Museo Bucci: la historia de los pioneros santafesinos del aire y la velocidad

En un antiguo almacén de ramos generales están expuestos algunos de los autos que hicieron historia a más de 150 kilómetros por hora en los caminos rurales de la provincia y uno de los primeros aviones que levantaron vuelo en Santa Fe.

POR GASTÓN NEFFEN

¿Domingo Bucci era el piloto más rápido de la Argentina hace un siglo? Seguro era uno de los más veloces, porque se cansó de ganar carreras en Rafaela, Esperanza y Santa Fe -con sus “Hudson” - en una era temeraria en la que los pilotos corrían a más de 150 kilómetros por hora en caminos de tierra, sin casco ni cinturón de seguridad.

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También fue un pionero de la aviación. Con un motor Bleriot que trajo desarmado en barco de Italia en 1913, armó un avión que hacía una ruta aérea singular: Zenón Pereyra-Morteros. Su historia y la de su hijo Clemar -que fue piloto de Fórmula 1- la cuentan en el Museo Bucci, que funciona en un antiguo almacén de ramos generales en Zenón Pereyra, a 130 kilómetros de Santa Fe.

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“Domingo se bajó del avión porque se lo rogó su esposa, porque ya se había caído varias veces”, le contó a AIRE Adriana Gieco, coordinadora del Museo Bucci. Un siglo más tarde, sorprende que este rústico armazón de “fierros” y madera –que está colgado del techo del museo- haya levantado vuelo y recorrido los 100 kilómetros que hay hasta Morteros.

Pero el destino de Domingo era la velocidad y cuando se bajó del avión aceleró a fondo en su otra pasión: el automovilismo. Con los autos que armaba en su taller –con motores Hudson- corrió las legendarias carreras que se hacían en los caminos de tierra que delimitan los “cuadrados” de los campos santafesinos y siguió por medio país.

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Iba a más de 150 kilómetros por hora sin cinturón de seguridad –como el resto de los pilotos- y con un gorro de tela y solo con unas antiparras para evitar que el polvo y los bichos se le metan en los ojos. En una vitrina del museo están los “elementos de seguridad” que usó su hijo Clemar dos décadas más tarde cuando corrió con Fangio en Europa: gorro de lona, antiparras y guantes.

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La carrera y los títulos que logró Domingo se pueden repasar en la página web del museo. Muere en Arrecifes (Buenos Aires) a los 39 años al embestir un auto que estaba parado en el camino y que no pudo ver por el polvo.

Sus hijos heredaron sus pasiones: Rholand se destacó como mecánico y Clemar fue uno de los pilotos más importantes de la Argentina. Arrancó con un Midget en 1938 y escaló las distintas categorías del automovilismo nacional hasta que ganó el campeonato argentino en 1947.

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Es el primero que se va a correr a Europa y en su primera carrera en la Fórmula 1 maneja un Maserati de la escudería Milán de Italia. También corre en Montecarlo, San Remo, Berna y Monza, entre otras competencias. Comparte la era Fangio y cuando se retira funda una empresa de autopartes con su hermano Rholand.

Los Bucci crearon su propia escudería y diseñaron autos innovadores. En el museo hay dos ejemplos: el Dogo (1970) y el Bucci Especial (2013), que Clemar empezó a diseñar a los 87 años, cuando quedó atrapado por una tormenta en Miami.

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Con su hijo (Clemar Jr.) en el 2001 hacen réplicas a mano –que también están en el museo- de los Mercedes-Benz SLR Flecha de Plata de 1955, con carrocería de aluminio y chasis tubular.

Los que se peguen una vuelta por el museo, pueden aprovechar para recorrer los hermosos terrenos ferroviarios de Zenón Pereyra -que ahora son un enorme espacio verde- y hacer el circuito de los símbolos que dejó la masonería en las antiguas casonas del pueblo.

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