se tomarían en las asambleas del concejo y, si son necesarias, en reuniones extraordinarias. El profesor que piensan para su modelo es uno militante, que participe en la construcción colectiva. No se niegan al sueldo docente porque puede ser una herramienta útil para incentivarlos pero el objetivo de su labor va más allá de la remuneración.

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El edificio que adquirió este año el Bachillerato, donde se desarrollan las clases del primer y segundo año.

El edificio que adquirió este año el Bachillerato, donde se desarrollan las clases del primer y segundo año.

“Nos quisieron encasillar desde el principio como educación informal pero lo que buscamos verdaderamente es disputar el sentido educativo”, dijo Nube con voz combativa. Es que así se gestó la historia del Bachillerato, al calor de la lucha, del esfuerzo de personas convencidas de que el aprendizaje es más que sentarse y escuchar al docente hablar por horas.

Nos quisieron encasillar desde el principio como educación informal pero lo que buscamos verdaderamente es disputar el sentido educativo Nos quisieron encasillar desde el principio como educación informal pero lo que buscamos verdaderamente es disputar el sentido educativo

Hace cinco años que desde las 18 a las 21 la educación popular se adueña del barrio. “Todos saben que la gente que entra de afuera viene a las clases sobre esa hora”, contó Paula Gonzálvez, una de las educando del Bachillerato. Actualmente son unos 15 estudiantes en total, pero para 2020 la ilusión de los miembros del Bachillerato es grande. Empiezan a transitar el primer año con la tranquilidad de dictar sus propias normas. Sueñan con ganar más batallas: tal vez la autorización del Estado abra caminos o, quizás, tengan que seguir creándolos ellos mismos -porque la lucha es su esencia- pero de ahora en más será con el respaldo legal necesario.

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